Eleuterio Fernández Huidobro
Hace 6 meses, el 12 de octubre, en oportunidad de recordar
nuevamente la muerte del Che, y el copamiento de Pando, tuvimos
que hablar acerca de las consecuencias del atentado en las
Torres Gemelas, y también desenmascarar lo que en ese momento el
imperialismo estaba perpetrando en Afganistán. Muchos de los
que están acá recordarán ahora lo que en aquel entonces dijimos,
que luego se fue confirmando a lo largo de estos meses, cuando
las noticias, después del engaño de la gran prensa, comenzaron a
llegar mucho más puntuales, y las compañeras y los compañeros
pudieron estudiar mejor y más detenidamente a qué mundo
estábamos asistiendo.
Pocos días después de
aquel entonces, estalla la previsible situación argentina.
Refresquemos la memoria, parece que haya pasado tanto tiempo y
sin embargo esto fue como quien dice hace unas horas, en que
estalla la previsible situación de Argentina, tan cerca nuestro,
que todavía continúa.
Pocas veces a lo largo de la historia y de los tiempos, nosotros
todos pudimos asistir y estamos asistiendo al desmantelamiento
por la crisis y por el neoliberalismo, y por el capitalismo
salvaje, y por la globalización de un gran país, de un país
riquísimo; desmantelamiento, al punto que hoy, seriamente, como
si no pasara nada, muchos analistas discuten la viabilidad
de la Argentina, su futuro como país.
Hace pocas horas también, asistimos al intento de golpe de
Estado de la querida Venezuela perpetrado, como ahora bien
sabemos todos, con una injerencia importantísima de los EEUU;
como en sus mejores épocas, como en aquel lejano pasado de la
década de los 60 y de los 70, cuando organizaba todos los golpes
de Estado, todas las tiranías a lo largo y ancho del mundo, y
también de América Latina, y asistimos a la crisis de Uruguay
con Cuba o de Cuba con Uruguay. Hace unas horas, como quien
dice ayer, todavía fresco todo esto, sigue la situación en
Argentina contaminándonos.
Hoy temblaba la plaza financiera uruguaya en la Ciudad Vieja,
hasta hace unas horas estaba temblando, yo no sé qué pasará el
lunes. Sigue la situación en Argentina, sigue la situación en
Colombia, como ruido de fondo Palestina; y Bin Laden no aparece,
aquel terrorista que fuera usado como excusa para desatar todo
esto, sigue sin aparecer.
Nosotros tuvimos que discutir hace bien poco en el Senado, una
moción presentada por el Partido Nacional de condena a Cuba,
allí tuvimos que informarle a los demás senadores de la
coalición que nosotros seguíamos creyendo que el imperialismo
existía, que en este mundo había una cosa llamada imperialismo,
algo que incluso en nuestra juventud bebimos en fuentes blancas;
en nuestro país seguimos creyendo que ese fenómeno portentoso
sigue existiendo.
Eso fue el martes 9 de este mes, creo recordar, en ese discurso
dijimos también lo que habíamos dicho acá el 12 de octubre
cuando hablábamos de Argentina: dijimos que a los EEUU le dolía
el riñón que tenía en el norte de América del Sur, y que
lamentablemente en pocas horas íbamos a tener muy malas noticias
de Venezuela. Lo dijimos el 12 de octubre cuando hablamos del
petróleo, del gobierno petrolero norteamericano, que hiede a
nafta; el presidente, que no se sabe quién lo eligió, el
vicepresidente, sus principales asesores, que a eso iban a
Afganistán y que la próxima era no Colombia sino Maracaibo. Lo
volvimos a repetir el 9 de abril en oportunidad de discutirse la
situación de Cuba o de Uruguay con Cuba y dijimos que nuestro
presidente Jorge Batlle y la actitud de política exterior era
grave, porque era funcional a los intereses del imperialismo, de
un imperialismo peligroso como nunca, que andaba suelto y que
estaba planificando a nivel planetario grandes agresiones, y
volvimos a decir como adivinos que en pocas horas, y que ojalá
nos equivocáramos, íbamos a tener pésimas noticias de
Venezuela.
Eso fue un martes, el viernes tuvimos pésimas noticias de
Venezuela. ¿Se necesitaba ser adivino? Para saber que todo esto
forma y formaba parte de un plan, de un plan casi evidente,
nosotros teníamos un solo dato para poder hacer esa adivinanza
el martes, de que se nos venía el golpe de Estado en Venezuela:
y era que Chávez, que asumió el gobierno en el año 99, recién en
febrero de este año había podido, en esos días, en esas horas,
meter mano en Petróleos de Venezuela S.A.
