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Gobiernos
locales,
descentralización y participación ciudadana en Montevideo
Seminario
10 años de
descentralización: un debate necesario
vecinet-noticias - No. 366
vecinet.noticias@gmail.com
Intendente de Montevideo, Arq. Mariano Arana
Modernización sí,
pero modernización
solidaria
"(...) En cada una de las zonas
los Concejos Vecinales, nuestro equipo de gobierno realiza un
ejercicio conjunto de construcción de un presupuesto en forma
participativa, donde los propios vecinos son factor
determinante para fijar las prioridades de obras, servicios y
programas sociales, conformando de este modo una síntesis de
las aspiraciones de la población en cada ámbito zonal y de las
propuestas y posibilidades determinadas a nivel de la
municipalidad."
"Se trata de un ejercicio profundamente democrático, que se
materializa en el involucramiento en un proceso de análisis y
debate público en el que forman parte varios miles de
ciudadanos, que dedican generosamente parte de su tiempo a
tareas de claro beneficio comunitario."
El Intendente de Montevideo, Arq. Mariano Arana, inauguró
la segunda reunión anual de la red de "Políticas Sociales Urbanas"
del Programa URB-AL. En este encuentro, que finalizará mañana,
participan representantes de ciudades de Alemania, Argentina,
Bélgica, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Cuba, Chile, Dinamarca,
España, Francia, Honduras, Italia, Perú, Uruguay y Suecia.
URB-AL es un Programa de cooperación descentralizada de la
Comisión Europea, dirigido al conjunto de ciudades, aglomeraciones
y regiones de la Unión Europea y de América Latina. El objetivo es
multiplicar los intercambios de conocimientos, de experiencias y
de técnicas, desarrollando una asociación directa y durable entre
socios locales a través de encuentros e intercambios.
Esta asociación tiene como base el funcionamiento de redes
agrupadas en torno a temas de interés común. Las redes temáticas
constituyen marcos de cooperación permanente, en los cuales se
establecen proyectos comunes con miras a la puesta en marcha de
relaciones sólidas de asociación. Las redes admiten como socios
externos a universidades, fundaciones, empresas, organizaciones no
gubernamentales, centros culturales, científicos y técnicos.
Actualmente funcionan ocho redes temáticas, referidas a droga y
ciudad, la conservación de los contextos históricos urbanos, la
democracia en la ciudad, la ciudad como promotora del desarrollo
económico, políticas sociales urbanas, medio ambiente urbano,
gestión y control de urbanización y control de la movilidad
urbana.
Participarán en la red Nº 5, coordinada por la ciudad de
Montevideo, 150 municipios y regiones, de los cuales 105
pertenecen a América Latina (70%) y 45 a la Unión Europea (30%).
Esta red cuenta con 24 socios externos, lo que lleva a 174 el
número de entidades asociadas.
Intervención del Intendente Municipal de
Montevideo, arquitecto Mariano Arana,
en la reunión anual de trabajo de la Red Nº 5 "Políticas
sociales urbanas" del Programa URB-AL
31 de mayo de 2001 - Intendencia Municipal de Montevideo
"Señor representante de la Comisión Europea.
Señores representantes de ciudades y regiones de América Latina
y Europa.
Invitados especiales.
Integrantes de nuestro equipo de gobierno municipal.
Amigos todos:
En primer lugar queremos agradecer a todos los presentes haber
llegado hasta nuestra ciudad, en algunos casos desde lugares muy
alejados, para compartir con nosotros una instancia importante
de análisis y reflexión.
Deseamos realizar un aporte a este importante foro de análisis y
debates, en el cual procuraremos aprender de las experiencias de
los demás y en alguna medida poder transmitir la nuestra, una
experiencia que estamos desarrollando en el ejercicio del
gobierno municipal de esta ciudad de Montevideo, capital del
Uruguay, un pequeño rincón del cono Sur de América, donde desde
el año 1990, se viene realizando una gestión de orientación
sensible a los sectores populares, procurando instalar una nueva
forma de gobernar.
