Movimiento de Liberación Nacional
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NO HAY MEJOR TEORÍA REVOLUCIONARIA QUE LA QUE SURGE DE LAS REVOLUCIONES HECHAS.   RAÚL SENDIC










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Acto de Abril (25 de Abril de 2003)


José Pepe Mujica

 

Compañeros, amigos: El Bebe era un paisano raro de esos que aparecen muy de cuando en vez. Una figura contradictoria, y con un vicio: olfatear muy lejos. Siempre andaba preocupado, por cosas que estaban muy lejos del escenario. Un hombre muy difícil de seguir, porque tampoco gastaba mucho tiempo en explicar las razones por las que llegaba a determinadas conclusiones. Les decía a algunos amigos de la prensa, recordando una Convención –una de las últimas en las que él participó— que se aburría de las discusiones interminables. Era muy heterodoxo, tenía una cabeza terriblemente abierta, tanto que daba miedo. Porque también los hombres de izquierda inventan su Biblia. Y después creen en ella, aunque la realidad les esté rompiendo la cabeza. Es casi una actitud humana, el ser un tanto conservadores, y es muy difícil mantener la frescura, poder remover y remover las neuronas...

Por eso era un hombre raro. Y en aquella Convención, estaba pronosticando muchos años antes lo que iba a pasar en el entonces "campo socialista". ¿Cómo había llegado a esas conclusiones? Misterio. Pero arriba de la Tierra, de todos lo que yo humanamente conocí, el único que tuvo la audacia intelectual de pronosticarlo, fue él. Entonces, intentamos seguir esa huella, con las limitaciones de nuestro tiempo y, obviamente, de nuestros recursos; esto es lo más trascendente que nos dejó el Bebe. Y fue una característica casi de la juventud; como militante del partido socialista, ¿cuánto peleó allí para poder juntar los recursos y publicar a Rosa Luxemburgo, casi ya olvidada, en aquellos años?

Naturalmente, la libertad intelectual es la que más cuesta; y las trompadas que más le duelen a un verdadero revolucionario, son las trompadas que nos dan los compañeros.  Pero así es el camino de la libertad. Por esto estamos aquí.

Hoy estamos en un país fundido, debemos tanto como todo el producto bruto. Lo que ha pasado en el Uruguay ha sido un terremoto, y no nos hemos dado cuenta. En nuestras cabezas, en nuestras almas, no nos hemos dado cuenta. Y mucha gente añora un bien perdido, y no asume lo que cualquier análisis descarnado está planteando. Dicen los economistas de la derecha, que serán necesarios 10 años a un crecimiento del 4% para llegar a empardar con el producto y la riqueza --con todas sus injusticias—del año 98.

Un crecimiento del 4% sistemático, eso es impensable para este país. Definitivamente estamos en otra sociedad. Y esto es lo primero que tenemos que asumir. Hay un país que se nos evaporó. Ha habido una masiva destrucción de la riqueza, no sólo de transferencia. Hemos despilfarrado una enormidad de recursos. Pero no pasa eso en cualquier época. Pasa al entrar en un nuevo siglo; en un mundo que está globalizado en lo financiero, y que es liberal para vender, pero no para comprar. Y en una época, donde el trabajo se está transformando a tal velocidad que ¡ay, de aquellos pueblos que no vendan talento! ¡ay, de aquellas sociedades que no intercambien inteligencia! El camino que les espera es el camino de Africa. Porque hay una etapa de la historia que terminó, y estamos en otra. La gran mina a explotar ni es el petróleo ni es el agua: es la inteligencia. Y no hay trabajador en la Tierra que vaya a dejar más plusvalía, que el trabajador "de túnica", el de la inteligencia.

La propiedad de la inteligencia, la propiedad de la patente, la posesión del conocimiento, va creando ventajas infinitamente superiores a las viejas ventajas comparativas.

En ese marco, cuando el mundo central va a tener casi el 50% de su juventud con calificación terciaria, tenemos que darnos cuenta que estamos a más distancia que lo que estaban los indios, nuestros aborígenes cuando Colón llegó a las islas de las Antillas, de ese mundo central.

