ARGENTINA

"Argentina: país de misión"

El arzobispo emérito de Resistencia, Carmelo Giaquinta, afirmó que "Argentina es un país de misión porque si no somos evangelizados en profundidad, mal podremos evangelizar a otros pueblos".

El arzobispo en su pronunciamiento se pregunta: "¿Por qué los católicos dejan la Iglesia? ¿Qué ha sucedido para que la incredulidad crezca en países considerados tradicionalmente como católicos? ¿Por qué se pasa a otros movimientos religiosos? ¿Esto es debido tan solo a fenómenos externos a la Iglesia?

Hasta hace poco se responsabilizaba al imperialismo norteamericano que fomentaba las sectas para dividir a América Latina y así dominarla más fácilmente.

¿No habrá en nosotros, fieles y pastores, alguna falla en la vivencia cristiana y en la comunicación de la fe que induzcan a estas defecciones? La gente sincera que sale de nuestra Iglesia y se va a esos grupos, no lo hace por lo que ellos creen, sino por como ellos viven. Es un problema que merece ser examinado a fondo.

La defección de los católicos es fomentada de muchas maneras: por el formalismo religioso, la banalización de la pastoral popular y de la devoción mariana, la falta de preparación para la predicación y la catequesis y sobre todo el olvido del mandato de Jesús: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos".

"A la Iglesia por su parte, añade Giaquinta en otra intervención, no le es fácil ser libre de todo privilegio temporal adquirido a lo largo de la historia.

Tampoco le es fácil asumir una situación cultural nueva, que no es más la de la cristiandad. Estamos en un mundo pluralista al extremo, donde falta incluso un lenguaje común".

El espíritu católico de la inmensa mayoría de los argentinos se mantiene vigente, con comunidades cristianas vivas y dinámicas, pero en las últimas encuestas se advierte que el número de los católicos en el país disminuyó al 76% en los últimos años y la Iglesia tiene menos de la mitad de los sacerdotes que necesita.

"Hay una especie de éxodo de gente que va a engrosar los grupos evangélicos libres y las organizaciones religiosas de características sectarias", declaró el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer.

"Se está blanqueando una situación congénita ya que antes el 95% eran católicos, pero no se los notaba. Es urgente procurar más formación para que crezca la calidad de la profesión de fe", afirmó.

 

MARCHA

DE LOS EXCLUIDOS

El 17 de octubre salió desde La Quiaca (Jujuy) la marcha conocida como "El Grito de los Excluidos" que recorrió 300 kilómetros hasta la capital, San Salvador, para llevar a la gobernación y a los diputados "el grito de dolor y cansancio" de los habitantes de La Puna. Fue convocada por el p. Jesús Olmedo Rivero, párroco de La Quiaca y por la Multisectorial de la ciudad.

El 20 de octubre en San Salvador el p. Jesús Olmedo se crucificó simbólicamente en las escalinatas de la Casa de Gobierno para llamar la atención del gobernador Basilio Barrionuevo sobre los reclamos nunca escuchados en favor de los collas, y de los pobres de las quebradas. Los pedidos eran por trabajo, salud, educación y para que se declare a La Puna, "zona de emergencia social". El p. Jesús Olmedo, hermano del obispo de Humahuaca, dijo haberse crucificado "como un símbolo de las crucifixiones de todos nuestros hermanos ignorados". Los manifestantes, con el apoyo de los obispos de la provincia, declararon que "el hambre ha crecido en nuestra patria, a pesar de producir alimentos que permitirían alimentar diez veces a nuestra población" y lamentaron que los gobernantes provinciales sean sordos a los pedidos y sólo respondan a instancias de presión.