
* ¿Cómo empezó la Comunidad San Egidio?
- Empezó en el '68 en el fragor de las provocaciones juveniles y por iniciativa de unos estudiantes secundarios del Virgilio de Roma. En búsqueda de autenticidad, Andrés Riccardi y sus compañeros pensaron encontrarla en el Evangelio. El grupo empezó a reunirse en el viejo oratorio de San Felipe Neri para encuentros de oración que llegaron a ser cotidianos. En 1973 recibieron la donación por parte del cardenal Vicario de Roma, de un antiguo monasterio abandonado por las hermanas Carmelitas y que llevaba el nombre de San Egidio. En aquellos años, el actual cardenal de Milán, Carlos María Martini, por entonces rector y profesor del Instituto Bíblico, guiaba las reflexiones sobre la Sagrada Escritura. El párroco de Transtévere, Vicente Paglia, pasó a ser hasta el día de hoy el asesor espiritual de la Comunidad. Sin ser una comunidad religiosa ni una comunidad parroquial, el grupo se transformó en comunidad eclesial organizada, cuyas principales preocupaciones eran la evangelización, sobre todo entre los más alejados de la práctica religiosa, y el servicio a los pobres. Esta Comunidad se ha difundido en todo el mundo con más de 15 mil miembros. En Argentina, la obra empezó en abril de 1987, en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, cuando el Papa vino a Buenos Aires.
* Lo más novedoso de esta comunidad es que está fundada e integrada por laicos. ¿Cómo se configura esta obra dentro de la Iglesia?
- Nuestro fundador y actual presidente es el profesor Andrés Riccardi, docente de historia del Cristianismo en la tercera Universidad de Roma ('La Sapienza') y el movimiento que empezó siendo de estudiantes está abierto a toda clase de personas. No es una congregación religiosa ni un instituto secular. Somos personas comunes, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, parejas y familias que nos vinculamos entre nosotros a través de encuentros periódicos pero sobre todo a través de una espiritualidad que quiere ser laical. Junto al trato fraterno y familiar entre los miembros de la comunidad, lo que más caracteriza esta obra es la unidad entre la oración y el servicio a los pobres. Lo ha dicho el card. Martini: 'Me impresionó en la Comunidad la conjugación de un profundo sentimiento de oración y de la Escritura con una inteligente atención a los más pobres y a otras situaciones sociales difíciles'. En la iglesia de Transtévere, la oración común es diaria y la lectura bíblica el pan de cada día. La obra ha sido aprobada por el Papa en 1986, se configura como 'Asociación Internacional Pública de Laicos' y reúne a centenares de comunidades en el mundo. Es una provocación para los laicos de la Iglesia para que conjuguen la fidelidad evangélica con su responsabilidad laical en el mundo.
* ¿De qué manera se concreta su servicio a los pobres?
Desde el popular barrio de Transtévere, la Comunidad empezó a atender a los pobres de la periferia de Roma, en particular a los emigrantes, ancianos, niños, mendigos y sin techo. Hay ahora centros de acogida que atienden a cientos de personas, se asiste a más de 4.000 ancianos, hay comedores para la gente de la calle que atienden diariamente a 1.500 mendigos. La Comunidad ha elaborado una pequeña 'Guía para las personas sin morada fija' (dónde comer, dormir, lavarse), conocida por los indigentes de toda Roma. No se quiere ser paternalistas, pero tampoco quedarse en las teorías y manifiestos frente a tanta gente desesperada. Andrés Riccardi ha escrito: 'El descubrimiento de la pobreza del Tercer Mundo se ha dado para nosotros a través del descubrimiento de los pobres más cercanos'. De la periferia de Roma se ha pasado lentamente a las periferias del mundo.
Aquí en Buenos Aires atendemos dos escuelas populares en La Boca y en Barracas, dado apoyo escolar a los chicos más pobres; además nos ocupamos de personas ancianas. No existe un modelo único para las comunidades de todo el mundo de encarnar el primado de la evangelización y el servicio a los pobres. Nosotros, en sintonía con nuestra mentalidad criolla y de acuerdo a la pastoral local en la que estamos insertados, intentamos establecer con la gente relaciones de amistad, de igual a igual, con una fuerte carga de familiaridad y de profundo respeto a la vez.
