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Rivera quiso matar a Artigas, a quien tildó de "monstruo", "déspota", "anarquista" y "tirano"
(La República, 23 de setiembre de 2007)
El original de una carta, que
durante años negaron u ocultaron algunos historiadores uruguayos
y ahora fue ubicada por un investigador independiente en un
archivo de Argentina, revela que en 1820 el General Fructuoso
Rivera convocó a «ultimar» al prócer José Gervasio Artigas, a
quien calificaba de «monstruo», «déspota», «anarquista» y
«tirano».
El hallazgo, que puede modificar muchos conceptos instaurados en la propia historia oficial del país, según admitieron historiadores contemporáneos consultados por LA REPUBLICA, fue realizado por el psicólogo uruguayo José Eduardo Picerno, quien por años se ha dedicado a indagar sobre el pasado uruguayo y la cultura indígena en la región.
El documento es una carta que Rivera dirigió con fecha 13 de junio de 1820 al gobernador de Entre Ríos, Francisco Ramírez, quien entonces había traicionado a Artigas y lo combatía en las últimas batallas que el «Protector de los Pueblos Libres» daría antes de exilarse en Paraguay, donde moriría hace hoy exactamente 157 años.
«Todos los hombres, todos los Patriotas, deben sacrificarse hasta lograr destruir enteramente a Don José Artigas; los males que ha causado al sistema de Libertad e independencia son demasiado conocidos para nuestra desgracia y parece escusado detenerse en comentarlos, cuando nombrando al monstruo parece que se horripilan».
Con esas palabras escribía Rivera, quien agregaba: «No tiene otro sistema Artigas, que el de desorden, fiereza y despotismo; es escusado preguntarle cuál es el que sigue. Son muy, son muy marcados sus pasos, y la conducta actual que tiene con esa patriota Provincia justifica sus miras y su Despecho».
«Con respecto a que yo vaya a ayudarle, puedo asegurarle que lo conseguiré, advirtiéndole que debo alcanzar antes permiso Especial del Cuerpo Representativo de la Provincia para poder pasar a otra, mas tengo fundadas esperanzas de que todos los señores que componen este Cuerpo no se opondrán a sus deseos ni los míos cuando ellos sean ultimar al tirano de nuestra tierra», concluía la misiva.
La traición a Artigas
En 1820, la Banda Oriental se encontraba bajo dominación portuguesa, al mando del general Carlos Federico Lecor, conocido como el Barón de la Laguna. Las fuerzas artiguistas habían obtenido una victoria en Santa María el 4 de diciembre de 1819, pero sufrieron una dura derrota en la Batalla de Tacuarembó el 22 de enero de 1820.
Artigas buscó retomar fuerzas y cruzó el Río Uruguay para pedir apoyo en los caudillos de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, pero aquellos tenientes que le siguieron en la creación de la Liga Federal ya tenían otros intereses y si no se excusaron de darle auxilio lo combatieron, como Ramírez en Entre Ríos, a quien quedaría el mote de «El Traidor».
En esa etapa, en la que Rivera se integra a las fuerzas portuguesas y obtiene mando de tropas y grado de coronel, es que se produce la correspondencia con el gobernador de Entre Ríos, a quien el luego fundador del Partido Colorado y primer Presidente de la República apoya en su proyecto de «ultimar» al general Artigas.
La documentación encontrada por el investigador Picerno en el Archivo de Corrientes muestra dos cartas de Rivera a Ramírez. En la primera, fechada el 5 de junio de 1820, se hace referencia a cuestiones comerciales, pero es en la segunda que Rivera se ofrece a cruzar el río para matar a Artigas.
En la carta del 13 de junio de aquel año, Rivera se lamenta de que Artigas haya conseguido una victoria ante Ramírez, y le ofrece el apoyo de «su excelencia el Señor Barón de la Laguna», quien «había sido enviado por Su Majestad para proteger las legítimas autoridades, haciendo la guerra a los Anarquistas, en tal caso considera a Artigas».
