Julio Marenales
25
de abril de 2003
Compañeros, compañeras, amigos: tenemos un nuevo acto de
militancia en recordación del compañero Raúl Sendic, como
hacemos todos los años. Hablar y referirse a la personalidad de
Raúl Sendic en términos generales, cuando los que asisten a este
acto tienen noción de quién fue Raúl Sendic, casi diría que
sería suficiente decir nada más que acto por Raúl Sendic. Y como
acto militante entonces vamos a referirnos a algunas cuestiones
que son de preocupación general.
Tenemos la situación del
Uruguay que, aunque no lo parezca para muchos, está casi como un
país después de una guerra; por supuesto esta situación
dramática del país no presenta los muertos ensangrentados que
presenta la televisión cuando informa sobre lo pasado en Irak o
en Afganistán. Hay unos muertos que empiezan a haber, ya los
vimos hace poquitos días pero han habido más. Son los muertos
silenciosos -nada espectaculares porque no son sangrientos-
debido a la miseria. Sin duda que el Uruguay se encuentra en una
situación dramática, pero estos temas los va a tratar el Pepe.
Yo
voy a referirme más bien a la situación del momento histórico
presente del mundo, en el cual a este pequeño país, el Uruguay,
le está tocando existir. Alguien dijo que el mundo se está
poniendo peligroso, yo diría que para los países pequeños y
débiles hace muchos años, centenares de años que se puso
peligroso; hace como 500 años que se puso peligroso: desde el
momento que el sistema económico, político y social en Europa
derrotó al sistema feudal y empezó el desarrollo mercantilista,
el mundo se volvió peligroso.
Colón no vino solo, vino con el mercantilismo, empezaron a
buscar mercados, a buscar riquezas, liquidaron pueblos,
liquidaron culturas, entonces tenemos que decir que hace rato
que el mundo es peligroso. Por supuesto que el peligro actual
es mucho más formidable, porque en las épocas que empezó la
expansión de ese sistema, que en su momento inicial podríamos
decir que fue un avance de la humanidad, paulatinamente se fue
transformando en un sistema coercitivo, retrógrado y opresor, y
por supuesto en el momento presente esa peligrosidad de la
expansión capitalista ha llegado a puntos increíbles.
Se
ha transformado al capitalismo -con esa representación de la
fuerza más poderosa que existe en este momento, que son los
Estados Unidos- en una fuerza genocida. Es decir, aquello que
había ido creando la humanidad trabajosamente y liquidando un
sistema que ya era negativo, lo fue perdiendo y se transformó a
su vez, paradojas de la vida, en algo espantosamente negativo.
Estamos viviendo un mundo unipolar, desequilibrado; aunque
tuviéramos severas discrepancias con ese experimento social que
se inició en 1917 en la Rusia zarista, no podemos menos que
reconocer que a pesar de sus facetas negativas, tuvo elementos
positivos importantes. Uno de ellos y no menor era el que
constituía un freno, una valla a la actitud agresiva, dominadora
y despiadada del imperialismo norteamericano.
Podríamos decir y parece que fuera un absurdo, que en la época
de la Guerra Fría, con todo el riesgo que había del holocausto
nuclear, fue un momento más equilibrado que el actual. Si estará
absurdo el mundo que la época de la Guerra Fría fue más
equilibrada porque había un contrapeso que impedía que esa
potencia nuclear que son los Estados Unidos pudiera hacer lo que
se le antojara. Lamentablemente ese experimento fracasó y
tendríamos que decir que no solamente fracasó un experimento que
iniciaron los rusos, fracasó un experimento de la humanidad,
porque ese experimento tenía importancia para todos los
habitantes de este planeta.
Estados Unidos hace muchas décadas que está sosteniendo su
economía sobre la base de la industria bélica, es decir que no
solamente los afanes imperialistas de querer constituirse en una
nueva Roma -que lo han dicho personajes norteamericanos- sino
que quieren establecer la hegemonía en el mundo. Han dicho
cínicamente que quieren imponer su cultura, su idioma, su estilo
de vida, lo han dicho expresamente, entonces esa potencia, no
solamente se plantea esa imposición, sino que para sostenerse
necesita de la guerra.
Pende sobre la economía norteamericana una recesión que los
economistas reconocen que puede sostenerla gracias al belicismo.