Entonces, este pequeño país, esquina gravitante, porque está en la última frontera agrícola que le queda al mundo, donde está el mayor hato ganadero que hay arriba de la Tierra –porque entérense, hay 220 millones de vacas por lo menos, en la bolsa del Mercosur— ¿qué papel va a intentar jugar el Uruguay?

Se nos destrozó el tan mentado país de servicios, y queda una cultura remanente. Hay gente que está pensando en reconstruir la plaza financiera. Estamos de acuerdo con Aebu, es obvio que los trabajadores se preocupen por su fuente de trabajo. Pero ¡ay de nosotros! si cometemos la estupidez de volver a reconstruir lo mismo. Lo que tenemos que reconstruir, "suturar" en primer término, es la economía productiva. Y eso, a caballo del viejo país, del más despreciado, donde tenemos que tener el punto de arranque. ¿Por qué? Porque el año pasado todo cayó: casi un 12% en un año, salvo el vacilante, destrozado, endeudado, enfermizo y fundido sector agropecuario, que logró aumentar el 6%.  Entonces, lo peor que hay en una sociedad, en un país, es no entender dónde estamos parados. Pero yo no estoy haciendo una apología agrarista; estoy a leguas de eso.

El país de recursos, por ahora, es ése, para pagar parte de lo mucho que tenemos que comprar afuera. Y es a partir de él, de su desafío, del viejo país agroexportador que hay que pelear para hacer de él un país agroindustrial, de clase obrera, pero fundamentalmente, agroindustrial transformador, en gran medida, de lo que produce nuestro campo.

Y eso es todo un desafío, porque hay que hablar de los recursos. Pero no para quedarnos en eso, porque hay que pensar 25 años para adelante; y por eso empecé por decir que el futuro será de aquellos que vendan inteligencia. No dije porque sí que hay 220 millones de vacas en la vuelta, porque tenemos que insertarnos en la región. Bien decía Marenales, planteando el desafío político, pero un país no puede vivir a espaldas de la región, en todos los aspectos. Y en lugar de pelearnos y criticar a la región hay que entenderla, como desafío y como mercado, y ser complementarios. En esa potencialidad de la última frontera agrícola está el campo para el desarrollo del conocimiento en Uruguay, a caballo de la explosión de la ciencia biológica. Hay mucho toro para vender. Hay mucho embrión para vender, hay millones de vacunas para vender, hay mucha lucha por la mejora genética. El clima templado es, tal vez, el mayor aporte al consumo, ¡y a preservar el agua dulce!

Porque sepan, compañeros, que un kilo de arroz cuesta 7.000 litros de agua, y sepan que el arroz es el primer alimento de los pobres arriba de la tierra. Hay que ser solidarios con los pobres, entre otras cosas es necesario tener el "arrocito" desarrollado y disponible. La lucha del conocimiento por desarrollar un arroz que produzca tres veces más y tener la propiedad de la patente, es una fuente de riqueza y un servicio para los pobres. Pero es también un método de preservar la naturaleza, y si me he detenido apenas en esto, es para demostrarles que el camino de un proyecto nacional tiene que poner las patas en el suelo, en lo que somos, porque el primer mercado y el primer banco de prueba para la explosión de nuestra biología interna está acá. Y el segundo está en el marco de la región.

Como alguna vez hizo Dinamarca, para poder pelear con la unidad alemana, y que lo mantuvo como secreto de Estado. Y lo que ha hecho Holanda en los pantanos, transformándose en un laboratorio de la semilla contemporánea. Y éste es el encauce para la Enseñanza, y éste es un encauce para una política financiera, y una política monetaria, que tiene que estar en función de la puntería de ir desde un país agroexportador a un país agroindustrial, y desembocar en un país "agrointeligente" en los próximos 25 o 30 años.

Hay que levantar una bandera de discusión nacional, alrededor de un proyecto nacional, que nos dé un contenido como nación. Si no, intelectualmente nos pulverizamos. No tiene sentido de nación nuestro transcurrir, hay que reinventar una religión. Y tiene que ser una religión nacional, que cree unidad nacional por encima de nuestras discrepancias, porque esto determina la política de conocimiento, de enseñanza, de tierra, una política de agua.