Derrotado, Artigas decide cruzar el Paraná
el 5 de setiembre de 1820 (algunos historiadores señalaban la
fecha del 23 de setiembre) y entregarse al dictador de Paraguay,
doctor Gaspar Rodríguez de Francia, luego de negarse a un exilio
en Estados Unidos propuesto por el cónsul del gobierno de la
Unión en Montevideo.
Documento «ninguneado»
La carta de Rivera a Ramírez aparece mencionada en dos trabajos que se encuentran en la Biblioteca Nacional, pero su contenido no ha figurado hasta ahora en la historia oficial de Uruguay porque la misiva fue descalificada por aspectos técnicos o «ninguneada» por intereses políticos o conveniencias históricas.
El primero en publicar las cartas de Rivera fue un historiador aficionado, funcionario de la impositiva, llamado Setiembre Raúl Vera, quien en 1937 editó el libro «Aclaraciones Históricas La prueba de una gran traición», pero el documento no fue considerado porque había subrayado frases y la impresión fotográfica del original no era clara.
En 1944, también hizo alusión a la correspondencia el historiador Antonio De Freitas, quien reprodujo el texto de la misiva en su trabajo «El levantamiento de 1825″, sin embargo, su contenido también fue descalificado porque no se citaba en forma específica la fuente y el archivo donde se había encontrado el original.
El documento tampoco fue incorporado al «Archivo Artigas» a pesar de que desde su creación por Ley en 1945 se posibilitó que investigadores e historiadores viajaran a países latinoamericanos, particularmente a Argentina, para obtener toda mención sobre el general José Gervasio Artigas. En el último de los 36 tomos publicados del «Archivo Artigas» se llegó a incluir la primera de las dos cartas de Rivera a Ramírez, pero la segunda correspondencia en la que se convoca a matar al prócer aún no ha sido reconocida, aunque algunas fuentes no descartan que una copia descanse en la caja fuerte de algún reconocido historiador.
Según pudo confirmar LA REPUBLICA en su consulta a investigadores e historiadores, no sería la primera vez que documentos legítimos no son incluidos en la historia oficial uruguaya por presiones políticas o inconveniencias históricas. Así habría ocurrido con la historia del «Caciquillo» Manuel Artigas, hijo del propio prócer de la patria.
«Es la firma de Rivera»
José Eduardo Picerno narró a LA REPUBLICA que encontró los originales de las cartas de Rivera casi por casualidad. Había tenido referencia de los trabajos de Vera y De Freitas y buscó la documentación en los archivos de Paraná y Corrientes, donde contó con el apoyo de quienes no podían creer que alguien quisiera matar a Artigas, explica.
Picerno opina que hasta ahora no se había dado crédito a las referencias sobre las cartas a Ramírez por vicios formales, pero ahora se cumplen todos los requisitos para que un hecho de semejante magnitud sea reconocido por la historia oficial del país y «se comprendan las diferencias ideológicas y éticas» que tenían Artigas y Rivera.
El documento histórico que Picerno proporcionó a LA REPUBLICA fue presentado al historiador Gerardo Caetano, quien luego de estudiarlo opinó que era absolutamente verosímil y se constituía en un hallazgo importante para la historia uruguaya. Caetano no descartó que diversos intereses hayan mantenido oculto el tema durante años.
La licenciada en historia Ana Ribeiro, docente y autora del libro «El caudillo y el dictador», especialista en documentación sobre Artigas, reconoció que la carta luce la firma de Fructuoso Rivera, aunque probablemente el texto haya sido escrito por algún secretario, ya que no mostraba las faltas ortográficas que caracterizan los textos de Rivera.