A él y a la propaganda y a la idiotización del pueblo
norteamericano a través de los medios de comunicación, logra
sacar del bolsillo de los norteamericanos y de los bolsillos de
todo el mundo, los capitales que necesita para sostenerse.
Estados Unidos tiene un déficit comercial anual de 500.000
millones de dólares, necesita ingresos diarios de alrededor de
1.400 millones para poder sostener su economía. Esto
evidentemente es un dato siniestro para nosotros, no solamente
para los norteamericanos, porque de ahí también va a intentar
sacar plata, pero ya no puede sacar mucho porque a pesar de la
riqueza que tiene esa nación, el pueblo norteamericano vive
endeudado.
En
1985 el endeudamiento individual de cada norteamericano era del
20%, a fines de 2002 el endeudamiento individual subió el 40%,
quiere decir entonces que no hay tantos dólares en los bolsillos
de los norteamericanos para que Bush les pueda sacar mucho más.
Por tanto, van a intentar por todos los medios buscar esos
dólares en otras partes.
Hay economistas que dicen que desde el punto de vista económico
la invasión a Irak no fue un gran negocio, es muy probable que
el petróleo iraquí no alcance para sufragar lo que le costó a
los Estados Unidos esta invasión. porque dicen que sacar más
barriles de petróleo de Irak significaría una enorme inversión,
o sea lo que se gastó en el armamentismo para hacer el genocidio
más lo que habría que invertir para poder desarrollar nuevos
pozos petrolíferos.
Por lo tanto tenemos que esperar todos los países
subdesarrollados, que somos las víctimas de ese tremendo poder,
una gran ofensiva para sacarnos más plata y desgraciadamente nos
encontramos con que los gobiernos de nuestros países, en vez de
estar alertas y prepararse para resistir ese embate, todo lo
contrario: están en una actitud entreguista y de subordinación y
de sumisión a esa potencia.
Quiere decir que si estamos viviendo tiempos difíciles, tenemos
que prepararnos para tiempos más difíciles todavía, no podemos
ver el futuro con demasiada ilusión.
Yo
no quisiera ser apocalíptico, pero esa es la verdad. No se trata
de que por esa razón, de que tenemos un horizonte que yo diría
siniestro, bajemos la cabeza y dobleguemos los brazos, se trata
de que tomemos conciencia de que vamos a tener que estar
dispuestos a poner mucho para defenderlo de esa avalancha que se
nos va a venir. Porque no solamente vienen a buscar nuestros
recursos, sino que quieren borrar nuestra frontera, que es la
globalización de ellos, porque esa frontera molesta para ir a
buscar los recursos que ellos apetecen.
No
importa quién sea dueño de las riquezas naturales, ellos se
creen con derecho a meter manos en ellas, la soberanía de los
pueblos está en gran peligro, diríamos que tener riquezas en
este mundo que estamos viviendo es una gran desgracia. Entonces
esto tiene que ser sabido y tenemos que ser nosotros los que
tomemos conciencia de estos fenómenos y trabajemos para poder
aunar los esfuerzos de nuestro pueblo con los esfuerzos de los
otros pueblos latinoamericanos, porque ciudadanos, compañeros y
compañeras: sólo, ni tan siquiera Brasil con el tamaño que
tiene, es capaz de resistir ese embate. Necesitamos
mancomunidad de esfuerzos, tenemos que fortalecer los vínculos
entre nosotros, tenemos que establecer sólidos lazos regionales,
nosotros como Tupamaros.
Cuando se aprobó el MERCOSUR, discrepamos con el MERCOSUR y
discrepamos con ese MERCOSUR como lo hicieron nuestros
gobernantes, porque se olvidaron por completo de organizarlo de
manera que no resultara perjudicial para nuestro pueblo. No
obstante eso, decimos que los vínculos regionales, los lazos
regionales, los organismos regionales que podamos formar son
decisivos para unificar esfuerzos y tener mayores posibilidades
de enfrentar la voracidad del imperialismo norteamericano.
