10 aos de descentralizacin en Montevideo

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Gobiernos locales, descentralizacin y participacin ciudadana en Montevideo
Seminario 10 aos de descentralizacin: un debate necesario

vecinet-noticias - No. 389
 
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La compleja tarea de simplificar
la ingeniera de la descentralizacin

Politloga Mara Elena Laurnaga
Coordinadora del Area de Estudios Municipales del Instituto de Ciencia Poltica
Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de la Repblica


      La evaluacin del proceso de descentralizacin que la Intendencia Municipal de Montevideo ha iniciado con la investigacin que hoy se pone a consideracin as como con este proceso de consulta ciudadano que se inaugura, expresa una voluntad poltica coherente con los fundamentos que dieron lugar a ese mismo proceso. Los comentarios que aqu se realizan toman algunos aspectos del documento de base como elemento disparador ms vinculados a mi prctica profesional, pero no pueden ni pretenden abarcar la amplitud y riqueza del documento. Se opta por analizar algunos aspectos incluidos en ese amplio estudio y se articula con opiniones y percepciones respecto a la experiencia de la descentralizacin que privilegia una lectura en lo que hemos denominado "clave poltica" para sumar a las diversas perspectivas y lecturas que esta iniciativa ya ha generado en la ciudadana de Montevideo. 

      A los resultados esperados de esta iniciativa del gobierno municipal y a la ya rica respuesta de la gente, hay que agregar el valor en s mismo que tiene esta convocatoria. Independientemente de la adscripcin poltico partidaria de cada uno en relacin al partido de gobierno, es necesario sealar y reconocer la magnitud de esta apuesta y el "riesgo poltico" asumido por el Departamento de Descentralizacin y el equipo del Arq. Arana de abrir un debate sobre un tema complejo en un contexto donde hay sensibilidades expuestas: de los funcionarios con el elenco de gobierno, del propio gobierno municipal en relacin al gobierno nacional, de los vecinos en relacin a una gestin que tiene que procesarse en un contexto de restricciones y crisis fiscal. Se requiere suficiente autoconfianza de parte del actor poltico para convocar y generar este espacio de debate y revisin del formato poltico institucional de la descentralizacin que tiene un significado simblico por dems central en la configuracin del perfil de gobierno de la izquierda en Uruguay. Sin dudas no todos los gobiernos lo pueden hacer despus de 10 aos de gestin.

Una lectura en clave poltica para revisar el proceso de descentralizacin

      El documento presenta un texto muy valioso, empezando por el esfuerzo de dar insumos para entender el contexto actual y fundamentalmente, la magnitud de los cambios que se han dado entre 1990 (ao en que la izquierda asume el gobierno de Montevideo, quebrando all la histrica alternancia blanca y colorada) y este ao 2001 cuando se encuentra transitando su tercer perodo de gobierno.

      En este anlisis del contexto que el documento realiza es de destacar la referencia al as nuevas formas de "socializar" y los cambios procesados en esta materia, es decir la referencia a algo ms que la socializacin: se refiere a los cambios donde se construyen los vnculos, las referencias, y por lo tanto las imgenes con quienes los sujetos constituyen un colectivo. Esto est profundamente afectado por los elementos que se plantean muy adecuadamente en el documento.

El rol del municipio en un contexto de crisis

      Esta cuestin interpela a todos los gobiernos locales y municipales de la regin. La crisis en sus distintas dimensiones, - explicada tanto por factores exgenos como la globalizacin o la insercin en un mercado mundial fundamentalmente, como por factores endgenos que se analizan tambin en el documento,- afecta e impacta sin duda sobre el rol del municipio. Esto implica que un gobierno municipal tiene que redefinir hoy, para el 2001, aquellos roles para los que tiene competencia especfica y aquellos otros que no le competen formalmente pero que tiene que desarrollar igual. Ah se establece una racionalidad de la gestin de gobierno que es necesario tener en cuenta: qu cosas tiene que hacer la Intendencia de Montevideo y que no, pero ms all de la definicin formal de su rol, qu cosas efectivamente tiene que asumir por responsabilidad social compartida, generada o delegada. 