Para Ribeiro, la carta encontrada por Picerno maneja expresiones de Rivera y en particular sus modismos políticos y diplomáticos cuando hace referencia a que estaría dispuesto a ir personalmente a Entre Ríos a «ultimar al tirano», pero se excusaba de que antes debía obtener permiso de las autoridades portuguesas.
El hallazgo de Picerno permitiría ahora incorporar el polémico material al Tomo 37 del «Archivo Artigas», de próxima publicación, citando correctamente la ubicación de su original: «Archivo de Corrientes, Calle Pellegrini 1385, Sala 2 Don Hernán Félix Gómez, Correspondencia Oficial años 1810-1921, Tomo 09 Folio 053 al 055″.
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Rivera: "Ultimar al tirano de nuestra tierra"
(La República, 23 de setiembre de 2007)
Trascripción de la segunda carta, con fecha 13 de junio de 1820, del General Fructuoso Rivera al Gobernador de Entre Ríos Francisco Ramírez (Fuente: Archivo de Corrientes, Calle Pellegrini 1385, Sala 2 Don Hernán Félix Gómez, Correspondencia Oficial años 1810-1921, Tomo 09 Folio 053 al 055.)
«Sr. D. Franco. Ramírez. Montevideo, Junio 13 de 1820
Mi estimado amigo:
Ayer recibí su carta del 31 por el Capitán D. Laureano Marques que sale ahora mismo con la presente.
Hace dos días que escribí a usted instruyéndolo de mi actual situación, y al mismo tiempo, del estado de esta Provincia, indicándole lo interesante que sería para esa y esta establecer relaciones de amistad y comercio para cuyo medio lo ponía (sin comprometer a la que gobierna) en estado de reparar los males que ha causado la guerra.
Todos los hombres, todos los Patriotas, deben sacrificarse hasta lograr destruir enteramente a Don José Artigas; los males que ha causado al sistema de Libertad e independencia, son demasiado conocidos para nuestra desgracia y parece escusado detenerse en comentarlos, cuando nombrando al monstruo parece que se horripilan. No tiene otro sistema Artigas, que el de desorden, fiereza y Despotismo; es escusado preguntarle cuál es el que sigue. Son muy, son muy marcados sus pasos, y la conducta actual que tiene con esa patriota Provincia justifica sus miras y su Despecho.
Es bueno se conozca me ha sido sensible y puedo asegurarle que todos han sentido generalmente que hubiese conseguido Artigas este pequeño triunfo. Yo espero y todos que usted lo repare, y para que usted conozca mi interés diré lo que he podido alcanzar en favor de usted de su excelencia el Señor Barón de la Laguna.
Su excelencia apenas fue instruido por mí de sus deseos me contestó que había sido enviado por Su Majestad para proteger las legítimas autoridades, haciendo la guerra a los Anarquistas, en tal caso considera a Artigas, y como autoridad legítima de la provincia de Entre Ríos a usted, por consiguiente para llevar a efecto las intenciones de Su Majestad me previene, que avise a usted que están prontas sus tropas para auxiliarlo, y apoyarlo como le convenga, y para esto puede usted mandar un oficial de confianza, con credenciales bastantes al Rincón de las Gallinas, donde se hallará el General. (fin de la primera hoja)
Saldaña, con quien combinará el punto o puntos por donde le convenga hacer presentar fuerzas e igualmente la clase de movimientos que deben hacer.
Usted persuádase que los deseos de Su Excelencia son que usted acabe con Artigas y para esto contribuirá con cuantos auxilios están en el Poder.
Con respecto a que yo vaya a ayudarle, puedo asegurarle que lo conseguiré, advirtiéndole que debo alcanzar antes permiso Especial del Cuerpo Representativo de la Provincia para poder pasar a otra, mas tengo fundadas esperanzas de que todos los señores que componen este Cuerpo no se opondrán a sus deseos ni los míos cuando ellos sean ultimar al tirano de nuestra tierra.