Es
imposible para Brasil, y no digamos para el resto de los países,
sobrevivir si no hay unificación de esfuerzos. Nosotros hacemos
votos para que el proceso que se está dando en Venezuela,
continúe y se consolide; importantísimo sería que ese proceso
unificado que comienza a darse en Brasil, que lo sabemos
difícil, sumamente difícil, sean dos procesos puntales por el
tamaño y la incidencia que pueden tener esos países en América
Latina. Y por supuesto que nosotros, que ya tenemos el MERCOSUR
en donde están Brasil, Paraguay y Argentina también, podríamos
transformarlo en un instrumento eficaz y ampliarlo, integrando
en ese espacio a los otros países latinoamericanos. Pero
también tenemos que reconocer que desgraciadamente existen
dificultades con Argentina, no el pueblo argentino, sino con los
que han gobernado, por ejemplo Menem que constituyó en esta
América un verdadero caballo de Troya.
No
sabemos si tendremos la desgracia de recibir de este gobierno,
porque todos los indicios indican que la fuerza progresista va a
llegar al gobierno, una herencia que nos deje Batlle por
habernos metido dentro del ALCA. ¿Se necesita reuniones de tipo
académico para estudiar y analizar qué significa el ALCA? ¿Se
precisa ser tan experto para saber qué significa el ALCA?
Por el solo hecho de que al ALCA la impulsan los norteamericanos
alcanza para estar alerta. Sin embargo algunos gobiernos
latinoamericanos con espíritu de subordinación están pensando en
el ALCA olvidándose de aquello que dijo en una oportunidad hace
muchos años Jacobo Arbenz del tiburón y la sardina. Más que un
tiburón es un enorme monstruo marino y nosotros somos un pequeño
pececillo, no solamente los uruguayos, cada uno de nuestros
países tomados individualmente. Por eso es que decimos que hay
necesidad de abroquelarse a nivel regional, continental. Para
cada uno de nosotros, las problemáticas de de nuestros países
son importantes, pero tenemos que entender que tan importantes
son las problemáticas del resto de los países latinoamericanos,
y que solamente llegando a establecer una fuerza de conjunto
podemos presentar un frente de batalla que pueda tener
probabilidades de por lo menos frenar.
En
estos días se ha hecho una tremenda bulla sobre lo que pasó en
Cuba, nosotros defendemos el derecho a la autodeterminación de
todos los pueblos, entendemos que el pueblo cubano tiene derecho
a establecer sus instituciones como lo ha hecho, a establecer
sus leyes y de acuerdo con sus leyes hizo lo que hizo. No nos
importa, y más allá de que podamos compartir o no eso, lo que es
esencial aquí es que el pueblo cubano aplicó cristalinamente sus
leyes y de acuerdo a ellas hizo lo que hizo.
Pero nos olvidamos (yo me olvidé de traer la cifra) de cuántas
personas en Estados Unidos, con la silla eléctrica o con gas,
las liquidan, pero resulta que ahí no pasa nada, no se hace
bulla mundial, por eso esto forma parte indudablemente de todo
un cronograma que tienen los Estados Unidos. Ha establecido el
“eje del mal” y está indicando ya qué posibles enemigos puede
tener o países a los cuales ellos consideran que pueden y deben
meterle la mano. Pero hay más, cada uno de nuestros países que
resista la prepotencia, el afán hegemónico de ellos va a ser
incluido en el “eje del mal”, es decir en él van a estar
incluidos todos aquellos que se opongan con firmeza a esta gran
potencia.
Ese es el porvenir que nos espera si queremos defender nuestras
riquezas, si queremos tener nuestra propia autodeterminación,
nuestra soberanía, hacer lo que nos parezca que tenemos que
hacer en nuestros países, sin injerencia de nadie. Vamos a
tener que juntarnos todos los que estamos en situación de
posibles víctimas de esa fiera que es el imperialismo
norteamericano.
Parece hasta absurdo que a esta altura de la historia de la
humanidad tengamos que plantear, discutir, llegar a conocer el
problema del imperialismo, problema que viene desarrollándose
muchos centenares de años atrás, y parece y es absurdo que la
humanidad en vez de avanzar, retroceda. Hemos retrocedido al
punto de que en este momento un organismo internacional creado
para tratar de resolver los problemas mundiales de manera
racional, como son las Naciones Unidas, ha sido pisoteado, ha
sido basureado por los Estados Unidos, y es increíble la
pasividad con que los demás países industriales han tomado la
actitud prepotente de Estados Unidos, pero tiene su razón de
ser.