      En este sentido, vale la pena sealar la inadecuacin que la investigacin realizada demuestra entre la magnitud de lo que la IMM hace en materia de polticas sociales y la escasa visibilidad de estas polticas en la percepcin que la ciudadana tiene de ellas. Esto tiene que ver con que la IMM difunde mal lo que hace, o lo difunde en forma insuficiente segn lo que se ha sealado reiteradamente desde la propia Intendencia Municipal, diagnstico que es compartible. Pero tambin es cierto que la gestin municipal de polticas que formalmente son nacionales tiende a diluir el protagonismo de la Intendencia en la materia. En Uruguay el sistema de polticas sociales es de competencia nacional y ocupa un lugar central en el imaginario de la "nacin" , lo que contribuye a que la gente no tenga muy claro si la oferta de servicios en esta materia es municipal o nacional; no tiene una clara idea respecto a cunto del presupuesto municipal se vuelca a polticas sociales, o cunto significa el aporte del municipio a organizaciones no gubernamentales o de la sociedad civil que contribuyen a la gestin de polticas sociales de corte nacional pero territorialmente localizadas en este departamento. El municipio aporta recursos para la poltica social nacional, en trminos de cobertura de los dficit que el sistema tiene, pero tambin aporta a la sociedad civil en un conjunto de iniciativas de co-gestin ciudadana que complementan este mismo sistema nacional. 

      Por lo tanto, una tarea de gobierno de los ciudadanos en un modelo de gestin participativa es tambin la bsqueda de informacin e insumos que le permitan calificar y cuantificar la inversin que hace la Intendencia en polticas de corte nacional. En el caso de las polticas sociales, como adecuadamente plantea el documento de base, este anlisis no deber plantearse solamente en trminos de costo-beneficio, sino en una ecuacin de costo-eficiencia que implica necesariamente una valoracin poltica. Esta tarea entonces de generacin, difusin o bsqueda de informacin es una tarea poltica en si misma, necesaria a la hora de tomar decisiones. 

      En este orden, otra tarea poltica de la ciudadana en este modelo de gestin participativa que el gobierno municipal de Montevideo ha planteado, es la construccin de un discurso que valore el criterio costo - eficiencia en materia de polticas pblicas, que se contraponga al criterio hegemnico en el discurso ms corriente de costo-eficacia. Recientemente el Dr. Tabar Vzquez en el seminario sobre reforma de los servicios pblicos que organiz el Centro de Estudios Estratgicos 1815,- demandaba este criterio.

Los cambios en el sistema de partidos y el gobierno de la ciudad

      Un segundo elemento en clave poltica a destacar, que aparece escasamente sealado en el documento de base, es la relacin de los cambios procesados en la estructura poltico-partidaria del pas en los ltimos aos y su vnculo con el gobierno de la ciudad.

      Hubo una reforma poltica consolidada por la reforma constitucional de 1997, que establece en su ingeniera diversos dispositivos referidos a la descentralizacin como objetivo poltico. Pero fundamentalmente esa reforma gener una transformacin importante en el sistema de partidos y en la lgica de competencias del sistema de partidos. No es lo mismo gobernar en el ao 1990 o incluso en 1994, que gobernar una ciudad (desde un gobierno de cualquier color partidario) en un escenario de polarizacin poltica que no est vinculado a una radicalizacin de la ciudadana y los electores sino ms bien a la lgica de competencia que los aspectos electorales de la reforma instala. Este escenario de polarizacin poltica tiene dos particularidades importantes: la crisis, que hace que gane quien gane todos tengan que resolver problemas generales (lo que se traduce en propuestas programticas que bajan el perfil ideolgico tendiendo al centro, eludiendo los extremos) y por otro lado, la novedad de la consolidacin de la izquierda como primera fuerza poltica nacional. 