No deje usted de continuar dándonos sus noticias, mucho nos interesa la suerte de Entre Ríos; para que usted le asegure una paz sólida todos estos señores Su Excelencia el Señor Barón y yo trabajaremos. En todos casos quiera contar con la amistad de su atento su servidor y amigo, que besa su mano.
(Firmado) Fructuoso Rivera»
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CON EDUARDO PICERNO, DESCUBRIDOR DE LAS CARTAS DE RIVERA A PANCHO RAMIREZ
"Con estas cartas, Rivera no sólo pretende matar a Artigas, también muestra su ideario"
(La República, 3 de noviembre de 2007)
Parece claro que ha habido un ocultamiento deliberado de esos documentos…
- Ocultar cosas es muy humano; fíjese que ahora hay cosas que se están ocultando desde hace treinta años… Pero se han ocultado cosas desde hace 200 años, como es el caso de las cartas, cuya existencia no se había comprobado científicamente. Un documento puede ser adulterado, e incluso inventado, pero si uno ofrece la fuente de ese documento, damos la oportunidad de que cualquiera lo pueda corroborar.
¿Y cómo es posible que hasta ahora no se hubiera dado con los originales de esas cartas que usted halló en Corrientes?
- Hacia 1950 había una especie de orden del gobierno de que todo documento que afectara la figura y la imagen de los partidos políticos o de héroes nacionales no se publicara. Es probable que las cartas de Rivera fueran conocidas por Pivel Devoto, que era el organizador y el editor del Archivo Artigas, y que en virtud de esa disposición no las haya dado a conocer. Para la ciencia no hay imágenes a respetar ni mitos; tiene que decirse la verdad, lo bueno y lo malo de cada ser humano… Todos tenemos virtudes y defectos.
(…)Artigas es un caso casi único de cúmulo de virtudes. Rivera se hizo junto a Artigas, tenía que conocer las Instrucciones del año XIII, el reparto de tierras, algunas comunicaciones de Artigas a las provincias, etcétera. No podía ignorar la voluntad de Artigas de que los más infelices fueran los más privilegiados (algo parecido a la prédica de Jesús). Hay una justicia social ahí, y esa idea tiene que continuarse. Rivera era su lugarteniente preferido, y muchas de las cosas que dice las ha tomado de Artigas, pero después no las puso en práctica: cuando llegó a la presidencia, no procedió al reparto de tierras según el Reglamento del año XV, por ejemplo, ni observó las directivas de Artigas con respecto a los indios.
¿Cómo llegó al documento original?
- Había unas fotocopias sin valor histórico porque no se certificaba que provenían de un original. Eran dudosas, y la duda es la base de toda investigación.
Una especie de duda metódica, cartesiana.
- Así es. Y me ha pasado que al final de una investigación compruebo que la duda era acertada. A mucha gente le molesta la caída de un ídolo, como fue Rivera (a mí también). Pero cuando uno se dedica a investigar científicamente, se da cuenta de que la verdad tiene más fuerza que la ideología.
Yo pensaba que ese documento podía tener algo de realidad. Y empecé a buscar primero en el archivo de Entre Ríos. En Paraná me dijeron que allí no estaba pero que algo del archivo de Ramírez podía estar en Corrientes. Y así fue como di con los originales de las cartas. En Corrientes me recibieron muy bien, empezamos a hablar de Artigas y no podían creer que hubiera un uruguayo que se hubiera ofrecido a matar a Artigas, una figura muy venerada por entrerrianos y correntinos. Al cabo de unos días, encontramos las famosas cartas.