Una manera de gobernar con la gente, procurando involucrar
activamente, a través de modalidades participativas, a la
ciudadanía toda en la gestión de los asuntos públicos, de su
ciudad, de su entorno, de su ámbito comunitario.
La cuestión de la pobreza en el mundo actual
Estamos convencidos que la cuestión de la pobreza sigue siendo
una de las asignaturas pendientes de nuestra civilización
planetaria, al alborear el siglo XXI.
Todos quienes hemos sido en alguna medida protagonistas del
siglo XX podremos coincidir con el historiador británico Eric
Hobsbawm, en el sentido de caracterizarlo como un período
contradictorio, un tiempo en el que se produjeron grandes
avances civilizatorios y humanizadores, a la vez que se
registraron algunos de los episodios de barbarie e intolerancia
más indignos que haya conocido la especie humana. Entre ese
impulso civilizatorio, humanizador, progresista, alentador de la
ciencia y la técnica, del progreso espiritual y material, y el
simultáneo empuje de las fuerzas de la intolerancia, el
oscurantismo y la barbarie, que se han traducido en situaciones
de violencia, de pobreza y de exclusión social, hemos navegado
en las últimas décadas, lo que llevó a Hobsbawm a bautizar este
tiempo como la "era de los extremos".
Al finalizar el siglo, en nuestro balance de luces y sombras,
quedan registradas circunstancias, hechos y procesos muy
positivos, aunque en no pocos casos interrumpidos o frustrados.
El siglo XX ha sido, en buena medida, un tiempo emblemático para
quienes sostenemos e impulsamos las aspiraciones de progreso y
emancipación social, un tiempo claramente marcado por los
proyectos colectivos. Esos proyectos colectivos que en forma
también colectiva y plural, en muchos puntos del planeta,
procuramos actualizar y resituar en el nuevo escenario de
mundialización, al cual no podemos sustraernos.
El "pensamiento único" y los proyectos colectivos
La intención de reenfocar, resituar y actualizar un proyecto
colectivo, a la vez moderno y solidario, supone en el momento
presente explicitar algunos fundamentos. Explicitación que en
modo alguno es ociosa, dado que las formas dominantes de
comunicación social pretenden hacernos creer que estamos
asistiendo a nivel mundial a la hegemonía supuestamente
incuestionada del llamado "pensamiento único", de matriz
filosófica ultraliberal. Se nos ha pretendido hacer creer que la
llamada "globalización" es un proceso avasallador, homogéneo,
unidireccional, inexorable, ingobernable, incuestionable e
incuestionado.
Por cierto que la versión ideológica de la supuesta inexistencia
de alternativas, no se compadece con la verdad. La propia
realización de programas y actividades como las que aquí nos
convocan, con un apoyo oficial de la Unión Europea es una
comprobación.
El Foro Social Mundial, realizado en enero en la ciudad de Porto
Alegre o la cumbre de los pueblos de Québec, dan cuenta de una
realidad que es mucho más compleja y más diversa que la que con
frecuencia se nos quiere presentar.
La explicitación a la que hacíamos referencia, supone, en primer
lugar, la reivindicación de la acción colectiva como práctica
capaz de transformar positivamente la realidad. Acción que puede
traducirse en la práctica política o en las más diversas
prácticas sociales, con un sentido profundamente solidario y a
la vez transformador. Explicitación que, entre tantas otras
ideas olvidadas o relegadas, deberá acudir nuevamente al
concepto de "desarrollo" como una aspiración posible y una
construcción viable, en el marco de un proyecto colectivo.
Explicitación que también supone admitir la pluralidad de
lecturas de la realidad y la pluralidad de puntos de vista,
tanto para interpretarla como para actuar sobre ella.
Explicitación que necesariamente involucra un compromiso con los
sectores menos favorecidos de la sociedad; los de aquellas
personas, familias y grupos sociales que han sido afectados más
negativamente por la llamada "globalización"; globalización que
es frecuentemente concebida con inclusión de los menos y con
exclusión de los más.
La nueva realidad de la pobreza en las ciudades
Si bien es esta una realidad de alcance mundial, en las
sociedades del Sur es donde se visualizan algunas de las
situaciones más hirientes. En nuestras sociedades periféricas,
las situaciones sociales no han cesado de deteriorarse en los
últimos años.