      Estos aspectos son relevantes en la medida que no es lo mismo para el ciudadano que no es de izquierda aceptar o no aceptar la oferta de un modelo de participacin ciudadana en un contexto ms equitativo de peso poltico-electoral, que integrarse o no a un modelo de gestin como el actual en este escenario de polarizacin. Algo cambi para los otros partidos, y me atrevera a sostener la hiptesis de que este escenario hegemnico de la izquierda en Montevideo generar un efecto de mayor disposicin de los partidos tradicionales a participar en los espacios de gestin ciudadana al que resistieron en los primeros perodos del gobierno descentralizado de Montevideo. 

Los ciclos de gobierno

      Otro elemento de contexto a jerarquizar es el tema de los ciclos de gobierno. No es lo mismo un gobierno que recin nace - la infancia -, que un gobierno maduro; no es lo mismo el desempeo y los criterios de gestin que se proponen hacia afuera de la fuerza poltica que gobierna que hacia el interior de la propia fuerza poltica. 

      Los criterios de legitimidad a los que apel la propuesta poltica de la izquierda en 1990 eran sustancialmente distintos de los actuales. En primer lugar, el discurso estaba orientado al ciudadano de Montevideo para convencerle de que no iba a producirse ninguna debacle, en un intento por reconstruir un sentimiento que en el imaginario social tena sus adherentes, provocado por la incertidumbre frente a la novedad de la izquierda en el gobierno. En segundo lugar, la apelacin del discurso hacia adentro de la colectividad de izquierda era de exaltacin militante, como recurso para dar contenidos, sentido y consistencia a una propuesta de gobierno que constitua el perfil diferenciador del nuevo elenco pero que tena por delante el desafo de traducirse en productos concretos de gobierno. 

      En este ciclo de madurez de la izquierda que comienza su tercer perodo de gestin, es sustancialmente diferente el posicionamiento del elenco de gobierno hacia la ciudadana y hacia la propia estructura militante del Encuentro Progresista-Frente Amplio. Debe cambiar as el referente de legitimidad al que se convoca a los ciudadanos no frentistas, ya que la referencia al "miedo de la izquierda", a la inevitabilidad de la crisis poltica o al riesgo de la ruptura institucional ya no encuentra el mismo predicamento que en 1989: la cultura de izquierda deja de ser novedosa para pasar a constituir una "tradicin"; la convivencia nacional - departamental fue posible y no gener fracturas democrticas o crisis institucionales; y al mismo tiempo, el porcentaje de adhesin electoral de este tercer gobierno demuestra que la ciudadana de otras tradiciones polticas admite la eficacia de la izquierda para ejecutar gobierno as como confa en la articulacin de los canales de convivencia con el gobierno nacional hasta ahora demostrados. 

      Esto genera factores de mayor permeabilidad y disponibilidad de los otros partidos a participar hoy en el formato descentralizado que el gobierno municipal estableci, ya sea desde la lgica poltica (Juntas Locales) o desde la lgica ciudadana (Concejos Vecinales). 

      Pero tambin es diferente hacia adentro de la ciudadana de izquierda y de los cuadros militantes de este conglomerado

