EL APOCALIPSIS

La "revelación" de esperanza

El Apocalipsis fue escrito por Juan (o quizás por un discípulo del apóstol del mismo nombre) condenado al exilio en la isla de Patmos. Es un mensaje a las comunidades de Asia Menor, no para atemorizarlas, sino para darles esperanza en el momento de la persecución que se desencadenaba contra ellas. El nombre Apocalipsis, no es sinónimo de cataclismo o catástrofe como muchos piensan, y su objetivo no es hablar del fin del mundo sino "revelar" el sentido de la Historia, dando esperanza de que la fe cristiana triunfará al final contra los poderes del mal.

El contexto histórico

En el Imperio de Roma había diversos pueblos, cada uno con su religión y sus "dioses". Los emperadores permitían el culto de todos ellos, pero exigían a todos el culto al emperador, al que llamaban "Augusto" que era un título divino. También lo llamaban "Kyrios", otro título divino, que en griego significa Señor. Tanto los cristianos como los judíos se negaban a darle este título al emperador. Y tanto unos como otros fueron perseguidos. En la época del emperador Nerón (año 66) se les negó mediante un edicto la posibilidad de existir y se les declaró enemigos del Imperio y "ateos", ya que no creían en los dioses. Nerón les echó la culpa del incendio de Roma que destruyó gran parte de la ciudad en ese año. La mayoría de los cristianos eran pobres, judíos convertidos, esclavos y trabajadores manuales.

Luego de la muerte de Nerón pareció que la persecución había terminado; no se revocó su edicto pero no se organizaron persecuciones abiertas. En el año 88 surge un nuevo emperador, Domiciano, que volvió a organizar la persecución contra los cristianos que según él ponían en peligro su autoridad.

 

¿Quién escribió este libro?

Su autor dice llamarse Juan y parece ser el animador de 7 Iglesias de Asia Menor (Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Filadelfia, Laodicea, Esmirna, y Sardes), que en el libro reciben el mensaje del Señor Jesús por boca del vidente. Juan era como el obispo de estas comunidades, una especie de ministro que las supervisaba y trataba de crear lazos de fraternidad entre ellas.

Muchos identifican al autor con Juan el Evangelista, en base al testimonio de algunos Padres Apostólicos. Particularmente Papías identifica al autor de este libro, compuesto en plena persecución de Domiciano, con el apóstol Juan.

El estilo no es del todo similar al del Evangelista, pero hay rasgos teológicos que lo vinculan a los demás escritos joánicos.

Apocalipsis significa "Revelación" en griego. Así comienza el libro: "Revelación de Jesucristo. Dios le confió esta revelación, para que comunicara a sus servidores lo que ha de suceder pronto" (Ap 1,1).

El género literario no es estrictamente narrativo como en el caso de los Evangelios, sino que utiliza símbolos y visiones proféticas. Éstas poseen un significado oculto que los que eran destinatarios manejaban. Es que estos símbolos que se utilizan eran conocidos por los cristianos de la época. Son muy similares a los encontrados en las visiones del libro de Ezequiel el profeta o de Daniel, que se encuentran en el Antiguo Testamento, y formaban parte de los símbolos del mundo judeocristiano de la época. Este género es clasificado como "género apocalíptico".

Algunos interpretan literalmente las imágenes simbólicas del Apocalipsis y calculan la fecha del fin del mundo tomando al pie de la letra las descripciones que incluyen animales monstruosos, números misteriosos y flagelos. El lenguaje es simbólico, y los símbolos deben ser interpretados para descubrir el mensaje que encierran.

 

¿Qué significan las bestias y los otros símbolos?

En los capítulos 12 y 13, se describe la lucha entre la Iglesia y el Imperio Romano. La Iglesia está simbolizada por una mujer que da a luz a un niño. Este niño es Jesús.

La mujer es a la vez el Pueblo de Israel, del cual salió Jesús. Está vestida de sol, con la luna bajo sus pies. María, figura de la Iglesia y madre de Jesús está también representada en este símbolo.

