Pbro. MANUEL GIMÉNEZ

 

El gozo de ser discípulos de Jesús

 

El p. Manuel Giménez, sacerdote colombiano experto en catequesis, participó en el 7º Encuentro Temático que ha organizado el Instituto Pastoral de Catequesis (IPC) para la formación de catequistas de Montevideo. El tema elegido fue "La catequesis en un contexto misionero, en y a partir de Aparecida".

¿Cómo poner en marcha la gran propuesta de Aparecida? ¿En qué sentido este acontecimiento cambia a la Iglesia de AL?

Es una gran ocasión para que todos nosotros, creyentes en Jesucristo tomemos conciencia de lo que estamos llamados a ser. Desde el instante mismo en que se convocó Aparecida, se está desarrollando el tema del discipulado. He visto que se ha despertado un interés grandísimo por entender eso que significa ser discípulo de Jesús. Han habido escritos, conferencias, reflexiones… yo creo que hay una clave de lectura importante, porque se trata de redescubrir nuestra condición de bautizados, nuestra condición de discípulos-misioneros. Tal vez no sea la esperanza de grandes acciones o estrategias, sino un volver la mirada sobre nosotros mismos, como redescubrir eso que en el Apocalipsis se dice a las Iglesias: Redescubrir el amor primero. En esto consiste ser seguidores de Jesús; y en este sentido veo un renacer de la esperanza. Se trata de tener una mirada a Cristo y una mirada a la identidad propia; de encontrar lo que estamos llamados a ser, un don maravilloso para los demás…, el tema de la Misión.

 

¿Cuáles son los más grandes desafíos que tiene el tema en el contexto actual?

El contexto actual es completamente abierto, incierto, plural, variado, invita a la convivencia, a la tolerancia, al respeto, a la diversidad. Es un desafío grande a la identidad cristiana, para que tomemos conciencia de lo que estamos llamados a ser. Pero también, hay que reflexionar qué significa identidad, porque algunos que trabajan en estos temas, ven esta palabra como peligrosa, como un encerramiento, como algo sectario, poco disponible a los otros. Nosotros la debemos entender en esa dinámica dialogal, de la relación, la alteridad, la flexibilidad, el aprendizaje del otro, estar junto al otro; darle esa riqueza. Entonces, sí se trata de pensar en una identidad, pero no en cualquier identidad, sino en una identidad cristiana abierta, dinámica y comunicativa.

 

América Latina tiene una historia y un camino hecho… ¿Por qué entonces, después de 40 años del Concilio, aquella esperanza quedó frustrada?

Quedamos cortos en esta renovación conciliar, de Puebla y las demás conferencias, y ahora de Aparecida. Para nosotros que estamos acostumbrados a una forma particular de ser Iglesia, esos cambios no se dan así en 40, 45 años, cuando ha habido una práctica de miles de años a la cual estamos aferrados como la única posible. Son cambios que van a involucrar a varias generaciones, para que puedan realizarse. Para mí implican una concepción distinta de lo que es el poder. La autoridad en la Iglesia, la fuimos viendo no como "ministerio" relacionado al servicio, sino como dominio; es un poco fuerte el término, pero lo vemos, no sólo en nuestras actividades diarias, sino en la Iglesia entera, que está acostumbrada a ser el centro, el origen y el fin del universo. Ahora la Iglesia ha de entenderse como una realidad más entre otras muchas, y tiene que acostumbrarse a estar en medio de la humanidad, a ser uno más, ser mucho más humilde en su tarea, en su labor.

 

Esto pone en crisis también el modelo de catequesis al que estábamos acostumbrados…

Exactamente, teníamos una catequesis muy infantil, infantilizante, aún en la catequesis de adultos. La catequesis está todavía poco relacionada con la conversión de las personas y con las decisiones de opción de vida. La misma catequesis de adultos casi no existía, apenas estamos intentando entender qué significa y cómo hacerla.

 

¿Cuáles son las principales dificultades en esta catequesis de adultos, para descubrir nuevos itinerarios de iniciación cristiana?

Yo diría que la dificultad grande es la estructura con la que está pensada la Parroquia, la misma comunidad cristiana. Porque como decía en estos días (soy un poco exagerado, pero intento ser realista), no es tan fácil llamar a las parroquias "comunidades cristianas", porque son más bien como una estructura jurídica, administrativa y territorial de lo religioso. Pero pongo una interrogante al respecto de si en ellas se puede hacer una experiencia verdadera de Jesús.

 

Entonces el punto central es: ¿cómo hacer esta opción por Cristo y cómo ser comunidad cristiana?

Allí está el asunto: ¿cómo nos volvemos de verdad una comunidad de discípulos-misioneros de Jesucristo; enamorados de Jesús?

Porque administramos la vida religiosa de las personas, en algunos casos más, en otros menos, dependiendo de las circunstancias. Administramos también una religiosidad popular que tiene sus valores, que es un primer encuentro con Dios, pero que en algunas ocasiones no es suficiente, que debe ser evangelizada. Administramos cierto poder político que aún mantenemos, según los distintos países.

La pregunta que Aparecida nos hace es: ¿Todo esto nos convierte en discípulos de Jesucristo?...

 

Es lo que se llamó "crisis de Galilea", cuando Jesús tuvo que reformular su propuesta evangelizadora… ¿Cómo podemos nosotros también reformular el camino evangelizador en esta crisis eclesial y epocal?

Las dificultades que encontramos son las mismas que encontró Jesús cuando tuvo que anunciar la Buena Nueva allá en Palestina. Cuando me encontré con el texto de Víctor Codina que hacía una reflexión sobre la "crisis de Galilea", lo relacioné mucho con el campo de la educación. Creo que la crisis se supera en la medida que tenemos claro el horizonte. Nosotros estamos pegados a la receta, a la cartilla, a la cuestión inmediata que nos de la solución en dos o tres encuentros, pero no tenemos claro el para qué hacemos las cosas, ni el horizonte último de lo que buscamos. Jesús supo vivir en medio de la crisis teniendo claro el horizonte (su entrega total en Jerusalén), y eso es lo que le enseñó a los apóstoles: no pierdan el horizonte en medio de las crisis que se dan continuamente.

Cuando Aparecida nos habla de volcarnos a la tarea prioritaria de formar discípulos-misioneros de Jesús, insiste mucho en un tema: partir de la experiencia de lo religioso, propia del ser humano, para suscitar un encuentro personal con Jesucristo. Allí se afirma que toda la vida cristiana parte de ese encuentro profundo con Cristo. Habría que preguntarnos si hemos tenido esa experiencia de encuentro con Jesús. Toda nuestra fe está muy ligada a las tradiciones cristianas recibidas, pero no siempre a esa experiencia personal con Jesús que transforma nuestra vida. También como sacerdotes y obispos… todos en la Iglesia debemos partir de esa experiencia personal.

 

Un saludo y augurio final para todos los catequistas…

Creo que en América Latina todos tenemos una oportunidad grande para donar nuestra fe. Una oportunidad inmensa para ser "cristianos". Uno, frente a muchas cosas de las que están sucediendo, puede desalentarse, desmotivarse, pensar que no hay salida...

Me gustó mucho una frase que hay en la introducción de Aparecida y que dice: lo que nos define no son las circunstancias cambiantes de hoy, sino el gozo de ser discípulos de Jesús. Y eso es los que nos mueve y nos motiva. No perdamos el ánimo, sino, por el contrario, que renazca la esperanza.

 

Gracias p. Manuel por tu presencia tan motivadora en estos días. Te esperamos para alguna otra visita a nuestro país.

Quinto Regazzoni