Desde que me enteré de eso el lunes, supe que las horas estaban
contadas, que la cuenta regresiva de lo que habíamos dicho acá
el 12 de octubre había comenzado. Nunca pensé que fuera tan
rápido. Fíjense ustedes que el presidente de Venezuela que
propuso y llevó adelante una asamblea constituyente, modificó la
Constitución de Venezuela, ganó las elecciones parlamentarias y
las presidenciales, por ancho margen, no había podido tocar el
Directorio de la empresa petrolera.
Venezuela es petróleo y es gas y es minerales, pero
fundamentalmente es petróleo, tercer exportador mundial de
petróleo, uno de los 10 países que conforman el 60% de las
reservas mundiales, principal proveedor de los EEUU. Petróleos
de Venezuela es una empresa multinacional latinoamericana,
porque es estatal, pero es multinacional, tiene refinerías en
todos los países del mundo, en especial en los EEUU y en
Europa.
Háganse una idea: en este momento produce y refina 3.003:600.000
barriles de crudo por día, a U$S 25 el barril. Uruguay consume
12 en 3 días. Venezuela produce todo lo que Uruguay consume.
Saquen la cuenta de esa riqueza para entender por qué al imperio
petrolero le duele el riñón del norte de América Latina.
Pero voy a llamar la atención de una cosa, no la descuiden:
vimos, asistimos por primera vez tal vez en la historia al
primer golpe de Estado mediático. El primer golpe de Estado
dado por los medios de prensa. Unos pocos milicos baratos,
traidores, algunos dirigentes obreros corruptos y traidores, la
oligarquía venezolana, los yanquis y los medios de prensa.
¡Ojo!, forma parte de la revolución tecnológica mundial. Para
nosotros, que provenimos de la década de los 60 y los 70, de la
época de aquel chiste que decía que “en los EEUU no hay golpe de
Estado porque no tienen embajada norteamericana”, estábamos
acostumbrados a los cuartelazos crudos, brutos, de los gorilas
golpistas, esto es una novedad absoluta sobre la que hay que
teorizar en la izquierda, sobre la que el pueblo debe estar
alerta y pensarla y reflexionarla. La estrenaron, yo diría mejor
la entrenaron, en Argentina. Y si ustedes observan el papel
jugado por los medios de prensa en la sacada y puesta de varios
presidentes en horas, los canales de televisión, las radios y
los grandes medios de prensa fueron decisivos. Pero en Venezuela
intentaron consumar exquisitamente un golpe de Estado a pura
pantalla, y acá muchísimos intelectuales y periodistas
compatriotas, incluso independientes, se tragaron el tranvía de
perfil, enterito, no se dieron cuenta lo que les estaban
vendiendo.
Quiere decir entonces que el monopolio del espectro
radiomagnético, asunto del Ministerio de Defensa de mi país, en
pocas manos, el oligopolio o el monopolio de las pantallas de
televisión, dado el volumen que hoy ha adquirido la revolución
informática, puede transformar al cuarto poder en el primer
poder. Cuando eso está en manos de los alcahuetes del
imperialismo.
Yo
me animaría ahora -me ha gustado a mí, esto de ser adivino, voy
a abrir un 0900- a anticiparles a ustedes, que sin embargo aquí
en América Latina, más allá de Colombia, más allá de Maracaibo,
más allá de Cuba, más allá de Argentina, el objetivo imperial es
Brasil. ¡Salud! a los compañeros del PT, a los Sin Tierra, a
Lula. El objetivo verdadero y final es Brasil.
Jorge Batlle ha sido funcional toda la vida, desde chiquito, a
los intereses del imperialismo yanqui, o del imperialismo, lisa
y llanamente. Y le ha hecho un favorzuelo miserable,
mezquino y abyecto, al Imperio.
A
esa metrópolis a la que fue hace un año a abrir 7 millones de
carnicerías, justo cuando acá vino la aftosa. A esa metrópolis
a la que fue el otro día a pedir 700:000.000 de dólares para
atajar la corrida bancaria. Está acostumbrado mi presidente don
Jorge Batlle, a comer de esa mano el alpiste que siempre ha
comido.