Las condiciones "tradicionales", por así llamarlas, en que se
venían registrando las realidades de la pobreza, se han
agudizado por una situación de clara exclusión. Exclusión que
supone una radical pérdida de valores y la consolidación de un
esquema social dual, escindido, fragmentado. A la pobreza
estructural, presente en todas las sociedades del mundo
capitalista central o periférico, se agregan ahora las nuevas
formas de la pobreza, que en una altísima proporción se
concentran en las aglomeraciones urbanas.
Los "nuevos pobres" y los núcleos duros de pobreza estructural
plantean, en particular a las sociedades urbanas contemporáneas,
nuevos desafíos y mayores exigencias de respuesta.
Es en las ciudades y en sus áreas más o menos extendidas de
pobreza donde se registra la reproducción biológica y social de
las poblaciones y de las condiciones económicas y culturales que
generan esa hiriente realidad.
No es una novedad reconocer que es en las ciudades -
particularmente en las grandes ciudades y en las metrópolis
contemporáneas - donde se concentran y se ponen de manifiesto
las condiciones de extrema precariedad.
Es por ese motivo que estamos convencidos que es precisamente a
nivel de las ciudades y de las comunidades locales donde deberán
articularse las respuestas para superar esas realidades.
Mal entenderíamos y abordaríamos el problema de la pobreza si
creyéramos que éste se restringe a los sectores de población que
genéricamente denominamos "pobres". Muy por el contrario, se
trata de una realidad que a todos afecta.
La realidad hiriente de la pobreza y de la exclusión debe ser
abordada por el conjunto de la sociedad.
Nuestra apuesta a las políticas sociales y culturales
Por los motivos expuestos, en la ciudad de Montevideo estamos
apostando, desde hace ya más de una década, a las políticas
sociales y culturales. Políticas que estamos desplegando con la
intencionalidad, ya no sólo con el propósito de evitar la
exclusión social, sino principalmente de favorecer la inclusión.
Procuramos que esas actuaciones sociales y culturales se
conviertan en auténticas políticas de desarrollo económico y
social, que soslayen la visión asistencialista para afirmar un
modelo de promoción educativo y cogestionado con la comunidad.
En ese camino procuramos conjugar esfuerzos, generar estímulos y
condiciones, promover sinergias.
Con tal propósito es que hemos venido trabajando con diversas
entidades vecinales y sociales y organizaciones no
gubernamentales. Apostamos así a la confluencia de intereses y
de esfuerzos con el llamado "tercer sector".
También procuramos involucrar al sector privado en actuaciones
conducentes al bien público. Por otra parte, buscamos tenazmente
coordinar actuaciones con el gobierno central para no duplicar
esfuerzos y potenciar los recursos públicos, siempre escasos,
por cierto.
Apostamos a las políticas sociales no sólo en tanto actuaciones
compensatorias de los desequilibrios y desajustes producidos por
el modelo económico hegemónico, sino por sobre todo, como una
oportunidad de jerarquizar y estimular la cohesión social.
El "derecho a la ciudad" tiene como un componente básico el
derecho al acceso y disfrute de los bienes culturales y los
beneficios del conocimiento y de la técnica.
Apostamos, principalmente, a la construcción de ciudadanías, a
la ampliación de la participación pública y la responsabilidad
ciudadana, al estímulo a la participación política y el
involucramiento creciente en los asuntos comunitarios, como
modos de promover un crecimiento individual y colectivo que
conlleve a una mayor igualdad de oportunidades y contribuya a
combatir las situaciones de discriminación de cualquier
naturaleza.
El papel de los gobiernos locales
Somos conscientes que la gran mayoría de las autoridades locales
de nuestros países se ven obligadas a manejarse con recursos muy
limitados.
Por ese motivo, valoramos toda postura de gobierno que incentive
la participación, el involucramiento, la actuación colectiva.
Creemos que es necesario, por sobre todo, apostar a la
sensibilidad y a la creatividad, latentes en el colectivo social
y que es necesario despertar y estimular.