      La imagen corporativa que ha trabajo la IMM estos aos ha correspondido de alguna manera a esta realidad. La imagen de "Montevideo tu casa" es una apelacin a mirar hacia adentro, a construir adentro para hacer habitable el espacio urbano, vivible la relacin de convivencia de nuevo tipo que el escenario poltico dibuj. Hoy en el 2001, tal vez es el momento de que la IMM cambie su imagen corporativa por una perspectiva que le permita mirar hacia fuera, lo que implica obviamente la confianza en un construir juntos algo .... Este mirar hacia fuera puede asumir dos sentidos. Una mirada desde Montevideo hacia el interior del pas, porque indudablemente el gobierno de Montevideo ejerce una funcin de "demostracin" de la eficacia, la sustentabilidad y la viabilidad del gobierno de la izquierda hacia el resto del escenario electoral. Y una funcin ms prxima de generacin de un sentimiento comn, lo ms comn posible en el ciudadano de Montevideo, que le permita involucrarse con el proyecto poltico propuesto en un momento que el gobierno de izquierda ha pedido su carcter de mito o su perfil ms romntico, es decir un gobierno que ha superado largamente el perodo de "luna de miel" encontrndose en una fase de madurez que ha mostrado sus logros y sus dificultades. En este segundo sentido, el enorme crecimiento del Encuentro Progresista en Montevideo que eligi al Intendente Mariano Arana con el 58% de los votos, plantea como paradoja un techo de crecimiento. Crecer electoralmente ya no es la meta de la izquierda para hacer el gobierno, sino que en este escenario hegemnico el desafo que enfrenta en su fase de madurez es la "legitimidad interna", la continua legitimacin de esa masa electoralmente afn al proyecto de gobierno.

Los partidos polticos y la descentralizacin

      Un tercer elemento en clave poltica es el rol de los partidos en relacin a la descentralizacin. En el documento se seala prudentemente que el actor poltico fue tal vez uno de los ms dbiles en el largo proceso de la descentralizacin. Qu pasa con los partidos polticos en relacin a la descentralizacin de Montevideo? Y en particular, qu pasa con el Encuentro Progresista - Frente Amplio?.

      Es interesante revisar la relacin de los elencos de los partidos con el elenco de gobierno. En este sentido quiero sealar tres dimensiones:

  1. La dimensin de los partidos. Habitualmente sucede que los elencos poltico-partidarios se distancian de los elencos de gobierno. En mi opinin esto sucede dentro del Encuentro Progresista como sucede en muchos otros casos; y es una condicin de eficacia del gobierno del Encuentro discutir esta cuestin. Esta tensin, que se explica por diversas lgicas que no cabe ahora sealar, se traduce en el mbito de la descentralizacin tambin.

  2. En algunos lugares parece clara la constatacin de tensin entre las Juntas Locales y los Concejos Vecinales. Esto se explica porque son roles distintos, aunque muchas veces la adscripcin poltico - partidaria de las personas en quienes se expresa esa tensin sea la misma. En las Juntas Locales, tema que ha sido escasamente tratado en la versin que hemos conocido del documento de base, existe una tensin en relacin al vnculo con los ciudadanos que no pertenecen a filas del Encuentro Progresista, pero tambin se plantea el problema funcional de su relacin con los propios rganos administrativos del partido. El documento es muy rico en el anlisis de los Concejos Vecinales y la mayor potencia de la percepcin ciudadana est focalizada en estos rganos. En consecuencia, se han jerarquizado en la investigacin; y creo que esto es un dato para la estructura poltica: para la administracin municipal y para los partidos. Esta "deslegitimacin o distancia de la ciudadana" respecto de lo poltico se explica por el proceso de fragmentacin que se seala en el documento.

  3. En el formato institucional de la descentralizacin parece advertirse una reproduccin casi mecnica de los niveles de organizacin poltico - partidarios y de los niveles de gobierno, que seguramente no se correspondan con ninguno de los propsitos de la descentralizacin.: ni la transferencia de poder efectivo, ni la bsqueda de la eficacia y eficiencia de la gestin. No parece probable que los partidos vayan a desaparecer ni parece deseable que deban desaparecer; pero no tampoco es necesario reproducir burocrticamente el esquema de organizacin poltica de los partidos ni la organizacin administrativa del gobierno en los niveles locales.