Y
esta vez le tocó a Cuba: la vendió, como está vendiendo también
a Brasil, como está atacando también al Mercosur, como está
proponiendo en veleidosos cambios, proteicos y mercuriales,
propios de su jocunda y lúdica naturaleza, la política exterior
del Uruguay que no consulta con nadie, nada más que con el
Imperio.
No
olviden, debemos tener memoria, que pocas horas después del
balotaje (noviembre, diciembre 1999), recién electo gracias a
los votos batllistas de los blancos batllistas, fue a una gran
cuchipanda, nada menos que en el barrio de La Recoleta en Buenos
Aires, lo difundieron los medios de prensa de la derecha con
bombos y platillos; y en aquella reunión, en aquella quinta,
estaba Menem, estaba el recientemente electo presidente de la
Argentina, De la Rúa, estaba el padre de Bush, ex presidente de
los EEUU, amigo del padre de Bin Laden, petrolero también;
estaban los dueños del Banco Comercial, estaba Lacalle también,
y estaban los dueños de casa, los hermanos Rhöm. Se juntaron
todos estos y la prensa de la derecha, alcahueta de Jorge
Batlle, nos mostraba esa reunión para hacernos creer y decirnos
“miren, ahora tenemos un presidente con excelentes contactos
internacionales”. Porque el ex presidente de los EEUU estaba
allí en carácter de empresario privado, dueño de tierras en el
sur de la Argentina, interesado en invertir acá en casinos y en
otras cosas vinculadas a los juegos de azar.
“Miren qué presidente tenemos, ahora sí la cosa va a ir para
adelante”. Y de aquella reunión: Menee está preso, es verdad que
en Don Torcuato, y como Miss Universo, pero preso al fin; Rhöm
preso y el otro buscado en todo el mundo; De la Rua corrido a
cacerolazos por la gente; Argentina en crisis y Uruguay también,
y Bush pirateando con su hijo por todo el planeta.
Hace un mes se cumplieron 6 del atentado a las Torres Gemelas, y
Bush hijo, ese que nadie sabe quién lo eligió, porque en el país
más grande del mundo que se llena la boca todos los días con la
democracia, hace unas semanas nomás, los tenía a todos con el
alma en la boca porque no sabían contar los votos y no se sabía
bien quién había ganado. Y hasta hoy no se sabe por dónde entró
a la Casa Blanca el hijo de Bush, si por la puerta o por la
ventana...
Este señor hace un mes, cuando se conmemoraban 6 del atentado a
las Torres Gemelas, nos dijo que comenzaba la segunda etapa
mundial de la lucha contra el terrorismo, y que a Irán, Irak, y
Corea incluye ahora dentro del eje del mal; aparte de que está
operando en Indonesia y en Somalia y en la segunda etapa del
Juicio Final. Así lo denominó, lo otro era Justicia Infinita,
ahora es Juicio Final. Siempre bíblico él, como Dios.
No
descarta el uso de armamento nuclear para luchar contra el
terrosismo. ¡Armamento nuclear! Ni en el momento de los
enfrentamientos más encarnizados, entre EEUU y la Unión
Soviética, ni cuando la guerra de Corea, ni cuando la guerra de
Vietnam, se animaron ninguna de las dos grandes potencias a
usarlo, está garantizando la mutua destrucción y la destrucción
del planeta.
Y
este señor, este aventurero, este criminal aventurero
internacional, nos dice a todos que no descarta el uso de armas
nucleares para combatir el terrorismo, algo así como cazar
mosquitos con cañones.
Los cables dicen que se estudia en los EEUU el uso del pentotal
para el interrogatorio a los prisioneros talibán y Amnistía
Internacional denuncia la violación de los DDHH en Cuba,
concretamente en la base de Guantánamo, donde están esos
prisioneros. ¿De qué nos están hablando? ¿Qué cosas estamos
escuchando?
Y
hablemos un poco de acá. Yo creo que también el mandado que
Jorge Batlle hizo era un mandado que a él le convenía, porque
con lo del 16 de abril en el Obelisco, en marcha esa
movilización y en marcha la crisis que asola hoy al Uruguay, el
fracaso total de su política económica y de su modelo, el no
saber bien qué hacer, el ver muy oscuro el panorama inmediato,
ha hecho que, tal vez imitando a Galtieri (aquel que para salvar
del desprestigio nacional y mundial a las atroces Fuerzas
Armadas Argentinas, después de 30.000 desaparecidos invadió las
Malvinas), a Jorge Batlle se le ocurrió invadir Cuba, otra isla,
para ver si nos distraía a todos nosotros y se unía a toda la
derecha. Creo que ha logrado unirla en eso.