* La Comunidad San Egidio es conocida internacionalmente sobre todo por trabajar por la paz entre países en guerra. ¿Cómo surgió este otro objetivo de la Comunidad?
- Para nosotros la mayor pobreza es la guerra. Como ha dicho Riccardi, '... la guerra es la madre de todas las pobrezas. Lo hemos descubierto en Mozambique trabajando en la ayuda social; nos dimos cuenta que antes que nada había que luchar para terminar con la guerra'. Es por eso que la Comunidad San Egidio promovió el primer encuentro de carácter secreto entre las dos partes mozambicanas en guerra (Frelimo y Renamo) en Roma, durante el verano de 1990. Los coloquios de paz siguieron con la mediación de la Iglesia de Mozambique y del gobierno italiano, hasta que el 4 de octubre de 1992, día de San Francisco, se firmó la paz después de 14 años de guerra civil y casi un millón de muertos. El mismo esfuerzo de paz se ha realizado con éxito en Guatemala convocando en Roma para un encuentro secreto en febrero de 1996, a los representantes del gobierno y de la guerrilla; se pudo así relanzar las tratativas de paz bajo la conducción de la ONU. Con alternativas distintas se han hecho y se siguen haciendo esfuerzos parecidos en Albania, Argelia, Kosovo, Sudán, Angola, Burundi..., para brindar espacios y ocasiones de diálogo entre las partes en conflicto. Es una acción diplomática a nivel humano y cristiano que busca colaborar con las acciones del Vaticano y de los organismos internacionales. Nuestra actitud se inspira en la decisión de San Francisco de dialogar con el sultán en tiempos de cruzada. La paz es fruto de la justicia y el Evangelio.
En Argentina, también queremos ayudar a cerrar las heridas de la 'guerra sucia'. Por eso, entre otras iniciativas, organizamos en marzo pasado una Vigilia de Oración Ecuménica en memoria de nuestros mártires y de todos los mártires de América Latina (más de 50 desde el '92 hasta la fecha) en la Parroquia de La Merced, con la participación, entre otros, del provincial de los Padres Palotinos, Tomás O'Donnel y del obispo metodista Aldo Etchegoyen.
* ¿Tienen un objetivo ecuménico en su propuesta?
- Sí, la iniciativa ecuménica surgió cuando en 1986 el Papa organizó en Asís un Encuentro de oración por la paz, entre los líderes de las distintas Iglesias y religiones. Desde 1987, cada año, la Comunidad San Egidio, ha organizado un encuentro mundial ecuménico de oración por la paz en lugares distintos para conservar vivo el 'espíritu de Asís'. Este año será en Bucarest (Rumania). No se trata tanto de superar las diferencias entre Iglesias y entre religiones, sino de encontrar el lenguaje común de la paz y orar juntos por ella. Son las 'armas débiles de la fe', como ha dicho el Papa Juan Pablo II dirigiéndose a la Comunidad. Y el criterio determinante de acción es buscar lo que une, no lo que separa. En ese inmenso esfuerzo por la paz, todas las Iglesias y todas las religiones deben colaborar. El movimiento hace una crítica cerrada a las guerras de religión y a la manipulación de lo religioso con fines belicistas; las religiones deben impulsar el diálogo y la paz.
En esta 'asamblea' de las religiones, convocada todos los años por la Asociación 'Hombres y Religiones' nacida de la Comunidad, cualquier tipo de fundamentalismo es rechazado. También nosotros, en Argentina, proponemos una educación para el diálogo y encuentros ecuménicos contra todo tipo de discriminación que hay en la sociedad. Por ejemplo, en la Oración Ecuménica organizada por la Comunidad y otras instituciones en Plaza Hussay, en agosto de 1994, a un mes del atentado a la sede de la AMIA. Ahora estamos recogiendo firmas en todos los ámbitos religiosos, junto con Amnistía Internacional, para pedir una moratoria a la pena de muerte en ocasión del Jubileo; en Estados Unidos son 3.200 las personas condenadas a muerte...
