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Gobiernos
locales,
descentralización y participación ciudadana en Montevideo
Seminario
10 años de descentralización: un debate necesario
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Descentelización:
¿Cuál? ¿Cómo? ¿Por qué?
por Ana María Olivera
Profesora, directora de la
División Oeste del Departamento de Descentralización de la
IMM
(Extractado de la revista Bitácora, del diario La República)
"…la participación ciudadana es el camino
irremplazable para impulsar el proceso de profundización de la
democracia y constituye un ingrediente esencial para dotar de
sentido democrático a la descentralización que el Frente
Amplio propone.
Si la participación ciudadana es un componente ineludible para
dar un profundo contenido democrático a la descentralización,
ésta a su vez es el camino privilegiado para instrumentar la
participación".
Bases
programáticas para el gobierno departamental. Frente Amplio.
Documento 6 pág. 10 - 18/05/89
La posibilidad de abordar desde estas páginas algunos aspectos del
proceso de descentralización instalado en el departamento de
Montevideo de 1990 a la fecha, me pareció una iniciativa que se
acompasaba con una necesidad que tenemos muchos que, de una forma
u otra, hemos sido protagonistas de este proceso, de hacer un
balance del mismo para poder proyectarlo y enraizarlo aún más en
la vida de nuestro país. Como estoy convencida que no debe ser un
debate de "especialistas", el abrirlo a la sociedad es
imprescindible, entre otras cosas para ser fiel al propio
proyecto.
La palabra descentralización tiene un profundo contenido que no es
conocido muchas veces por quienes hablan de la misma, o le dan
otro distinto.
En el mundo, en la región, en nuestro país, muchos hablan de la
descentralización, muchos han puesto en práctica
"descentralizaciones", algunos coincidiendo con nosotros en el
objetivo de profundización de la democracia (de radicalización de
la democracia dijimos en algún momento y lo siguen así diciendo
los compañeros del PT en Brasil) aunque por caminos distintos que
dan cuenta de su propia realidad, otros con objetivos muy
diferentes, opuestos a los nuestros.
Decíamos en el Documento 6
al que ya hemos hecho mención que la descentralización es un
instrumento, y no un fin en sí mismo, por lo que puede adquirir
signos diversos. Por esta razón es sustancial la definición de
cuál es nuestra descentralización.
Muchas veces para abreviar decimos que el nuestro es un proyecto
de descentralización participativa, pero vale la pena profundizar
y reforzar el contenido de estas palabras.
Mientras la estrategia neoliberal impulsa la desestructuración de
la sociedad, su atomización, la dessolidaridad y el
individualismo, nuestro proyecto impulsa la participación
organizada de ciudadanos conscientes construyendo su futuro, el
involucramiento en las políticas públicas, la solidaridad.
El eje del proceso de descentralización de Montevideo es la
participación organizada de los vecinos como protagonistas,
participación que se debe construir y reconstruir cotidianamente,
entramado social que debe extenderse y entrelazarse, construyendo
el camino de redistribución del poder y por lo tanto de
profundización de la democracia.
La descentralización también implica desconcentración de
servicios, con un acercamiento a la población de los mismos para
satisfacer mejor sus necesidades, pero esto sólo no es nuestra
concepción. Es claro que es un objetivo fundamental la mejora de
la gestión a partir de los servicios que se brindan desde lo local
y que debe seguir siéndolo. Pero no necesariamente redundará en un
involucramiento en los problemas locales por parte de los vecinos,
sino que existen los ámbitos adecuados para el desarrollo de la
participación y herramientas y estrategias para la misma.
Nuestro proceso de descentralización implica una modificación de
las relaciones de poder, una nueva manera de relacionar lo
político institucional y lo social, o en todo caso y por eso
repetimos lo de proceso, ir construyendo este nuevo
relacionamiento, ya que muchas veces a lo largo de estos años
hemos necesitado pegarnos un sacudón a nosotros mismos frente a
las posibilidades de resecamiento o enquistamiento de las
instancias de participación creadas.
No queremos construir simulaciones de participación, necesitamos
una participación real y la pelea es con nosotros mismos para no
pensar por los otros, sino construir juntos, la pelea es para que
en las instancias de participación que se generan no se produzcan
parcelamientos de espacios de poder que imposibilitan la
incorporación de nuevas organizaciones y vecinos.
Quizás todo esto es demasiado abstracto para quien no ha sido
partícipe de esta experiencia o la ha mirado de fuera (es un tema
a analizar el porqué aún no es patrimonio de todos). Por eso vale
la pena señalar algunos aspectos de la práctica de estos diez años
y los sucesivos debates promovidos para avanzar y consolidar la
descentralización en Montevideo.
La descentralización instalada en 1990, (e impugnada
inmediatamente) trata de impulsar el principal compromiso asumido
con los montevideanos en el programa votado mayoritariamente por
la ciudadanía, la participación de los vecinos en la gestión
local, y el acercamiento de la misma a la ciudadanía. Cuenta por
un lado con todo el fervor de lo fundacional y por otro con
prejuicios de algunos sectores respecto a la partidización o no de
las instancias de la descentralización. Del 90 al 93 los vecinos,
las organizaciones sociales junto al equipo de gobierno en cada
una de las 18 zonas en que se territorializó el departamento de
Montevideo, van modelando la propuesta a partir de la práctica que
van realizando. En 1992 la sintetizan en el 1er. Foro de
Montevideo, donde el núcleo central de debate es cuáles deben ser
las instancias de participación y quiénes la componen.