Por ahí salió García Pintos de gran pegatina, en defensa de
Jorge Batlle.
Me
pidieron los compañeros que hablara hoy de la “cuestión
nacional”, de la soberanía, que es hablar del imperialismo. El
imperialismo existe, y si existe, entonces existe el riesgo de
las soberanías y el riesgo de los Estados nacionales; una cosa
va de la mano de la otra.
El
ataque a la independencia, a la viabilidad, a la soberanía, el
ataque directo armado, bélico, letal, del imperialismo; también
hay otros ataques y ustedes los conocen bien: culturales,
ecológicos, de información, económicos,
financieros...
Esa realidad existe, como dijimos el otro día en el Senado, y
como ella existe (y por ahora nadie ha logrado demostrarnos que
no) esa cosa llamada “la cuestión nacional”, que creemos acá,
en esta casa que se llama Movimiento de Liberación Nacional. Y
se llama así desde hace muchos años, y no crean que ese nombre
se eligió de casualidad o porque sí o porque quedaba lindo, sino
que se eligió porque era una opción estratégica, era el
reconocimiento de que el imperialismo existía y de que era
necesaria la lucha por la liberación nacional. Y le estamos
haciendo un homenaje aquí a Sendic, que entre otras cosas
optaba por fundar esta organización.
Muchos no entienden, incluso en la izquierda, lo del Obelisco el
16 de abril, creemos nosotros que no lo entienden porque no
entienden lo de la “cuestión nacional” y lo de la “Liberación
Nacional” o porque discrepan legítimamente, discrepan y seguirán
discrepando con nosotros en esa materia.
La
“cuestión nacional” ha embebido la historia del siglo XIX y del
siglo XX, la emergencia de las luchas de liberación nacional,
con Artigas en nuestro país. ¿Qué cosa es la República Oriental
del Uruguay? ¿Qué cosa es ser uruguayo, ser oriental? ¿Qué es
eso? ¿Existió siempre acaso? ¿Nació algún día? ¿Qué es sentirse
o ser uruguayo, oriental, qué es? ¿La celeste, Maracaná, el
mate, Gardel, los charrúas, los gauchos...? No sabemos bien qué
es, pero es, existe. Capaz que nació en el vientre del éxodo del
pueblo oriental, allá por 1811, capaz que nació en esa Redota,
capaz que nació en la oración de abril, aquella que decía “Mi
autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia
soberana”.
Frase de las más revolucionarias concebibles, en aquel siglo y
en aquel momento del siglo cuando estaba la Revolución Francesa,
la revolución norteamericana y los ejércitos de Napoleón
llevaban el código civil en la mochila de cada soldado por las
naciones de la Europa del antiguo régimen. O nació durante la
Guerra Grande. O nació en el Sitio de Paysandú. O nació cuando
se reconstruyó el Estado moderno, se descubrió Artigas, se lo
liberó de la leyenda negra, en base a una historiografía
patriótica, se construyeron sus monumentos, se reconocieron sus
restos. Pero lo cierto es que eso existe, y lo cierto es que
ese compromiso político (porque no es más que un compromiso
político como el del FA, como el del Partido Colorado, como el
del MLN), a la postre y al fin y al cabo es el primero: se llama
República Oriental del Uruguay.
Fíjense ustedes, ese compromiso político básico nos define con
una ubicación geográfica. Hay naciones que están definidas por
un territorio y nada más que por un territorio: los escoceses
son los que viven en Escocia, los orientales somos, o los
uruguayos, los que vivimos al oriente del Río Uruguay.
Ojo, que hay otras nacionalidades que se definen al revés y
Escocia es Escocia porque allí viven los escoceses. Los judíos a
lo largo de siglos de persecución, estuvieron unidos con una
tradición, un idioma, a veces incluso algunos dialectos, y uno,
dos o tres libros: la Biblia y el Talmud.