Estamos convencidos que la gestión de gobierno a nivel local, en
nuestros países pobres, no debe traducirse en una pobre gestión
de gobierno. Ni pobreza de ideas ni pobreza de iniciativas, ni
mucho menos pobreza de sensibilidad para con los postergados y
los vulnerados.
Hace muy pocos días, realizando una intervención ante nuestro
equipo de gobierno, nosotros resumíamos el espíritu que nos
anima señalando que no habíamos accedido a esta responsabilidad
que nos confió la ciudadanía para administrar la crisis. Por el
contrario, estamos para realizar transformaciones profundas y
perdurables.
Diferentes experiencias exitosas en todos los continentes
-algunas más próximas y otras más distantes- nos están mostrando
que con una clara dirección de trabajo y un más claro compromiso
con los sectores populares, apostando al protagonismo de éstos,
es posible superar no pocas de nuestras urgencias y, a la vez,
avanzar hacia una sociedad más justa, solidaria y democrática.
Vale la pena señalar también, que apenas unas pocas semanas
atrás, tuvimos la oportunidad de encontrarnos con los Jefes de
Gobierno e Intendentes de algunas de las más importantes
ciudades del Cono Sur de América: Buenos Aires, San Pablo,
Rosario, Porto Alegre, Belo Horizonte y -por supuesto-
Montevideo. Reunión de trabajo, donde se conjugaron visiones
significativamente confluyentes, tanto en lo relacionado con los
diagnósticos como en las apuestas de futuro.
Confiamos mucho en tales confluencias.
La recuperación de la idea de desarrollo
Corresponde que, en un ámbito jerarquizado de nivel
internacional como el que hoy se inaugura, se vuelva a manejar
-frontalmente y sin complejos- el concepto de
"desarrollo".
En el pasado reciente se pretendió relegar el concepto y el
vocablo desarrollo "al cajón de los elementos inservibles" o, en
todo caso, a la vitrina de las curiosidades arqueológicas. Por
cierto que tal hecho no logró desbaratar el carácter
vertebrador, aglutinante, convocante, del paradigma del
desarrollo.
En el momento presente, y frente a las incertidumbres e
interrogantes que se plantean en relación con el futuro
inmediato, ese concepto ha vuelto a resurgir como una necesidad
del colectivo social.
Desde luego, no confundimos "desarrollo" con el exclusivo
crecimiento cuantitativo, dejando de lado valores que
consideramos sustantivos.
Ética y desarrollo constituyen un singular binomio –para
nosotros indisoluble- mientras la concepción economicista
pretendió reducir la idea de desarrollo a la de mero
"crecimiento económico".
En la actualidad, con la distancia crítica respecto a debates y
discusiones que datan de más de treinta años atrás, estamos en
condiciones de recuperar en forma crítica y creativa esa noción
de desarrollo y, a la vez, estamos en condiciones de explorar
los múltiples puntos de contacto con el plano de lo ético.
Ya en los años cincuenta el aporte innovador y original en el
campo del pensamiento de figuras removedoras de las ciencias
sociales, como lo fue para nosotros el padre Louis Joseph
Lebret, estaban levantando y promoviendo por toda América Latina
la idea de una "Economía Humana" como una manera de enlazar los
valores humanos esenciales con las interpretaciones y las
propuestas de cambio económico y social. Tengamos en cuenta que
la influencia del pensamiento del padre Lebret y de la
influencia ideológica de la escuela de la Economía Humana no fue
por cierto menor en América Latina desde entonces, aunque en no
pocos casos se la ha observado con visible desdén desde ciertas
posturas académicas y tecnocráticas.
Del mismo modo, el pensamiento desarrollista desde los primeros
tiempos de CEPAL y la influencia del pensamiento de la escuela
económica dependentista, así como los aportes de las vertientes
fuertemente críticas a la economía capitalista de inspiración
socialista, confluyeron en la gestación de un pensamiento
original en nuestra América. Vertientes todas que, desde un
inicio, procuraron conciliar desarrollo económico y desarrollo
social con un fuerte compromiso ético.
