VATICANO

 

Viaje papal a África

 

En el reciente Sínodo sobre la Palabra, el Papa anunció su viaje a África en marzo del año próximo, con motivo del segundo Sínodo Africano que se celebrará en octubre del año próximo en Roma.

El Papa irá a Camerún para entregar el "Instrumentum Laboris" (el documento de trabajo) del Sínodo a todos los obispos africanos y después viajará a Angola para celebrar los 500 años de la evangelización de aquel país.

África es el continente más olvidado y donde se dan hoy los conflictos más sangrientos. También el papa Juan Pablo II había viajado a Camerún en ocasión del primer Sínodo Africano hace 13 años; es un país de mayoría cristiana y los católicos son 5 millones sobre 17 millones de habitantes.

Angola fue el primer país de la África subsahariana en ser evangelizado; los primeros bautismos son del año 1491. La mitad de la población es católica; la Iglesia cuenta con 18 diócesis y 283 parroquias. El Papa quiere ir a este país que sale de una guerra tremenda para solidarizarse con sus esfuerzos de reconstrucción. El viaje papal a África se producirá a los 40 años de la primera visita al continente (en Uganda) de un Papa: Pablo VI. Juan Pablo II estuvo 13 veces en África; el último viaje fue a Nigeria en 1998.

El segundo Sínodo Africano tendrá como tema: "La Iglesia en África, al servicio de la reconciliación, la justicia y la paz". La idea de este Sínodo partió del episcopado africano en los últimos años del pontificado de Juan Pablo II, el cual lo aceptó y el actual Papa después ratificó. Será una continuación del anterior Sínodo celebrado en 1994. Entre los temas que los obispos se proponen estudiar desde el Evangelio para darles una respuesta están los conflictos armados, el desequilibrio entre ricos y pobres, el tráfico de armas, el hambre, los derechos de las minorías, el papel de la mujer, la explotación salvaje de los recursos naturales, los prófugos y refugiados. Según el secretario general del Sínodo, el obispo Nikola Eterovic, la Iglesia quiere ser "una voz profética en el continente" después del crecimiento excepcional que ha tenido en el siglo pasado. A principios del siglo pasado los católicos no llegaban en África a 2 millones; ahora son 154 millones (el 17% de la población africana). Los obispos han aumentado en un 18% desde 1994, y los sacerdotes diocesanos en un 58%.

La práctica religiosa es alta (en algunos países llega al 80%), pero se nota aquí también un divorcio entre la fe y la vida; prueba de ello es lo que pasó en el genocidio de Ruanda y Burundi donde la sangre de la etnia se demostró más fuerte que el agua del bautismo.

El teólogo tanzano Laurenti Magesa recuerda que "hay dos grupos de problemas: el primero es que a la hora de construir el mundo, África ha sido dejada al margen, siendo sólo recordada cuando sus miserias necesitan ser mostradas o explotadas. En el mundo los recursos de la tierra africana son mucho más valorados que su gente; por eso se echa más leña al fuego de los conflictos africanos en vez de pararlos. El segundo grupo de problemas se refiere a los que África tiene en su interior; se necesitan para eso gobiernos y líderes realmente democráticos, transparentes, que respeten los derechos de todos y tengan un verdadero sentido nacional y cultural". Si en el pasado fue América Latina la que marcó los nuevos rumbos después del Concilio, ahora es de esperar que de este continente surja un nuevo rostro de Iglesia universal. El Papa lo ha dicho: "África es la gran esperanza de la Iglesia".