D A N I E L   E S C A R D Ó
 d a n i e l @ e s c a r d o . o r g

 

Objectum
Montevideo World Trade Center 2004

 

 

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En esta instalación, Escardó decide dar algunas pistas de las influencias que lo llevaron a esta particular forma de trabajo, un vistazo de sus raíces, parte de diferentes etapas y anteriores instalaciones. Nos da la idea de un laboratorio de ciencias naturales, con sus vitrinas conteniendo muestras de diferentes especies. También nos presenta los rasgos evolutivos de estas, donde las diferentes partes se unen para dar lugar a un lenguaje singular.

 

 

La evolución de los objetos

Texto Florencia Sader

“Objectum” la nueva realización de Daniel Escardó es una instalación que recoge elementos de su carrera artística y experiencia personal, asociándolos en una suerte de retrospectiva por la obra y la vida de este artista. Nos da algunas pistas de las influencias que lo llevaron a su particular forma de trabajo, un vistazo a sus raíces, parte de diferentes etapas y anteriores instalaciones. Escardó apela a la inteligencia del espectador, con una visión limpia y depurada de sus objetos. También  nos presenta los rasgos evolutivos de éstos, donde las diferentes partes se unen para dar lugar a un singular lenguaje expresivo.

 

 

En una primera instancia, el espectador recorre un espacio habitado por estructuras metálicas, divididas en distintos niveles. Nos da la idea de un laboratorio de ciencias naturales, con sus vitrinas conteniendo muestras de diferentes especies. Una visión más próxima, nos permite comenzar a recorrer este extraño mundo de objetos inanimados, como en un juego de piezas para armar.

 

 

Es entonces cuando todo el conjunto empieza  a cobrar sentido, aún para quienes no han visto las anteriores instalaciones de Escardó. Hay una  idea de representación superior, de limpieza curativa, de exorcismo. Trae algunos elementos del pasado y al unirlos a los actuales, genera un nuevo orden. Este nuevo orden es un esfuerzo deliberado del artista por darnos una visión que nos permita entender el origen de algunas de sus creaciones, la evolución de su obra, el ambiente que lo ha moldeado desde su infancia, también a manera de acertijo y homenaje a ciertos objetos y el significado de los mismos en su vida.

 

 

Dice Escardó “Uno de mis pasatiempos favoritos era jugar con el equipo de rayos X. En esa época no estaba claro el daño que podían causar las radiaciones. Una máquina fantástica que podía ver el interior de los objetos y las personas”. Esta curiosidad no lo abandona a lo largo de su vida, posicionándolo como uno de los artistas uruguayos más eclécticos y coherentes de su generación. Ecléctico, porque no ha titubeado en experimentar con distintas técnicas, ya sea fotografía, pintura, escultura en distintos materiales o programas de realidad virtual.

 

 

Experimenta con todos estos medios de expresión sin vacilar en abandonarlos para después retomarlos, en constante búsqueda de un lenguaje, una forma de expresión particular que le permita plasmar el nuevo concepto a explorar en ese momento. Al mismo tiempo es coherente en su búsqueda. Durante toda su carrera la fascinación por la investigación lo ha llevado a ensayar nuevos proyectos siempre dentro de una misma premisa: encontrar el soporte más adecuado para plasmar sus ideas y darle vida a un universo que imagina posible.

 

 

Hay en “Objectum”, partes y objetos de series más actuales, como “Especies en Vías de Aparición”, “Salisis” y “Juguetes de Culto. Es entonces posible comprender, cómo las últimas realizaciones derivan, o están apoyadas, en las anteriores. De cómo fue necesario atravesar por esas etapas, para descubrir las claves que le permitieron construir la siguiente generación.

 

 

Hay otras líneas de lectura, que no corresponden a lo cronológico. El encadenamiento y el ritmo, están representados por una columna vertebral humana, por un pequeño objeto indígena de madera, o por un fragmento de escultura generada con patrones que van aumentando de tamaño. La proporción y el orden priman en esta instalación, como si del caos original, la clasificación, la discriminación y el sentido primordial de la creación hubiesen intervenido para revelarnos su “modus operandi”. La arquitectura de los espacios, el rigor de la geometría tridimensional y la naturaleza accidental de la vida orgánica, aparecen aquí amalgamados dentro de toda esta frialdad de laboratorio, en una secuencia rítmica que nos introduce progresivamente, en un mundo particular, como el de un coleccionista de raros tesoros.

 

 

Lo que a primera vista nos parece como una colección de objetos refinados de diseño, empieza luego a funcionar como una vorágine, que nos traslada a un entorno particular. Un mundo en el que las piezas parecen haber sido hábilmente dispuestas de una manera lúdica, para rodear al espectador y activar sus sentidos.

 

Escardó nos lleva en un recorrido por su pasado y nos ofrece las claves que permiten imaginar en que va a incursionar en el futuro. Pero aquí está una de las características más importantes de este artista, siempre logra sorprendernos con su impredecible lógica y su espíritu de explorador incansable.