Centrándonos en nuestra experiencia específica, la gestión
municipal de la ciudad y el departamento de Montevideo en los
últimos once años, hemos procurado compatibilizar en la
práctica, la estrecha y para nosotros ineludible interrelación
que debe existir entre el sustrato ético que debe regular la
acción política y, en general, toda actuación pública y las
políticas públicas, entendidas éstas como políticas orientadas
al desarrollo económico y social.
En los últimos años hemos venido reflexionando acerca del
concepto de "capital social" y su implicancia en los procesos de
desarrollo.
Bernardo Kliksberg, especialista en políticas sociales del BID,
ha venido manejando esta sugerente y removedora categoría
conceptual en diversas publicaciones y conferencias dictadas en
diferentes reuniones de carácter internacional a las que hemos
tenido acceso.
Se viene reconociendo en forma creciente el papel decisivo y aún
determinante que la articulación social y el acervo cultural
desempeñan en todo lo relacionado con las expectativas y
posibilidades de generar un proceso de desarrollo económico y
social sustentable. Sustentable, en primer término, en su
dimensión temporal, y sustentable tanto en lo relacionado con su
dimensión ambiental como también en su dimensión económica,
social y cultural.
Estamos convencidos que es el campo de lo cultural un ámbito en
el cual se definen importantes cuestiones relacionadas con el
desarrollo y con el bienestar de nuestras poblaciones.
Estamos convencidos que al analizar los problemas del desarrollo
debemos incorporar nuevos elementos a los paradigmas existentes.
Incorporación que supone establecer una clara relación entre el
pensamiento económico y la realidad; la incorporación de
variables sociales y políticas y aún culturales en el análisis
económico, así como supone también, incorporar la referencia
ética en el análisis económico. Entendemos que la cuestión ética
se puede y se debe plantear en economía a partir de la propia
lógica económica, y no desde una moral que la corrige desde
fuera. El objetivo sigue siendo, al igual que hace cincuenta
años, pensar un "desarrollo integral", tal como lo planteaba
CEPAL. Un desarrollo en el cual la reformulación de la lógica
económica encuentre su posicionamiento en forma conjugada con la
imprescindible sensibilidad social.
El protagonismo de las ciudades a nivel mundial
En ese contexto de experimentación, de búsquedas y de encuentros
relacionados con los paradigmas del desarrollo social, es que en
los años 90 asumen un especial y creciente protagonismo los
gobiernos locales. Una realidad de alcance mundial que se ha
puesto muy especialmente en evidencia en nuestra América Latina,
donde los gobiernos y autoridades locales han asumido nuevos
roles y juegan un papel determinante en los procesos de
desarrollo.
Se trata de un proceso gestado y desarrollado en forma paralela
a los procesos de "ajuste" económico implantados a partir de los
años 80, claramente regresivos en lo social, que golpearon
fuertemente a la mayoría de los países de nuestra América
Latina. La actuación generada en muchas ciudades y ámbitos
locales alentó algunas estrategias de enfrentamiento a ese
modelo hegemónico; en particular, la articulación de actores
sociales con gobiernos comunales, generalmente de signo
progresista, para impulsar un "proyecto local" con fuerte
énfasis en los componentes de política social.
En este camino estamos convencidos que no estamos solos, y que
esa dirección de trabajo ha sido validada en diversos foros
internacionales.
En la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos
Humanos - Habitat II- (Estambul, 1996) se otorgó un papel
central a los gobiernos y autoridades locales. En dicha cumbre
mundial se llamó expresamente la atención sobre esta nueva y
dinámica realidad y se le dio un nuevo impulso y validación, en
la medida que las resoluciones de la Conferencia comprometen a
los gobiernos de todo el orbe.
En aquella oportunidad se destacó la creciente incumbencia de
los municipios en materia de política social e iniciativas de
desarrollo local.
Tanto en la propia cumbre como en la Asamblea Mundial de
Ciudades y Autoridades Locales (AMCAL) que la precedió, se
destacaron los avances registrados hasta entonces en la gestión
de gobierno a nivel local y se valorizaron altamente algunas
experiencias en particular, tales como la implementación de
políticas sociales, la elaboración de los presupuestos en forma
participativa o el trabajo conjunto con actores locales, con la
sociedad civil y en particular con ONGs y organizaciones
comunitarias.