Pero requiere también enterrar una forma de funcionamiento político. Cuando se empezó a hablar en el marco de esta destrucción, de la idea de Reconstrucción, nos asustamos, y nos seguimos asustando. Prácticamente atenazado y fundido el Banco Hipotecario, había compañeritos trabajadores del Banco que se decían: "habrá que aguantar dos o tres años, hasta que llegue el FA al gobierno" para recuperarlo. Yo les tengo que decir que el Banco se fue al carajo, lo hicieron pelota, no sueñen, sáquense las telarañas, es otra cosa...

Porque ese Uruguay fue el que nos trajo a esto, y no queremos reconstruir ese Uruguay. Hay que refundar otro Uruguay, porque si no, el dolor que hemos pasado no nos habría dejado ninguna enseñanza. Es otro Uruguay el que queremos.

Me fui las otras noches a discutir en Rocha los "que sí, que no" del juicio político al señor intendente. En medio de todas aquellas críticas, lo que yo pensaba era que hay un estilo de hacer política y de ser gobierno, que está condenado por la Historia: la política para la joda, la política para el clientelismo, para el acomodo.

Hay que enterrar esa metodología, que es el gran cáncer que ha enfermado a este país frívolo, que cuando está enredado en la más espectacular crisis que ha padecido, por lo menos, en los últimos 50 años, hay quien plantea investigar el ADN de Gardel, o la propiedad de la empanada o del asado... ¿Podrá pensarse semejante frivolidad, en el medio del drama que tenemos por delante?

Por eso, cuando se sale con esas cosas, a mi me dan ganas de proponer que el domingo de tarde el Parlamento funcione para que discutan las bobadas, lisa y llanamente, y que durante el resto de la semana se trabaje en lo otro. Eso es producto de una génesis, ese sistema es consecuencia de lo que ha sido esta historia permisiva del Uruguay que hay que enterrar.

Por eso queremos hablar de la idea de Refundación. Porque tenemos que refundar también nuestra cabeza, nosotros también tenemos que refundarnos. Porque para ese país, para semejante frivolidad, ya no hay en el mundo tolerancia.

Nosotros, los de izquierda, también debemos refundar nuestras cabezas; refundar no es abdicar. Compañeros, ¿cómo podemos sacar una foto de 1960, y repetirla como un sonsonete hueco, sin entender los cambios de la realidad? Porque para que exista lo permanente tiene que existir el cambio, y la confrontación con la realidad.

No se puede ir a una asamblea, donde hay gente en general informada, y que a uno le planteen: "La izquierda no habla de Reforma Agraria", y uno se queda con ganas de preguntar: ¿vos plantaste alguna palangana de perejil alguna vez? Porque los compañeros son brutalmente bien intencionados, pero lo que no hicimos en 1940, en 1950, no podemos hacerlo hoy. Porque pasaron 60 años de historia y no tiene nada que ver con lo que hay que hacer hoy. Hay cambios que hay que incorporar, el Uruguay necesita reforma agraria pero no tiene nada que ver con la que planteábamos. Es otra historia, porque el mundo ha cambiado. O nos plantean: "Ah, la izquierda, ya no habla más del no pago de la deuda". No se entiende ni se analiza cuál es la realidad hoy, que nos tiene atenazados; con el FMI que nos tiene agarrados del cogote en un mundo unipolar. Hoy, cuando miro el mundo no tengo alternativas.

Y los compañeros no se plantean que la vieja lucha, que los viejos principios son los mismos, pero que, en definitiva, el no pago de la deuda es empezar por no seguir endeudándose; y segundo, empezar a entender que no se puede vivir de prestado. Que en el camino de la deuda, hay una parte que es responsabilidad nuestra, y no seguir mintiéndonos a nosotros mismos.

Y que no puede Marta Harnecker plantear a los compañeros en el Paraninfo por qué no hacen esto y lo otro, por qué no discuten; y los compañeros, inocentemente le contestan: "porque no tenemos tiempo", y les dice: "dejen la tarjeta de crédito, y verán que tienen tiempo" y uno se pregunta ¿vos, dejaste la tarjeta?

Compañeros, ¿por qué los proletarios critican tanto a los pequeños burgueses, pero todos quieren vivir como el pequeño burgués? ¿Por qué lo critican tanto, si en el fondo es más de lo mismo?