De poltica de partidos a poltica de ciudadanos

      La representacin de intereses en el mbito de la descentralizacin se expresa a travs de dos canales: los representantes polticos en las Juntas Locales y los representantes ciudadanos o sociales en los Concejos Vecinales. Hay una contraposicin productiva - no es una contradiccin excluyente -, entre poltica de partidos y poltica de ciudadanos. Los Concejos Vecinales son ms valorados que las Juntas Locales porque son ciudadanos, porque se acercan ms a la propuesta de poltica de ciudadanos que constituy el centro de la innovacin programtica del Frente Amplio. 

      Parece necesario simplificar la ingeniera institucional de la descentralizacin. Esto es, pensar con libertad una estructura institucional que no reproduzca la estructura poltico partidaria y la estructura administrativa en cada escaln de estructura local para corresponderse mutuamente. En particular, parecera necesario revisar la estructura de representacin poltica local; no necesariamente debe existir una Junta Local por cada Centro Comunal Zonal o Concejo Vecinal. 

      Este debate, ha sido a propsito soslayado por el documento de base - seguramente porque compete a decisiones estrictamente polticas y tambin porque est atado a lo que efectivamente suceda con la reforma constitucional en materia de descentralizacin. Si efectivamente se separara la materia municipal de la departamental tal cual est formalmente establecido en la constitucin, la Junta Local debera ser ese rgano poltico que llamamos gobierno municipal; sin embargo no creo que deban existir necesariamente 18 gobiernos municipales en Montevideo, y tampoco creo que la geografa de los mismos deban corresponderse con el diseo que hoy tienen los CCZ. Seguramente sera un problema que no coincida el territorio del gobierno municipal con la divisin administrativa pre-existente. Esto implicar comenzar a trabajar con las variables que definiran un gobierno municipal en sentido estricto y su relacin con el territorio y la ciudadana de Montevideo. Si se definieran esas variables, seguramente no seran las mismas que le dieron sentido a la racionalidad poltico administrativa en 18 zonas y a la racionalidad territorial que organiza la dimensin comunitaria - ciudadana.

El valor de la desconcentracin y la meta de la descentralizacin

      En resumen, como se dice en el documento de base, comparto que el proceso de descentralizacin es todava ms una desconcentracin que una verdadera descentralizacin. Esto no es malo en s mismo. Esta propuesta de gestin del Encuentro Progresista no ha sido el nico modelo de reforma que Montevideo ha vivido en el perodo democrtico post-85. 

      El gobierno del Dr. Aquiles Lanza en 1985 propuso un modelo de gestin municipal que apostaba tambin a la poltica social, que apost a la legitimacin democrtica desde la lgica de la eficiencia de programas y proyectos de poltica sociales organizados desde un centro tcnico - la Unidad Asesora de Proyectos Especiales (UAPE) -, configurando un diseo de gestin que parta del supuesto de la imposibilidad de reformar el enorme aparto burocrtico administrativo de la Intendencia de Montevideo. Desde all se convoc a la participacin ciudadana a travs de las comisiones vecinales y en un perodo muy breve, poco mas de un mes, se lograron registrar 578 Comisiones Vecinales. Es cierto que haba una trama comunitaria latente que haba sobrevivido a la dictadura y que tom forma institucional en ese momento. Pero mas all de este contexto y del posterior fallecimiento del Dr. Lanza, que desvirta ineludiblemente la experiencia en una sucesin de Intendentes, el modelo propuesto parta del supuesto de que el gran monstruo burocrtico no se poda reformar en el mediano plazo y por tanto, se opt por un modelo tecnocrtico y centralizado, que obvi el conflicto de legitimidad que significa una reforma de esta magnitud. Este formato de reforma de instituciones de alta complejidad es defendido por diversas perspectivas y aplicado a diversas realidades.