En esa oportunidad, en los debates producidos y en los textos de
las resoluciones se efectuó un respaldo explícito a la labor
desplegada en las últimas dos décadas por parte de los gobiernos
locales y particularmente a su destacada actuación en relación
con el mejoramiento de los asentamientos humanos.
Se trata de un dinámico proceso, aún en curso, que tiene alcance
mundial. Por lo tanto, los mismos datos y las mismas
afirmaciones asumen una específica validez tanto para nuestros
países americanos como para el mundo europeo. En numerosos
municipios y ciudades, tanto de América Latina como de Europa,
se vienen consolidando estos procesos de protagonismo creciente
de los municipios y la reivindicación por parte de los mismos de
las imprescindibles transferencias de recursos de parte de los
gobiernos nacionales, reivindicación que con frecuencia es
soslayada o desatendida, generándose así diferentes modalidades
de conflictividad o desentendimiento.
En este contexto es que estamos llevando adelante nuestra
específica gestión de gobierno municipal en Montevideo.
La experiencia de Montevideo
Montevideo es la ciudad capital más austral del hemisferio Sur.
Con una población de algo más de 1:350.000 habitantes, el
departamento de Montevideo, con unos 520 km2, concentra un 44%
de la población total del país. En tanto capital del país es
sede del Poder Ejecutivo nacional, de sus Ministerios y del
Parlamento, así como de la Suprema Corte de Justicia. Concentra
además más de dos tercios de la actividad industrial, la casi
totalidad de la educación superior y un muy elevado porcentaje
de las actividades culturales y recreativas.
La ciudad de Montevideo constituye, a escala del Uruguay, una
ciudad de porte metropolitano.
Es el centro principal de una extensa y dinámica área
metropolitana, que incluye una parte importante de los
municipios vecinos y que aglutina una población superior al
millón y medio de personas.
En tanto responsables de la gestión municipal de la capital, nos
consideramos responsables de trabajar por un Montevideo al
servicio del país todo.
Una aspiración que se vuelve prioritaria si además consideramos
que Montevideo aspira a desempeñar un papel relevante en el
proceso de integración regional del subcontinente austral de
América, que hoy se expresa en el Mercosur.
Nuestra gestión en el campo de las políticas sociales y
culturales está fundamentada en un programa de gobierno que
expresamente fue convalidado por la ciudadanía, en el cual se
enfatiza la lucha por la inclusión social y por el desarrollo,
en un similar nivel de jerarquización.
En más de una oportunidad hemos sostenido que las políticas
sociales y culturales, y las múltiples y diversificadas
actuaciones que en el campo municipal se sustanciaron, debían
ser entendidas no sólo como políticas compensatorias de un
modelo económico y social injusto, sino también, y por sobre
todo, políticas de desarrollo económico y social.
Señalemos que esto nos ha llevado a la creación en nuestro
equipo de gobierno de un Departamento específicamente destinado
a promover un Montevideo dinámico y productivo, que hemos
denominado "Departamento de Desarrollo Económico e Integración
Regional".
Las políticas sociales y culturales constituyen el eje
vertebrador de nuestra gestión, en tanto apuntan a la médula
estructural de los problemas sociourbanos.
Esta concepción integral e integradora de las políticas sociales
y culturales implementadas en Montevideo, ha determinado que la
gestión de nuestra ciudad haya sido reiteradamente reconocida en
el plano internacional. En alguna medida, en función de esos
antecedentes, hemos accedido a ser coordinadores de la Unidad
Temática de Políticas Sociales de la red de Mercociudades y
coordinadores de la Red temática Nº 5 de Políticas Sociales
Urbanas del proyecto URB-AL apoyado por la Unión Europea.
Para impulsar el mejor desarrollo de esas políticas se ha venido
implementando en nuestra ciudad y nuestro departamento de
Montevideo un proceso de descentralización municipal con activa
participación social.