Ahora se sabe que el original está realmente en un lugar determinado, o sea que existe, y se puede analizar tranquilamente, sin pensar que se está analizando un texto que pudiera ser fraudulento. Sin embargo, ya vi las primeras señales de intolerancia en dos personas que tienen títulos de profesoras de Historia. En un programa de Canal 12, de mañana, el tema que les propuso el conductor, que era sobre el contenido de la carta, ellas lo cambiaron. Dijeron que la carta ya se conocía, o que Rivera tenía mucha cintura política y que esa carta no agregaba nada, etcétera. Siguen omitiendo el tema de fondo, es decir la gran diferencia en conducir un pueblo según ideas artiguistas o según ninguna idea. Pero además, hay que tener en cuenta otros hechos. En enero de 1820 Artigas pierde la batalla de Tacuarembó y cruza el Uruguay en busca de apoyo para reorganizar sus fuerzas, y en marzo Rivera jura ante el reino de Portugal y le dan el grado de coronel. Por tanto, eliminar a un enemigo como Artigas era un objetivo importante para los intereses de Lecor y un galardón para Rivera si éste lo lograba.
¿Cómo definiría a Rivera?
- Rivera no tenía una ideología clara. No la tenía ni para sus propias finanzas, y tuvo que vender parte de su patrimonio para mantener al Ejército. Para el combate a los charrúas, él puso treinta mil pesos. Hay una correspondencia con Espinoza en la que éste le aconseja prudencia financiera, diciéndole que un presidente no puede ser insolvente, alguien que no paga sus deudas. De esto no se ha divulgado nada, por motivos políticos sin duda… La gente no quiere saber la verdad. Sobre los indios, por ejemplo, se había fabricado una leyenda negra ya desde tiempos de la conquista, y fue esa misma mentalidad la que promovió la acción de Salsipuedes.
Hay quienes sostienen que en realidad Rivera no tenía la intención de matar a Artigas.
- Sí, pero hay otra carta anterior en la que expresa más o menos lo mismo sobre Artigas, como abonando el terreno o como si formara parte de un plan para justificar su ofrecimiento de acabar con la vida del prócer. En esta primera carta sostiene la necesidad de eliminar al «sanguinario» para felicidad de las provincias, y en la segunda, pocos días después, directamente se ofrece para matarlo.
Pero también se dice que era una treta de Rivera para unirse a Artigas…
- No, porque ya desde el año 16, cuando comienza la invasión portuguesa, Rivera empieza a desobedecer órdenes de Artigas y a manifestar su adhesión a la causa portuguesa. Un gran acomodaticio que no quería quedar mal con nadie. Y fíjese qué ironía: el que habla así de Artigas y se ofrece para matarlo será el primer presidente de este país; y por supuesto, gobierna exactamente al revés de lo que preconizaba Artigas. En vez de facilitarles tierras a los indios, en vez de ir a dialogar con ellos, los dejó librados a su albedrío y que se las arreglaran como pudieran. Claro, los indios mataban vacas ajenas para alimentarse porque para ellos todo lo que estaba sobre la tierra no tenía dueño.
Nunca nadie habló del episodio de Salsipuedes, hubo un pacto de silencio y sólo la versión oficial de Rivera. Pero hay una de Manuel Lavalleja, hermano de Juan Antonio, de 1848, que estuvo diez meses hablando con algunos sobrevivientes de Salsipuedes, y es en esa que estoy trabajando ahora.
Y de Lavalleja, ¿qué opina?
- Lavalleja era muy arrojado, un soldado valiente, pero no era un estadista, como sí lo era Rivera. Un temerario que se hacía respetar por su coraje. Impulsivo hasta el exceso, pero no tenía visión política para la República.
Pero lo que me interesa resaltar es que mediante esta carta, Rivera no sólo pretende matar, «hacer desaparecer» a Artigas, sino que junto a él, muestra todo su ideario político y social. Porque no es cualquiera que dice que Artigas es un sanguinario perseguidor de la humanidad, un monstruo, etcétera. Es justamente la persona que va a ser el primer Presidente de la República, el que va a dar la pauta inicial de cómo llevar el país adelante. ¿Y con qué planes, con qué acervo ideológico? Ninguno.