      En contraposicin con este tipo de experiencias, el componente desconcentrador de la experiencia de Montevideo institucionalizada por la administracin del Encuentro Progresista-Frente Amplio es en s transformadora. Es pertinente rescatar el valor poltico de esta reforma, porque se arriesg a transformar esa estructura poltico-administrativa centralizada con una lgica de participacin. Es desafo ahora es trascender esa fase; la desconcentracin tiene que profundizarse hacia una efectiva descentralizacin de poder, sin que esto implique necesariamente un rgano de representacin poltico partidario que exprese ese poder. 

El qu y el para qu del poder

      A la ya enorme lista de preguntas que se han formulado desde el documento de base, desde los gobernantes que estuvieron presentes y desde las presentaciones de los ciudadanos, yo agregara una - ms como criterio que como efectiva pregunta. Dnde est el poder y qu cosas efectivamente constituyen poder? Y despus de esto, para qu ese poder?.

      Si pensamos slo en la representacin poltico-partidaria seguramente se contestar que debe existir un rgano local que lo canalice; pero es necesario recordar que hay ya en el distrito territorial del departamento diversos representantes poltico-partidarios (la Junta Departamental, los diputados de Montevideo) que deben sumarse como representantes a los miembros de las Juntas Locales. Estas preguntas referidas al poder creo que deben ser focalizadas, principalmente focalizadas en el anlisis de los Concejos Vecinales. 

      Los elementos de contexto general que hacen a los roles de los municipios y a las posibilidades efectivas de los municipios estn asociados a la crisis. Aunque el Intendente Arana diga que no, los municipios estn llamados a administrar la crisis, y ms que la crisis, estn convocados irreversiblemente a administrar el conflicto. Acordamos con Arana que eso no debera ser el objeto de un gobierno municipal, pero el gobernante local y el ciudadano tienen que saber tambin que el gobierno municipal y los ciudadanos ocupan un lugar en la lgica global del pas, en el contexto del sistema poltico y en la lgica del gobierno nacional donde cumple un rol en relacin a la gestin del poder. La descentralizacin tiene su contracara en que tambin se descentralizan los conflictos y las tensiones; y esto es parte de las "competencias que los gobiernos locales han ganado sin pedir en este comienzo de siglo".

      No queremos repetir ac que la descentralizacin no es un discurso exclusivo de la izquierda, sino que tambin es un discurso de muchos partidos a quienes la descentralizacin les es funcional para un modelo muchas veces antagnico con el de izquierda. La descentralizacin es un instrumento no un fin en si mismo. 

      Tal vez la variable comn a todas las experiencias de descentralizacin con tonos o sentidos polticamente distintos, sea la inevitable localizacin territorial de polticas de carcter general en un contexto de fragmentacin social y de exclusin de los grandes sistemas de integracin. En este momento hay modelos de descentralizacin ensayndose con diversos formatos en otros departamentos del pas: Rocha, Paysand, Ro Negro, que obligan a un debate ms profundo respecto al modelo de gestin implcito en cada uno. En el caso de Paysand, pro ejemplo, el Consejo Econmico y Social del Plan Estratgico de Desarrollo podra haber sido una propuesta de un gobierno de izquierda en cualquier pas. 

      Por lo tanto, qu hace de la propuesta de la descentralizacin de este gobierno de izquierda un modelo efectivamente "de izquierda" o diferente de otras propuestas de gobierno? 

La ingeniera institucional de la descentralizacin

      Este tema seguramente constituir el centro del debate que se inicia en esta actividad y seguramente no haya gente mas calificada para analizarlo que los "expertos locales", es decir, la gente que la constituye y que sabe donde estn las debilidades y las fortalezas.

      Creo que la figura del Concejo Vecinal es central en la propuesta descentralizadora de Montevideo, y constituye un instrumento espectacular si analizamos en perspectiva comparada esta realidad con otros pases de la regin.