Dicho proceso, iniciado en el año de 1990, implica una división
territorial en 18 zonas, en cada una de las cuales existe un
órgano de gobierno local (Junta Local) y un órgano de
participación social (Concejo Vecinal).
Este último cuerpo, integrado por entre 25 a 40 vecinos a título
individual, electos en actos eleccionarios abiertos, a través de
la votación popular, posee las competencias de contralor de la
actividad municipal, así como de iniciativa y propuesta y de
cogestión de algunos de los programas descentralizados,
generalmente programas de profunda resonancia social.
En cada una de las zonas en que actúan los Concejos Vecinales,
nuestro equipo de gobierno realiza un ejercicio conjunto de
construcción de un presupuesto en forma participativa, donde los
propios vecinos son factor determinante para fijar las
prioridades de obras, servicios y programas sociales,
conformando de este modo una síntesis de las aspiraciones de la
población en cada ámbito zonal y de las propuestas y
posibilidades determinadas a nivel de la municipalidad.
Se trata de un ejercicio profundamente democrático, que se
materializa en el involucramiento en un proceso de análisis y
debate público en el que forman parte varios miles de
ciudadanos, que dedican generosamente parte de su tiempo a
tareas de claro beneficio comunitario.
Ello permite implementar, con éxito y arraigo creciente, las
acciones en cada una de las zonas de Montevideo y en cada uno de
los barrios de cada zona, con un significativo nivel de
compromiso e involucramiento de la comunidad.
Nuestras prioridades se encuentran en los sectores sociales más
vulnerables o menos favorecidos.
De este modo, estamos trabajando en la implementación de
programas de salud (predominantemente preventivos); programas de
capacitación y construcción de ciudadanías; de atención a grupos
sociales específicos (niños, jóvenes, adultos mayores, mujeres,
personas con capacidades diferentes) que presentan necesidades y
demandas particulares; programas de empleo; de mejoramiento
barrial y de vivienda, de creación de empresas, de recreación y
animación deportiva, de animación cultural, etcétera.
Por supuesto consideramos que una parte sustantiva de la
inversión en infraestructuras, que está realizando nuestra
municipalidad, también está dirigida a un claro mejoramiento
urbano y ambiental, que redunda en la elevación de la calidad de
vida de estos mismos sectores poblacionales a los cuales apuntan
las políticas referidas.
De estas obras nos interesa destacar los Planes de Saneamiento
Urbano (actualmente están muy avanzados los trabajos del Plan
III), apoyados financieramente por el Banco Interamericano de
Desarrollo. El Plan de Saneamiento III constituye el proyecto de
mayor envergadura apoyado por el BID en nuestro país y el mayor
monto de préstamo aprobado. Es un auténtico orgullo señalar que
estamos ejecutando el mismo dentro de los plazos y presupuestos
previstos y que, una vez culminadas, estas obras beneficiarán a
la población carenciada de numerosos barrios periféricos de
nuestra ciudad.
Concluiremos señalando que consideramos que todas estas
actuaciones forman parte de una concepción de sociedad, en la
cual la imprescindible modernización se puede y se debe conjugar
con la más amplia participación democrática, con la solidaridad
y la equidad.
Modernización sí, pero modernización solidaria.
Esperamos que nuestra experiencia y nuestras orientaciones
resumidas en estas palabras, aporten a la discusión tan urgente
como necesaria.
Tenemos muchas certezas, pero también muchas interrogantes.
Somos inconformistas: queremos lograr más resultados con la
aplicación de los mismos o menores recursos.
Las perspectivas económicas y políticas de nuestra región son
inquietantes. Sus efectos sociales son devastadores.
Ello no nos lleva a bajar los brazos, sino a redoblar los
esfuerzos. Confiamos que con el apoyo de todos Ustedes, podamos
cumplir con estos anhelos.
VER DOCUMENTOS 10 AÑOS DE DESCENTRALIZACIÓN
vecinet -
autogestión vecinal
(http://www.chasque.net/vecinet/)
Montevideo/URUGUAY
Edición Internet 2001: Guillermo
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Correo Electrónico: vecinet.noticias@gmail.com
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