Pero esta mujer también es la Iglesia, el nuevo Israel. A ella se le dan alas, para que escape del dragón rojo de 7 cabezas y 10 cuernos que la quiere destruir. Este dragón es el demonio, que con su cola arrastra y hace caer a varias estrellas del cielo. Del mar sale entonces una segunda bestia espantosa con 7 cabezas y 10 cuernos, y un cuerno que habla y profiere insultos contra Dios y contra su pueblo.

Luego, de la tierra surge una tercera bestia, que parece un Cordero (imagen con la que es presentado Cristo en el capítulo 5) pero su voz es de dragón y trata de hacer que todos adoren a la bestia hija del dragón, cuyo número es 666.

Aclaremos: todos los números que aparecen en el libro son simbólicos y no representan cantidades reales.

El número 7 es el número de la perfección: es la suma del 3, el número de Dios (La santísima Trinidad) con el 4, el número del cosmos, que en aquella época se creía constituido por cuatro elementos (aire, agua, fuego y tierra). Así que el 7 repetido tres veces sería el número de la perfección y la plenitud. El número 6 es el número de la imperfección y el 666 es el número del demonio, que intenta hacerse adorar por los hombres para reemplazar a Dios.

El mar es el símbolo del mal, del caos y la confusión. La bestia es el Imperio Romano que recibe su tremendo poder no de Dios sino de Satanás, pero su tiempo es limitado. Tiene todo el poder político (7 cabezas) y sin embargo aunque su poder es grande (10 cuernos) no es pleno ni perfecto.

En cambio, Cristo Resucitado que es representado en la figura de un Cordero "sacrificado pero de pie" tiene 7 cuernos y siete ojos. Todo lo ve, y es todopoderoso.

El libro en todo su detalle nos habla de que el Imperio Romano, llamado "la Bestia", la "Gran Prostituta" o "Babilonia la Grande" está destinado a caer y Jesús y la Iglesia, triunfarán al final. Esta victoria no será fácil, por eso hay que mantenerse firmes a pesar de la persecución, porque la perseverancia de los fieles será recompensada por la Vida Eterna en la Nueva Jerusalén, imagen del Reino de Dios.

Las naciones serán juzgadas y los que libremente se hayan opuesto al Señor y a su Palabra serán castigados en el "lago de fuego" que es la muerte eterna (Caps. 19 y 20).

Dios es el verdadero Señor de la historia, y no el emperador de Roma.

También hay referencias al sentido del Antiguo Testamento, y a las plagas de Egipto que fueron empleadas por Dios para liberar a su Pueblo. Estas imágenes en que aparecen plagas, ángeles que anuncian el juicio de Dios y castigos a la Bestia y a su Imperio, no son más que advertencias de que los que hoy persiguen al Pueblo de Dios no podrán escapar del juicio del Señor y pagarán por sus crímenes. La Comunidad Cristiana podrá no sólo sobrevivir sino cumplir con su misión de predicar el Evangelio de Jesús a las naciones.

 

Un mensaje de esperanza

Jesús es llamado el "Verbo de Dios", "El Cordero", "el Testigo Fiel" y "El viviente", porque estuvo muerto y ahora vive para siempre. También es llamado el Alfa y la Omega, porque es el Señor de la Historia.

Él es el único que puede des-velar (quitar el velo) al sentido pleno de las Escrituras y del Plan de Dios para salvar a la Humanidad (5,6-10).

"Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía. Vi también bajar del Cielo y enviada por Dios a la Nueva Jerusalén, la Ciudad Santa. Estaba engalanada como una novia, que se adorna para recibir a su esposo. Y oí una fuerte voz que salía del Trono y que decía: Esta es la morada de Dios con los hombres. Estará para siempre con ellos, ellos serán su pueblo y Él será su Dios. Él enjugará las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá más muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido" (Ap 21,1-4). El Apocalipsis no es un libro para asustar. Es un hermoso y poético mensaje de esperanza, para conocer y leer con fe.

Eduardo Ojeda