Aunque tiene controversias y contradicciones desde el punto de
vista económico, porque también los otros países industriales
necesitan mercado y necesitan petróleo, saben que no pueden
permitir el derrumbe de la economía norteamericana, porque el
derrumbe de la economía capitalista más grande del planeta, los
arrastraría a ellos también y en aras de defensa de sus
intereses los países industriales de Europa han mordido el
freno. Se han revelado un poco Alemania y Francia, pero muy
suavecito, no lo han hecho con fuerza, porque en última
instancia saben que no pueden oponerse a los Estados Unidos
porque lo que está haciendo, lo está haciendo para sostener su
economía y que si se derrumba los arrastra a ellos también.
Quiere decir que hay una complicidad que ha aniquilado, ha
tirado por tierra lo que fueron los organismos que ellos mismos
crearon para tratar de resolver los problemas mundiales de la
manera un poco más racional. Pasó en estos momentos con las
Naciones Unidas una cosa idéntica, que la que pasó cuando Italia
invadió Etiopía, que echó por tierra todos los acuerdos y
resoluciones de la Sociedad de las Naciones, al punto que murió
ésta y Naciones Unidas no sabemos cuánto tiempo puede seguir
viviendo. Pero ha quedado gravemente herida.
Nosotros tenemos el planteo de la refundación nacional, una
refundación nacional absolutamente necesaria, porque el aparato
productivo del Uruguay, justamente por el cipayismo de nuestros
gobernantes, quedó desmantelado y lo están destruyendo cada vez
más. Se han perdido las fuentes de trabajo, corremos el riesgo
de que desaparezcamos como estado nación, la globalización es
triturante y no perdona, estamos en un momento en el cual
tenemos que plantearnos la defensa de nuestra soberanía, la
reconstrucción del país, reconstrucción que no la vamos a hacer
de cualquier manera. Para hacerla tenemos que tener la voluntad
de realizarla y nosotros estamos convencidos de que esta
reconstrucción sólo puede hacerse sobre la base de una voluntad
política de todos los uruguayos.
No
desconocemos que en el Uruguay hay diferencia de clases, no
crean que los Tupamaros estamos hablando de conciliación de
clases, no se equivoquen, pero no tenemos la estupidez de
enfrentar a los enemigos todos juntos. Aunemos los esfuerzos de
todos los uruguayos para enfrentar al enemigo más peligroso y
común, después resolveremos nuestros problemas entre nosotros,
pero si no tenemos claro eso sucumbimos todos.
Dijo alguien que no lo voy a nombrar, que no sé ahora si es o no
es mi enemigo, pero fue mi enemigo, durísimo enemigo como
Tupamaro, pero que defendió cuando se hizo aquella movilización
en abril, la presencia del PIT-CNT. Ese hombre dijo muy
lúcidamente: “aquí tenemos un problema de clase, pero si no
enfrentamos este enemigo común y no resolvemos este problema no
vamos a tener problema de clase entre nosotros porque
desaparecemos todos”. Lúcido el hombre.
Y
yo digo, y lo recalco (para aquellos que se confunden y que
creen que luchar por la unificación de los esfuerzos, por una
voluntad política para refundar este país, eso significa
conciliación de clases, están muy equivocados), que cuando
hablamos de la reconstrucción del aparato productivo no va a ser
de cualquier manera. Tiene que ser, y no vamos a hablar de
socialismo, sobre la base de un reparto más equitativo de la
riqueza, un reparto de las obligaciones y los sacrificios, pero
también de los beneficios.
Digo entonces que para enfrentar el mundo en el cual estamos
viviendo, que no lo podemos hacer solos, que nos tenemos que
juntar con el resto de los latinoamericanos, que tenemos que
abroquelarnos como uruguayos, priorizar lo que son los
problemas, las verdaderas cuestiones y dejar lo secundario para
otras oportunidades.
Decimos entonces que acá hay un desafío tremendo para cada uno
de nosotros, para cada uno de nuestros pueblos, y tenemos que
trabajar y tratar de apoyar todos aquellos procesos progresistas
que señalé en la América Latina. Tenemos que trabajar y tratar
de contribuir a que ese proceso que se está dando en Brasil,
fructifique, avance, para que lo que se está haciendo en
Venezuela fructifique y avance y para que ese proceso formidable
que se inició hace décadas de la revolución cubana no caiga y se
mantenga, porque la unidad de los latinoamericanos, la unidad de
nuestros pueblos será lo único que permitirá frenar a esa bestia
que es el imperialismo yanqui.