Entonces compañeros, creo que necesitamos revisar todas nuestras categorías también. Pero cuidado, no en el marco de sentarse en el Sportman, y criticar, sino comprometidos con la vida. Y como decía el Ñato, estamos entrando en el tiempo del bastón, sí. Ya no peleamos por nosotros. Ya no peleamos para ver el desfile triunfal. Estamos peleando por sembrar semillas. Porque cuanto más veteranos, más pacientes. Esta lucha no es para "apuraditos". Esta lucha es para consecuentes. Esta lucha no termina acá, este mundo no va a continuar indefinidamente como es hoy. Porque este mundo lleva en su maleta contradicciones explosivas. Este mundo unipolar en cualquier momento podrá ser otra cosa. Y creo en las ideas fundamentales –porque de lo contrario sería no creer en la vida—pero hay que tener la audacia de revisarlo todo.

Si se pierde el camino al corazón de las masas, todo lo demás es mera filosofía militante de boliche. Y para que el pueblo, que es el único elemento que da fuerzas, nos pueda acompañar, hay que entender que está construido con la figura de Sancho y quiere resultados presumibles. No piensa en el cuerno de la abundancia. Pero piensa en la seguridad mínima material para seguir tirando. Y esto tiene una parte de reforma y una parte de revolución y no hay revolución, si no la hay en el campo del pensamiento. Pero para darse eso, hay mucho que sembrar: una ética, porque la ética es también un valor económico, y es un valor fundamental.

Pero yo no estoy hablando de programas partidarios --jamás he visto un programa de los que redactan los partidos, que le recomiende a su gente que sea podrida, o que sea vendida, etc.--, no estoy hablando de catálogos de buenas intenciones.

No, yo no me refiero a la ética que se declara. Me refiero a la ética que se practica en la forma de vivir todos los días. No se puede ser tan exigente, tan crítico como algunos compañeros de izquierda, feroces criticadores del todo, y no tienen la ética intelectual de revisarse a sí mismos. Duchos en criticar todo lo demás, flojos consigo mismos. No lo digo para ofender, lo digo para provocarlos, porque si una cosa distinta tiene que tener la izquierda, más allá de las ideas, es el compromiso de una ética. Una futura burocracia política de confianza que deje el cuero en la cancha, y que sea la más barata de América Latina. No va a resolver ni por asomo con eso la penuria del pueblo uruguayo, pero tiene que dar una lección de ética. Tiene que demostrar que no se está en la izquierda atrás de la carrera de acumular plata, que eso puede ser hasta entendible y atendible en las filas del pueblo, pero no en la burocracia de confianza política de un proyecto de cambio en el camino de la izquierda.

Y esto hay que entenderlo, porque hay que ganarse autoridad moral, profunda autoridad moral para poderles parar el carro a los de derecha, a los de izquierda, y al que sea; frente a los corporativismos, frente al afán de reparto, frente a los naturales egoísmos que florecen en una sociedad. Hay que tener autoridad moral, y para tenerla hay que trabajar el doble de lo que nos exigen, y ganar la cuarta parte. Ser austeros, sencillos y comprometidos a ojos vistas. Que la gente te critique por viejo roñoso y tacaño --lo que quieran—pero que se den cuenta que un gobierno de izquierda tiene que ser como un padre duro en esta coyuntura, porque también tenemos que reponernos como pueblo. Ningún pueblo va a salir adelante si no acumula trabajo, si no reparte el fruto de un trabajo real, y sobre todo cuando hay que tapar en lo inmediato la brecha social, no de los que tienen algún trabajo, de la brecha social de los que no tienen nada. Y esos deben estar primero.

Pero primero no para vivir "de lástima", hay que encontrar los medios de generar laburo en un país productivo.

La izquierda no puede ser un organizador de la lástima. Y eso, cortada la capacidad de crédito, fundido hacia el exterior, y hacia el interior (nueve mil y pico de millones de dólares). La deuda interna debe salir del buen uso de los recursos. Obligatoriamente hay que ser machete hasta con los vintenes, porque hay que privilegiar las formas de inversión para generar trabajo real, efectivo, que aunque sea de baja productividad, empiece a generar valor. Porque el mayor despilfarro de una sociedad es tener tantas manos inactivas, sin trabajo. No podemos desafiar al monstruo; tendremos que ir "chiroleando" nuestro endeudamiento externo, pero no aumentarlo. Y si mañana algún rottwailer de la región sale de pecho levantado a poner a nuestro cuzquito a rueda, no salir regalado, como el antiguo perejil de feria.