Hay naciones definidas por un territorio que está usurpado por
otras naciones, Palestina por ejemplo, y pelean por recuperar lo
que les da sentido. Hay naciones que tienen territorio pero no
tienen Estado, como los vascos, por ejemplo, y pelean por su
autodeterminación, o como Irlanda. Y a lo largo y ancho del
planeta, todas las grandes guerras que en este último tiempo han
habido, salvando algunas de carácter revolucionario, también
grandes, fueron por la cuestión nacional: la Cruz de Lorena, en
Francia, cuando hubo que organizar el Maquí para resistir
la ocupación nazi.
¿Y
si no qué? La defensa de la gran madrecita Rusia cuando las
hordas nazis invadieron la Unión Soviética. ¿Y si no qué? La
lucha de Vietnam, un frente. ¿Y si no qué? La bandera de China
Popular que tiene una estrella grande rodeada de 5 que significa
alianza de las 5 clases, de su guerra de liberación nacional
triunfante en el 48 y el 49.
El
fenómeno imperialista, nuestra revolución, la inconclusa y la
traicionada, la de Artigas, ha pautado diversos imperios
sucesivos, simultáneos, la lucha, las grandes luchas de los
grandes pueblos y de los chicos pueblos. Ojo, también hay
naciones desaparecidas, lenguas muertas como el latín, o como el
griego, que llegaron incluso a ser imperio, se los tragó la
nada; también está ese riesgo, las naciones pueden morir y el
imperio, hoy, quiere que mueran.
¿Qué es si no la globalización para nosotros? ¿Qué es si no el
neoliberalismo? Desentrañen ustedes la plataforma que convocó a
la gente para el Obelisco el 16 de abril y verán que en el fondo
es tan sencilla que lo que reclama es el derecho a seguir
existiendo, proteger la producción nacional, fomentar las
exportaciones, agrandar el mercado interno.
Está en juego hoy, como nunca tal vez desde el siglo XIX (desde
la Guerra Grande, desde la caída de Berro, desde Paysandú y
desde Leandro Gómez, tal vez desde el genocidio del que fuimos
cómplices y coautores del pueblo paraguayo), la identidad
nacional, el destino de la patria, el derecho a seguir siendo,
hablando en castellano, cantando nuestras canciones,
repiqueteando nuestras lonjas, tañendo nuestras
guitarras, queriendo a nuestro pasado, a nuestros mártires y a
nuestra historia. Con gran avalancha consumista, imperial, que
habla en inglés hoy, pero ayer hablaba en portugués o en alemán,
no importa.
Y
para poder librar esa batalla, ya vimos contra qué tamaño de
enemigos, es necesario lo que acá se pone: un gran frente de
pueblo, de todos aquellos sectores que estén hoy en contra del
imperialismo y a favor de la nación y de la patria, sin
soberbia, sin hegemonismos facilongos que queremos ganar en la
Liga, dicen muchos. Hay riesgos al estar en un frente de esa
naturaleza, tan amplio, incluso con burgueses.
A
mí nunca se me ocurrió, y a mis compañeros tampoco, que a la
hora de discutir una estrategia se nos dijera no porque hay
riesgos. El riesgo es la vida, los riesgos hay que asumirlos y
en la cancha se ven los pingos, no en la Liga y
esa es nuestra historia, sin hegemonismos fáciles, sin soberbia,
sin deslealtades, y demostrando en la cancha que nuestras ideas
son mejores que otras, que nuestra conducta es mejor que la de
otros como nunca.
Esta bandera que está aquí a mi izquierda, está en riesgo, como
está la bandera de los argentinos, como está la de los
venezolanos y la de los colombianos y la de los cubanos, la de
todos los latinoamericanos, la de todos los pueblos del tercer
mundo ante la avalancha imperial. Está en tela de juicio nuestra
identidad y es estratégica por lo tanto la alianza del pueblo,
entendiendo por pueblo todos los sectores que tengan intereses
contradictorios con el imperialismo y con sus políticas
económicas. Este pueblo ha ido avanzando en ese sentido.
El
Obelisco del 16 de abril fue la culminación de un largo trayecto
y de una larga acumulación; entre quienes aportaron a esa
acumulación, estuvo nuestro compañero Sendic. Con mucho
sacrificio puede continuar o frustrarse, eso puede potenciarse
hacia el futuro y abortar las mezquindades, las pequeñeces, los
cálculos electorales de baja estofa, las ambiciones mezquinas;
les diría más, la poquedad de alma y la poca capacidad de gloria
pueden hacer fracasar esos emprendimientos populares. Yo
confío en mi pueblo, confío en ustedes, confío en que hayan
entendido este grito y este mensaje. Muchas gracias.