En 1993 se institucionaliza el proceso de descentralización
culminando un prolongado debate en la Comisión Mixta creada entre
el Ejecutivo Comunal y la Junta Departamental. Los decretos
emanados de la Comisión Mixta plasman el complejo sistema de la
descentralización con muy pocas variantes de lo que hoy tenemos.
En lo sustancial es la existencia en cada una de las 18 zonas, de
tres órganos que deben funcionar interrelacionados con roles y
potestades diferentes. Para muchos montevideanos encuestados
previo a la última elección de los Concejos Vecinales, en realidad
identificaban con claridad a uno de los tres órganos, el
institucional, el Centro Comunal Zonal, y no podían establecer la
diferencia o no conocían la existencia de los otros dos. Por esto
vale la pena precisar cuáles son esos tres órganos que funcionan
en cada zona.
Esto que graficamos para que sea más comprensible, si es complejo
verbalizar su funcionamiento y su articulación, no menos complejo
ha sido ir delimitando claramente los roles y competencias en la
práctica más allá de la interpretación de los decretos. En este
artículo no nos vamos a detener en el funcionamiento de lo
institucional, el Centro Comunal Zonal, como desafío de gestión,
con un proceso de crecimiento de tareas y por lo tanto de aumento
de su complejidad en tanto servicio de tareas múltiples y variadas
(no por no considerarlo de importancia). Si embargo preferimos hoy
abordar el desafío teórico y práctico de la participación
ciudadana, de sus avances y las trabas en su desarrollo.
El complejo sistema de tres órganos interrelacionados y
fundamentalmente el relacionamiento entre el órgano político
(Junta Local) y el órgano social (Concejo Vecinal) nos ocupó mucho
tiempo hasta el año 1996 en que se realizó Montevideo en Foro II.
Pero ya desde el año 1995 cuando se realizó la segunda elección de
los Concejos Vecinales comenzamos a sentir la necesidad de "
airear la descentralización".
¿Qué avances se habían producido en aquellos que integraban los
Concejos Vecinales (vecinos electos por vecinos)? Habían logrado
ir adquiriendo una visión más allá del barrio al que representaban
para ser capaces mayoritariamente en adquirir una visión de zona.
Esta visión de zona "obligaba" al ejercicio de la solidaridad,
frente a necesidades apremiantes que significaban postergar otras
iniciativas.
¿Qué dificultades veíamos algunos? Que en muchos casos el
funcionamiento del órgano hacía perder la referencia de los
concejales de las organizaciones y los vecinos a los que
representaban, que en muchos casos volvíamos a reproducir
"caudillos" zonales, que la contienda de competencias de poder en
definitiva les hacía perder de vista todo lo amplio que era el
decreto marco de su creación.
A título de ejemplo, el decreto habilita al Concejo Vecinal frente
a problemas que afectan al conjunto de la zona a convocar lo que
se denomina Concejo Abierto (especie de Cabildo Abierto) para su
debate. Muy pocos Concejos Abiertos hemos tenido en todo este
período y no porque no existan problemas que ameriten ese debate,
como la salud, la vivienda, el medio ambiente… Estos temas
estuvieron presentes en Montevideo en Foro II, donde acuñamos la
consigna de "descentralizar la descentralización", esto es la
necesidad de que el Concejo Vecinal abra sus puertas a más y más
vecinos, pero lléndolos a buscar, reuniéndose en los diferentes
barrios, logrando que los presupuestos sean analizados y luego
conocidos por todos los montevideanos de cada zona. Reconocemos
que en la situación actual es un esfuerzo titánico, con los
problemas de trabajo, de empleo, de salario, el realizar esta
tarea de militancia social, por eso la participación organizada es
una batalla cotidiana contra la desesperanza.
Uno de los debates que se procesaron más importantes, a mi juicio,
fue el que el Concejo Vecinal no es un fin en sí mismo, que la
participación no se agota en el Concejo, que las comisiones de
trabajo en cada una de las zonas deben ser abiertas a todos los
vecinos y que su rol fundamental es contribuir al desarrollo del
tejido social en cada barrio, a su consolidación y
entrelazamiento.
También consideramos sustancial que su rol no se agote en los
temas municipales y que los problemas de una zona están vinculados
a temas de carácter nacional y que tienen una herramienta que no
están utilizando en muchos casos.
Pero todas estas dificultades y desafíos permanentes, no empañan
lo que ha significado el proceso de descentralización para los
montevideanos, sean partícipes o no de él.
Para participar los ciudadanos deben contar con elementos de
información y deben existir procesos de capacitación para la toma
de decisiones. Para esto el gobierno de Montevideo, supo utilizar
dos magníficas herramientas, el Plan Estratégico de Montevideo, y
el Presupuesto Municipal.