El proyecto artiguista lo canceló ya en 1820. Rivera, ahora, nos hace pensar que sólo estuvo con Artigas para tener un sueldo y escalar en la carrera militar. Porque nada tomó de sus ideas, y por el contrario, se mostró, apenas pudo, como acérrimo enemigo del sistema ideológico del prócer.
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Primera carta de Rivera a Francisco Ramírez (5 de junio de 1820)
1820-06-05-T-Primera carta de Rivera a Francisco Ramírez (Gobernador de Entre Ríos) en que entre varios comentarios políticos le expone su concepto acerca de Artigas (el más sanguinario perseguidor de la humanidad) ambas cartas son escritas en momentos en que Artigas está cruzando Entre Ríos y luchando con Ramírez para luego exiliarse en Paraguay. Fuente: Archivo de Corrientes, Calle Pellegrini 1384, Sala 2 Don H.F. Gómez, Correspondencia Oficial años 1810-1921, Tomo 09 Folio 053 al 55.
Transcripción:
“El vehemente deseo de restituir la paz a la más poderosa, pero la más desgraciada de las provincias, había ocupado largo tiempo mis meditaciones. Embargado estaba de ese grande objeto, cuando la jornada de Tacuarembó lo hizo más necesario. Fluctuante entre el horror y el Patriotismo paralizaba por momentos mi halagante determinación; mas el bien general superó, ayudado de la invitación que me hizo la Excelentísima Comisión del Cuerpo Representativo de esta Provincia, como lo manifiesta el documento No.1º caminando con la circunspección que merecía asunto tan delicado, y de tanta trascendencia, quise, sin comprometerme, averiguar en su origen el motivo que había impulsado a obrar al Cuerpo Representativo.- Este era sano a mi ver y además de ser el mío, estaba revestido con el carácter de justo, y conveniente al Territorio. Este descubrimiento hubiere causado la más pacífica transacción, si la desconfianza que hace la desgracia de los Estados, no la hubiere hecho estrepitosa. Sin embargo de todo, la guerra finalizó por el reconocimiento celebrado en mi campo de los Tres Árboles, como aparece del documento No. 2º.
Mis esperanzas de presentar la quietud a mis infelices paisanos no han sido burladas; porque desde aquellos instantes he podido contener los furores de una natural represalia. La parte que ha tomado la respetable Corporación en general, y algunos miembros en particular, es digna de recomendación y reconocimiento. Por esta concordancia de ideas y deseos se ha innovado la infeliz suerte de la Banda Oriental, preparada por una mal entendida y peor cimentada ambición, cuyos agonizantes efectos, parece que sienten los Pueblos que con todo su poder la sostuvieron.
Nada habría hecho, si detuviere mis pasos en tan corto recinto, la naturaleza, que jamás pierde sus derechos, reasumiendo su ímpetu me obligan a significar así que de la identidad (…)nace la del interés, que si usted quiere sin manchar el honor de esa Provincia asegurando al contrario las bases de la futura felicidad, y sin desmentir el celo, que tantas veces ha demostrado en defensa del País, puede precedida de la justicia y necesidad restituir las relaciones comerciales al mismo pie que antes; y es conocido que las ventajas inclinarán la balanza a su favor. Todo lo que contribuya a la buena armonía, a cimentar el orden, economía y adelantamiento de esta Provincia no dudo que se conceda por los jefes que la gobiernan, y será el mejor garante de su comportación. Recordaré a usted que en virtud de esta fueron restituidos todos los oficiales prisioneros naturales de esa, después de habérseles socorrido con lo más necesario; paso nunca imaginando por el Jefe que tantas veces se proclamó protector.