Hay que ser además astuto, ladino, por lo que estamos peleando. Hay que invertir una fortuna en la cabeza de nuestros gurises, y crear condiciones para retenerlos. Pero para eso hay que darle motivaciones a la sociedad. Si el Frente va a luchar por el gobierno, tiene que luchar para poner las piedras fundamentales de estas cosas. Y entender que este tipo de cosas no deben ser propiedad de la izquierda. Deben transformarse en un capital colectivo de la nación.

No habremos de llegar a ningún paraíso. No nos espera ningún paraíso, sobre todo a los viejos, sino salir del infierno, y cultivar la esperanza, que es una cosa distinta.

Entonces compañeros, estos son los homenajes al viejo luchador. Apenas he redondeado como he podido algunas de estas cosas, que en el futuro seguiremos mascullando.

Un futuro programa de un futuro gobierno popular que llegue, tiene que aprender de sus fallas, de sus propias derrotas; la esperanza se recauchuta en los primeros 150 días de gobierno, o se pierde el partido. No es que en 150 días se pueda cambiar la realidad. Es que hay que darle un shock de esperanza a este pueblo. Los pueblos soportan, tienen una terrible capacidad de soportar. Pero los pueblos necesitan ver luz en el horizonte. Tener esperanzas en el horizonte, construir los caminos de un tiempo mejor.

Como los pueblos, que cuando salen de las guerras colosales las mujeres paren hijos, y no se sabe por qué hay tanto amor. En los pueblos que están heridos por la guerra es que, tal vez, la gente, en el medio del desastre y del dolor, se deja de pavadas y se da cuenta que no hay nada más importante que el amor.

Nosotros necesitamos eso, una comunicación con nuestra sociedad, para que aunque salgamos rotosos, salgamos con ganas a la cancha de la vida. Porque estamos creyendo en algo, y ese es el sentido de tanta lucha. La lucha por la existencia de una pequeña nación en una esquina importante de América Latina. Porque después de la izquierda, ¿qué le queda al pueblo uruguayo? La izquierda no puede fallar por serlo, pero no puede fallar por nación. Debe darle un contenido a nuestro pueblo, aunque seamos de cuarta división tenemos que jugar un partido de primera. Porque después de eso, si fracasamos: el nihilismo.

Y no podemos entrar como lo hicimos en la Intendencia, conciliando con nuestras propias chaturas, enredados en nuestro propio intelectualismo, dejándonos cercar por corporativismos de afuera, de adentro, del costado. Y entender que hay que poner el alma en la cancha, con una voluntad de servicio, porque llegar al gobierno es lo de menos, el quid de la cuestión es ganarse la gente. No hay nada asegurado si no está asegurado en el corazón de la gente. Y para eso hay que ser bueno, y derecho, y jugarse.

Ese es, queridos compañeros, el mayor homenaje al Bebe. También al Marciano, que se nos fue en estos días, que se bancó de secretario de finanzas, peleando los pesitos, en los años de soledad en que quedábamos pocos en esta casa. Y muchos nos criticaban de afuera, y peleamos contra la soledad de afuera y la soledad de adentro con un puñado de héroes. Y fue tan duro, más duro tal vez, que los años de cana.

Y varias veces nos dieron por muertos. Hace 40 años que nos están pronosticando la muerte. Si tendremos capacidad de revivir, y vamos a revivir. Hay muchos Bebe caminando por la calle, y todavía no lo saben. Nuestra apuesta es hacia las nuevas generaciones, pero sin darles un dogma, sin verdades reveladas, con la amplitud de nuestra cabeza y consecuencia en la vida. Un tremendo amor a la vida, un camino de austeridad, sin ofensa, sin control para nadie, pero sintiéndonos una partecita de cambio.

Porque al final, la prolongación de nuestra vida es la prolongación de la lucha del pueblo, y la lucha del pueblo necesita muchos hijos, miles de hijos, miles de nietos que levanten las banderas de esperanza allí donde los hombres y las mujeres aflojan por el dolor y por el peso de la vida, y dando siempre gracias a la vida que nos ha regalado tanto.

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