En 1990 con Descentralización impugnada los vecinos de Montevideo
elaboraron su 1er. Plan Quinquenal que no era otra cosa que una
interminable lista ordenada de demandas. Luego de esto comenzaron
a trabajar en comisiones temáticas, recibieron el apoyo y
asesoramiento de los técnicos municipales.
En 1994 debieron asumir el ser parte de la elaboración del Plan
Estratégico de su zona, y estudiarlo por lo tanto en todos sus
aspectos, en el uso del suelo, el plano social, cultural y
económico. Se apropiaron de su zona y a muchos Concejos les
permitió elaborar su propio proyecto de zona.
En 1995, los vecinos de Montevideo, a través y con los Concejos
elaboraron el segundo plan quinquenal sustancialmente distinto, en
la gran mayoría de las zonas eran verdaderos programas, pero luego
les siguieron los ajustes anuales, por lo tanto el ejercer el
control de lo acordado y negociado con el equipo de gobierno.
A finales de 1999, con nuevos concejos electos en 1998 con una
renovación de casi un 80% de los concejales (tema sobre el que no
hemos profundizado las causas) se realiza una actualización zonal
a través de los planes estratégicos zonales, en castellano quiere
decir que los Concejos, no solos, sino tratando de llegar a la
mayor cantidad de vecinos posibles, analizaron cuáles habían sido
las transformaciones que habían sufrido las zonas por acción u
omisión tanto del gobierno departamental como del gobierno
nacional y vuelven a partir de ese análisis a proyectar las
acciones y programas que deberían llevarse adelante en el futuro.
Luego que asumiera el nuevo equipo de gobierno el 13 de julio de
2000 con materiales presentados por este equipo a los Concejos
Vecinales donde éstos reciben una información global de la
situación presupuestal municipal, manteniendo los principios de
esta administración de invertir más donde están los más
necesitados, de mantener la inversión social en función de la
situación que están viviendo los montevideanos (al igual que el
resto de los uruguayos).
Los concejos vecinales preparan sus propuestas de presupuesto que
serán presentadas en cada zona en una reunión con todo el equipo
de gobierno, abierta a todos los vecinos. Y una vez más queda
claro el nivel alcanzado con propuestas que reflejan las
necesidades más acuciantes, nuestra experiencia de todos estos
años demuestra que nunca ha habido planteos descabellados.
Esta elaboración del presupuesto que sin duda no tiene el
marketing publicitario que tiene el presupuesto participativo de
Porto Alegre (y no lo decimos críticamente hacia ellos) es quizás
una de las herramientas más importantes para el protagonismo de
los vecinos de Montevideo, pero no sólo tiene este fin. La
elaboración del presupuesto zonal por parte de los vecinos,
permite actuar al gobierno municipal, en función de prioridades
claramente establecidas, sabiendo que responde a reales
necesidades y por lo tanto haciendo más eficiente su gestión.
Esto que estamos planteando, no es autocomplacencia, ¿qué
debilidades tenemos aún? Variadas y que están sobre la mesa de
discusión en lo cotidiano y en la perspectiva para poder seguir
avanzando.
Hemos decidido iniciar en mayo de este año un debate sobre cómo
seguir avanzando en este proceso, sobre cómo viven los integrantes
del ejecutivo comunal, del legislativo comunal, los vecinos de
Montevideo y los funcionarios municipales, cuáles son las trabas
en su desarrollo y no precisamente para tirar lo acumulado por la
ventana, sino para potenciarlo, ¿serán necesarias modificaciones a
los decretos? Quizás esto no sea lo más importante pero estará
también sobre la mesa. Estoy segura sí que este debate no debe
paralizarnos, que debemos seguir construyendo ciudadanía en medio
de él, con las posibilidades no agotadas que nos da hoy el marco
jurídico que tenemos, aún inexplorado en muchos aspectos.
Hoy habemos muchos "enamorados" de este proyecto, que vivimos cada
problema de los montevideanos como el propio, que nos ha permitido
ver que es posible gobernar distinto como muchas veces lo
imaginamos, que todos tenemos algo para aportar pero que hay que
crear las mejores condiciones para eso. También en ese
enamoramiento somos conscientes de los defectos que tiene de quien
nos hemos enamorado. Que hay tensiones que no hemos superado como
la de lo central y lo descentralizado, que es un cambio que ha
conmocionado la estructura municipal y por responsabilidad propia
no de otros no hemos alcanzado el involucramiento del conjunto del
funcionariado en este proyecto. Que la visión local y la de todo
el departamento deben conjugarse y no contraponerse.
Seguramente podríamos seguir enumerando los temas que nos hemos
planteado a lo largo de estos años, las interrogantes a las que
aún no hemos dado respuesta, pero lo más importante es aceptar el
desafío de esta construcción colectiva, demostrar que se puede
construir de esta manera, una sociedad con justicia, demostrarnos
a nosotros mismos que la actividad política, que las políticas
públicas no son patrimonios de una elite, sino que el pueblo puede
ser protagonista y saber que ese protagonismo no nace
espontáneamente, se construye.
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