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Proteger la vida del más débil
La
llamada Ley de Salud Sexual y Reproductiva, que permite el aborto en casos de problemas económicos, familiares o de edad, razones de salud, malformaciones o peligro de vida de la madre, fue vetada por el Presidente de la República del Uruguay. En el debate sobre esta ley, hubo una ambigüedad de fondo; los derechos humanos (como el derecho a la vida, que es el primero y principal) no dependen de los votos de nadie; están ligados a la naturaleza humana, y también a la legislación internacional, como el Pacto de San José de Costa Rica y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Nadie puede decidir sobre el derecho a la vida de otros. Menos aún cuando se establece arbitrariamente el comienzo de la vida humana, en una u otra semana de gestación (en Holanda se han establecido 24 semanas) y cuando aquí y en todo el mundo este tema a nivel ético suscita tanta oposición y votaciones tan inciertas. Se dice que esta ley es en defensa de los derechos de la mujer para evitar muchas veces la muerte de las mujeres que se someten a abortos no seguros. Hay que evitar la muerte de esas mujeres por otros medios, pero el derecho a "decidir sobre el propio cuerpo" no
es absoluto y menos cuando se trata, no de una parte del propio
cuerpo, una herida profunda en la vida de una mujer, tratándose de un acto de "violencia doméstica" hacia el ser humano más indefenso. Otra ambigüedad de fondo es creer que al legalizar el aborto, desaparecerán los abortos clandestinos. Se necesita una ley de protección a la mujer embarazada con centros adecuados de
asistencia; y más que penalizar a las mujeres que abortan, En la fundamentación de su veto, el Presidente uruguayo recordó entre otras cosas que la ciencia reconoce que la vida humana empieza con la fecundación, y que "el verdadero grado de civilización de una nación se mide en cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles". Cinco siglos antes de Cristo, el
médico Hipócrates ya hacía este juramento: "No daré ninguna
medicina mortal, ni siquiera cuando me la pidan; además no daré
consejos al respecto, La legalización del aborto no cambia lo malo en bueno. Hay que combatir las causas del aborto, ya que éste no cesará por decreto. El verdadero problema, anterior al aborto, es la falta de educación. Desde la Iglesia debe haber un discurso positivo y propositivo en favor de la vida, de toda la vida. Las iniciativas en favor de la vida, especialmente la más amenazada, son la prevención más segura y la propuesta más clara para enfrentar este problema. Primo Corbelli
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