* ¿Cuál es el mensaje de la Comunidad para los lectores de UMBRALES?
- Nuestro compromiso social echa sus raíces en una práctica cotidiana de oración personal y comunitaria. Buscamos educarnos y educar para el diálogo y la paz, que hay que construir todos los días. Hemos nacido en el Õ68 y seguimos manteniendo las ganas de hacer un mundo nuevo pero antes que nada en la cotidianidad, en la solidaridad diaria para con los pobres a través de la amistad y la cercanía; ésta es nuestra dimensión más auténtica.
P. C.
A raíz de esa experiencia y enardecido por ese fuego interior, luchó para que la Iglesia que dice seguir a Jesús se hiciese creíble y saldara las materias pendientes para su tercer milenio. Florencio se imaginaba una Iglesia coherente con el Evangelio:
- una Iglesia de servicio y no de poder, de sencillez y no de pompa.
- una Iglesia libre y desvinculada del poder de turno.
- una Iglesia comunidad fraternal y no una monarquía absoluta.
- una Iglesia que piense siempre primero en la persona y después en la ley y la moral, según la actitud de Jesús ante la Ley, el templo y el culto...
- una Iglesia que libere las conciencias en lugar de oprimirlas...
- una Iglesia que sea Pueblo de Dios, donde los laicos sean la parte fundamental y la jerarquía se ponga a su servicio evitando mantenerlos en una minoría de edad.
- una Iglesia que defienda los derechos humanos de los pueblos pero que respete también los derechos humanos de sus hijos...
- una Iglesia que intente defender a las mujeres y que les dé el lugar que les corresponde a todo nivel.
- una Iglesia... dócil al Espíritu Santo, que exprese el Evangelio según una comunicación adecuada a las mujeres y varones de hoy.
- una Iglesia que dialogue con la ciencia y la cultura sin prejuicios y sobre todo que dialogue con las grandes religiones con humildad y deje de aparecer como quien tiene la verdad absoluta y no tiene nada que aprender. El Espíritu obra en todos las personas.
- una Iglesia que anime a la creatividad y la pluralidad en todos los campos...
Florencio fue un testimonio con la palabra y con los hechos: su preocupación por la lectura popular de la Biblia, su actuación con los humildes en el Barrio de Rafael Castillo; se nos caían las lágrimas al escuchar los testimonios de los que él formó. Cómo les enseñó a compartir la Palabra de Dios. Cómo les enseñó a suplir al sacerdote en su ausencia...
Florencio fue criticado por posiciones juzgadas como poco equilibradas... pero no le pidamos al profeta que sea equilibrado... San Pablo no fue muy equilibrado que digamos...
Florencio tenía muchos amigos del alma. Me considero entre ellos. Era mi hermano gemelo: nacimos en la Pascua del '28. En Italia a él le pusieron Florencio, por ser pascua florida. A mí, aquí, me pusieron Pascual. Pero fue en su último año de vida que nos unimos mucho más. A raíz de un grave problema de salud que tuvo dando clases en el Instituto ecuménico de las Hermanas de Sión, comenzó a visitarme una vez a la semana donde fuimos poniendo nuestra vida en común de una manera inusitadamente profunda. Puedo afirmar que se reconcilió consigo mismo, con su historia, con su cuerpo enfermo, con los que no lo comprendieron. Florencio fue perseguido y traicionado por muchos que se dicen cristianos. El resentimiento destruye a la persona que lo vive. La reconciliación transforma a la persona y al mundo. Su unión con Dios se fue purificando y simplificando cada vez más como pasa con los santos. Se redujo a lo esencial. Juntos hacíamos la oración de Jesús. Florencio siempre fue un niño.
Que el testimonio de su vida nos de fuerzas para ser auténticos seguidores de Cristo, libre y liberador.
p. Pascual A. Faraoni