      Sin embargo uno de los problemas a enfrentar es cmo superar la composicin de militantes de izquierda para integrar efectivamente una lgica ciudadana ms pluralista. La encuesta de referencia del documento de base seala que el 74% de los concejales se autoidentifican como pertenecientes al Encuentro Progresista. Si bien no puede olvidarse el alto porcentaje de votacin del encuentro en Montevideo, esta composicin confirma que an expresan la hegemona de un tipo de representacin: la poltico- partidaria. Es natural que esto haya sido as porque hay una respuesta de compromiso poltico de los votantes frentistas respecto al modelo de gestin al que se sienten convocados: pero est claro que los no frentistas tambin lo perciben as. Por lo tanto, los ciudadanos que no participan de los organismos descentralizados saben que es as. 

      En resumen, la estructura ciudadana an es una estructura de militantes. Sin embargo, la legitimidad del Concejo Vecinal no est atenuada por esto. Es un dato de la realidad. 

      Hay que agregar explcitamente como otro dato de la realidad que el Concejo Vecinal es tambin una estructura de poder y de prestigio; all la condicin humana emerge y existen en la comunidad sistemas de poderes que se reproducen y se ejercen en forma desigual. Es pertinente tambin all la pregunta respecto a qu cosas constituyen poder en esa comunidad local; para qu se utiliza el poder?. 

      En este esquema es sin duda muy relevante la funcin de los Concejos Vecinales que se seala en el documento: la tarea de construir redes. Porque esa es una tarea solidaria y una tarea democrtica. Los riesgos de la democracia en la poca actual no pasan por las dictaduras o en el eventual exceso de poder de los aparatos institucionales de control social. Los riesgos de la democracia radican en las condiciones en que procesa la devolucin hacia los ciudadanos de la gestin de lo social, los lmites o no lmites de la gestin ciudadana (va diversos modos de organizacin de proyectos) del control o regulacin de la pobreza, del control del hambre, del control o regulacin del conflicto, de formas "ciudadanas" de control social. Esta es una tendencia general, que tiene sus aspectos positivos y democratizadores y sus riesgos; deber cuidarse en particular el riesgo de fragmentar y debilitar de tal forma los rganos locales de poder para evitar que se puedan transformar en "autoritarismos locales" institucionalizados democrticamente.

      Estas nuevas formas de autoritarismos enraizados en lo local tambin deben ser objeto de preocupacin; no todo lo pequeo es bueno y lo grande es malo, no todo lo poltico es malo y lo ciudadano bueno, no todo lo descentralizado es bueno y lo centralizado es malo. Estamos viviendo en la regin un proceso de re-centralizacin de los estados que descentralizaron para volver a otras formas de descentralizacin a travs de mecanismos de desregulacin estatal. 

      En mi opinin, los rganos locales de poder ciudadano y poltico deben estar preparados para hacerse cargo de desafos de gobierno que no estarn exclusivamente propuestos por el gobernante municipal sino que sern parte de una agenda nacional de reformas que se transfieren hacia los espacios territorialmente localizados. Es el caso de la desregulacin de Ose, de UTE, de Salud Pblica, etc.

      En este contexto, los rganos de gobierno local son unidades de gobierno institucionalizadas (aspecto que constituye el principal legado hasta el momento del modelo del Encuentro Progresista- Frente Amplio) que van a tener que hacerse cargo en el mediano plazo de tareas de gobierno que no las propondr Arana, sino el gobierno nacional. Es decir, que en el territorio local debern enfrentarse acciones que estn vinculados a racionalidades del gobierno central, a lgicas de las empresas que gestionen en forma privada o desregulada los servicio pblicos en el territorio y a las lgicas propiamente municipales.

      En suma, el aporte histrico del gobierno del Encuentro Progresista - Frente Amplio de institucionalizar un modelo de gestin participativa (an en su fase desconcentradora) y de habilitar la convivencia entre una poltica de partidos y una poltica de ciudadanos con respaldo institucional genera condiciones mas adecuadas para la gestin autnoma del territorio local, donde confluirn racionalidades polticas del gobierno municipal, del gobierno central y del mercado.

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