Los materiales para levantar este sólido edificio están preparados, siempre que usted quiera prestarse a la fuerza de las necesidades, y del interés que nos agita. Me conoce usted demasiado para dudar un solo momento de mis intensiones; ellas han girado siempre sobre el estrecho círculo de la buena fe. Por esto digo a usted que todo acto demandado por la conveniencia, y autorizado por la razón, es el más legítimo y por consiguiente merece el sufragio general. De esta clase es la restitución de los oficiales Portugueses, tomados y hechos prisioneros sin antecedentes [de] declaración de guerra; lo es también la reposición del comercio. Por lo primero demostrará usted su rectitud y firmeza; y por lo segundo su humanidad, y extremosa afección a la Provincia de su mando. Cooperarán a este último con todo su poder las fuerzas de mar Portuguesas cuyo Jefe tiene las competentes órdenes para ponerse a disposición de usted cuando lo crea necesario. Mas para que el restablecimiento del comercio tan deseado, no sea turbado en lo sucesivo es de necesidad disolver las fuerzas del general Artigas, principio de donde emanarán los bienes generales, y particulares de todas las Provincias, al mismo tiempo que será salvada la humanidad de su más sanguinario perseguidor. Los monumentos de su ferocidad existen en todo este territorio; ellos excitan a la compasión y mucho más a la venganza.
Por estos principios han reconocido el más tierno placer todos los Orientales al nuevo gobierno, que les prestaba todos los beneficios que nacen de la paz. Por ella disfrutan de un libre comercio todos los Pueblos situados el Uruguay, y Río de la Plata.-
Se convencerá usted por las diferentes actas que adjunto con solo este objeto.
Dios guíe a usted muchos años
Montevideo, 5 de Junio de 1820
Fructuoso Rivera
Señor Gobernador de la Provincia de Entre Ríos,
Don Francisco Ramírez”
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Rivera había ofrecido su ayuda en 1820 para matar a Artigas
por Gonzalo Abella (vecinet, 25 de enero de 2006)
(extractado del libro Artigas, el resplandor desconocido -ensayo histórico- Capítulo VIII Releyendo documentos. Habla Artigas y hablan sus contemporáneos
“(…)Antonio María de Freitas había publicado en 1944(24) las cartas de Rivera pidiendo a Ramírez que matara a Artigas; Rivera llegaba a ofrecer su ayuda para ese fin.
No sé qué repercusión tuvo eso en 1944, porque yo no había nacido, pero hace muy pocos años un joven estudioso de la historia uruguaya, Oscar Montaño, volvió a publicar estas cartas ¡y la fotografía reproduciendo hasta la firma de Rivera! en su libro "Umkhonto"(25).
Pensé que los riveristas iban a poner el grito en el cielo diciendo que los documentos eran falsos, pero hicieron algo más inteligente: usando su influencia decretaron que el libro de Montaño no existe, y no se habla de él en la gran prensa ni en la televisión mientras se reeditan con gran marketing libros riveristas que omiten este episodio y otros igualmente graves.
"Quien calla, otorga" dice un viejo refrán. Pero si se hace callar todas las campanas grandes, ¿qué se otorga?
Reproduzco aquí también un fragmento de estos documentos. Rivera a Ramírez, segunda carta con el mismo asunto:
"Todos los hombres, todos los patriotas deben sacrificarse hasta lograr destruir enteramente a José Artigas; los males que ha causado al sistema de libertad e independencia son demasiado conocidos para nuestra desgracia, y parece excusado detenerse en comentarlos cuando nombrando al monstruo parece que se horripilan."
Después le anuncia a Ramírez que su nuevo amo, el invasor portugués Barón de la Laguna pide:
"...que usted acabe con Artigas y para eso contribuirá con cuantos auxilios estén en su poder"
Y concluye:
"Con respecto a que yo vaya a ayudarle puedo asegurarle que lo conseguiré" (para) "ultimar al tirano de nuestra tierra"
No son hechos circunstanciales en Rivera. Rivera en algo es consecuente: en su inconsecuencia. Jorge Pelfort, en carta al semanario Búsqueda(26)y citando nuevamente a Freitas y por él a La Gaceta Mercantil de Buenos Aires de 1833, nos recuerda un comentario de Juan Antonio Lavalleja, jefe de los Treinta y Tres Orientales que iniciaron la Cruzada Libertadora de 1825:
"Cuando tomé prisionero en 1825 al General Rivera se le halló en la cartera una autorización para que ofreciera mil pesos al que le entregara mi cabeza" (la de Juan Antonio Lavalleja, G.A.) "y otros mil al que le presentase la del entonces Mayor y ahora General Manuel Oribe".