Florencia Sader

 

 

 

El viaje de regreso

Texto por Horacio Campodónico

Cada hombre vive en su propio laberinto de recuerdos, que se agitan sin una estructura visible. Son imágenes aleatorias que sacuden el alma. Pero detrás de ese caos, sólo aparente, el orden existe. En 1274, en su obra “Ars compendiosa inveniendi veritatem”, (Arte Abreviado de Encontrar Verdad), Raimundo Lulio afirmaba: “Equilibrio, orden, simetría, son los signos por los cuales se reconoce a la Obra Divina”. Por eso, cada artista intenta, a través de una selva de formas, trazos y colores, encontrar estos signos de la Obra y descenderlos al plano de lo materialmente tangible.

 

 

En “Objectum”, Escardó va en busca de ese orden para recomponer sus propios recuerdos, para reconocerse y estructurar su obra. En el principio, comienza con la mirada asombrada del niño que observa los equipos médicos con los cuales trabajaban su padre y su abuelo. Es la fascinación y la magia del metal, los cables, el cromo, los espejos, las lentes y las extrañas lámparas que vibran con su luz azul.

 

 

“El encanto de la belleza, reside en su misterio -explica Schiller- y si deshacemos la trama sutil que enlaza sus elementos, se evapora su esencia toda”. En “Objectum”, la trama del misterio se rehace ahora en las estructuras que vuelven a recomponer ese pasado y que irán generando otro futuro.

 

 

En busca de ese misterio, Escardó se entrega el estudio de las estructuras biológicas. La cámara fotográfica se transforma en una herramienta de investigación. Los lentes macros, con su capacidad de amplificación, exploran las formas ocultas de los insectos, la catedral de fibras que componen los huesos, o los laberintos que forma el óxido mientras corroe el metal.

 

 

De estos estudios surgirán después, las esculturas zoomorfas que habitan en su obra y en el mundo de “Objectum”. Criaturas metálicas que, como la obra un naturalista alucinado, son creadas y catalogadas como: el “Perro Mosca”, el “Pezzotto”, ó el “Insectopez”.

 

 

Más allá del mundo bidimensional de la imagen fotográfica, Escardó pasa a trabajar con los cuerpos tridimensionales, ahora procesados por medios informáticos. Es el aprendizaje de nuevos códigos.

 

Comprende que la textura de un liquen, o una piedra, pueden ser atrapados en una red digital y envueltos sobre las mallas tridimencionales. Los objetos cobran nueva vida. Los colores, las luces y los movimientos de rotación pueden ser alterados sin limitaciones, al ingresar al universo de una nueva realidad electrónica. Este es el período de “Naturaleza Digital” (1997) y de “Pop-Pollock (2003).

 

 

La digitalización de las imágenes, dispara nuevas ideas. Para los antiguos griegos, el Aire es la idea, el pensamiento que surge. Pero en el principio está el Fuego, que da origen y anima todo lo que vive. Sin embargo, es necesario que la energía del Fuego descienda sobre la Tierra para darle una forma material a la vida. En el plano superior: Aire, Fuego, Tierra. En el plano terrenal: Idea, Espíritu, Materia.

 

 

De la abstracción perfecta de una pantalla de computadora, Escardó hace el necesario viaje de regreso. Ahora la idea se transforma en metal incandescente, que va tomando forma cuando la fundición se vuelca sobre la tierra. Fuego, metal, moldes, tierra, pulimento. De ahí saldrán los nuevos peces de aluminio, las largas patas de aves desconocidas, las innumerables partes que se vertebran en un complejo ensamblado, cuyo orden sólo el artista conoce.

 

 

Pero el equilibrio y la belleza de las formas vivientes, no son posibles sin la presencia de la Gracia. Cuando en 1779, Gotthold Lessing observa el vuelo de las aves, reflexiona: “La gracia es la hermosura en movimiento”. Es entonces la gracia, lo que permite que el ave vuele.

 

 

 

La gracia, la ironía y el humor son la chispa que disparan el mecanismo de la vida. Lo contrario es lo grave, lo pesado, lo oscuro. A tiempo, Escardó se aparta del abismo de lo solemne y les concede la gracia a sus criaturas. Así, sus aves metálicas precisan de una hélice de madera para moverse en el aire, o sus peces se desplazan sobre ruedas multicolores.

 

 

 

Pero el metal tiene sus propios misterios. Para los alquimistas, los metales eran considerados como diferentes estados de lo viviente, en un mismo intento que los otros seres por alcanzar la perfección. Este nacer y renacer continuo de todo lo que existe, estaba representado por la imagen del “Ouroboros”, la serpiente que se muerde su propia cola, formando un círculo: el del Eterno Retorno.

 

 

 

El Ouroboros, al auto-alimentarse con su propio cuerpo unido por la cola, tenía a la vez, la propiedad de auto-fecundarse. Como el metal que representa, el Mercurio, es el símbolo de la perpetuidad y el movimiento continuo, de la armonía cósmica y terrenal, en continua transformación e intercambio de energías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como en el Ouroboros de los alquimistas, Escardó reordena sus orígenes y sus objetos, cierra su círculo a través de esta instalación. Pero no es el final, sino el comienzo de otro ciclo más del Eterno Retorno, del cual surgirán nuevas realizaciones

 

Horacio Campodónico