Tiene que ver con mi vida...

Los seres humanos vivimos gracias a esquemas de vida,

que pensadores, o también personas sencillas, nos transmitieron.

Esquemas que condicionan, a veces positivamente y otras veces no, los comportamientos y los pensamientos de las personas.

Gracias a estos esquemas nadie se tira al aire y mueve los brazos

con esperanza de volar; ya sabe que de esta manera caería al piso. Consecuencia de todo esto es la presencia de algunas

"leyes generales" que aunque no sean predicadas,

condicionan el pensar y el actuar. 

Una de estas leyes que se impuso en nuestra cultura es, justamente, la experiencia.

Estamos en un tiempo en que, las cosas para que sean verdad,

tienen que pasar por nuestros sentidos, tienen que convencer,

de alguna manera, más allá de nuestro intelecto,

tienen que llegar al ser y no solamente a mi conocer.

Es más, algunas corrientes llegan a decir que lo que no pasó

por la experiencia concreta y personal,

no pertenece por completo a mí, por tanto, no es verdad.

Quizás un ejemplo pueda ayudar: supongamos que aparezca

un desconocido, trayendo consigo un tratado, en el cual

está contenido un largo estudio acerca de la "timbautí",

un fruto que fue descubierto hace poco tiempo. En dicho tratado,

están muy bien explicadas todas las características de la especie:

la semilla, el tamaño, el tiempo en brotar, su floración y sus frutos,

el sabor que tiene y cómo se presenta...

En la cultura actual, todo esto sirve de poco:

más valdría llegar con el fruto en la mano, partirlo y darlo a probar...

después se puede hacer el discurso contenido en el tratado,

porque ya se sabe de qué se trata.

La experiencia del sentido de la vida anda por el mismo camino.

Este sentido necesita ser compartido; 
tanto es así que nos apoyamos en el sentido de vida de todos los que nos empujan y nos ayudan

a encontrarlo. Si aplicamos esto al tema de la evangelización,

ya es tiempo de rever nuestros grandes proyectos,

que terminan por involucrar a todos en el mismo esquema.

Se lee la Palabra de Dios como si fuera el tratado del "timbautí"

sin hacer que la gente coma del fruto.

Jesús, antes de ser un lindo proyecto teórico, tiene que ser conocido, tiene que tocar mi vida, mi realidad; necesito saber de qué se trata. Así llegará a ser el sentido de toda mi vida.

Todo eso se dio como presupuesto en la catequesis. Nunca hubo

tantos métodos de enseñanza, recursos tecnológicos,

libros y reflexiones lindas acerca de la fe y de Jesús. 

Sin embargo,

no siempre se logra que las personas experimenten este apasionamento por Cristo. 


En el año de San Pablo,

redescubrimos en él una de estas personas, que con su vida

experimentó a Jesús como a aquel que "me amó y se entregó por mí" y no por el montón. 

Sólo así Jesús tiene que ver con mi vida,

y la llena de sentido.

Fernando Luiz

 

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