El archivo de Pelfort nos da todavía otro aporte interesante sobre la personalidad de Rivera a través de una carta de Don Frutos escrita muchos años después (ya próxima su muerte en Melo). Curiosamente Pelfort encuentra reproducido este documento en un suplemento dominical del difunto diario "El Día" de Montevideo, de fecha muy reciente: 6 de marzo de 1977.
Escribió Rivera: "Yo creo no poder regresar tan pronto a la capital para ocuparme del gobierno y de la política porque lo que más importa es el completo exterminio de los blancos" (por supuesto se refiere a los partidarios del Partido Blanco o Nacional, no a los caucásicos).
Pero si esto es así, ¿qué hace la imagen de Rivera en las escuelas públicas del Uruguay? ¿Cómo se permite el violento atentado a la verdad histórica de presentar a un enemigo jurado del artiguismo, como su continuador? ¿Cómo se armoniza la tan mentada "laicidad" de la escuela pública con el homenaje a un personaje cuyo único mérito fue fundar un partido político tradicional y aborrecer al otro?(…)”
Notas del autor en el libro original en papel y versión Internet:
(24) "La revolución Oriental de 1825". FREITAS Antonio María de, 1944, Montevideo, Ed. del autor.
(25) "Umkhonto" de MONTAÑO Oscar, Ed. Rosebud, Montevideo, 1997.
(26) Carta al semanario "Búsqueda" de Montevideo publicada el 23 de Diciembre de 1998, firmada por PELFORT Jorge
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Rivera (alias el Pardejón)
por Leopoldo Amondarain (La República, 1 de octubre de 2007)
La carta del Pardejón Rivera al entrerriano Ramírez pidiendo y ofreciéndose a asesinar al Prócer Artigas, su antiguo jefe y Protector, no era precisamente desconocida. Bien recoge LA REPUBLICA que ya en el año 1937 un investigador, señor Raúl Vera, y en 1944 el muy bueno y fino historiador don Antonio María De Freitas lo habían denunciado e intereses subalternos políticos, obviamente colorados, lo descalificaron con argumentos menores.
Pero lo importante y diría decisivo sobre la execrable personalidad del Pardejón y sus repugnantes conductas es el haberse encontrado de parte del psicólogo e investigador histórico Eduardo Picerno el documento o carta propiamente dicha, original, ¡en el archivo de Corrientes!
Con esa prueba fehaciente, ¡ya no da ni para discutir! Pero bueno, es determinar que «esta perla» de Frutos contra Don José no es la única bellaquería, traición o canallada que en su sinuosa existencia tuvo esta siniestra como repulsiva figura, fundadora del Partido Colorado.
Su vida fue una secuela interminable de crímenes, deshonestidades y falsedades prolijamente estibadas contra todos sus ocasionales amigos del día para apuñalearlos al siguiente, según la conveniencia personal que lo favoreciera.
Podemos comenzar con el genocidio de Salsipuedes, cuando bajo mentiras y engaños lleva a sus «amigos» indios charrúas, con mujeres, viejos y niños inclusive a la encerrona con la excusa del «asado» y emborracharlos con caña brasileña (los «mamó»), y hasta desarmó al cacique Venado (soldado antiguo de Artigas) pidiéndole el «torcedor» o facón del indio, para «picar» su naco de tabaco. Hecho lo cual, le pega el tiro y da con ello la orden de comenzar la masacre. Remataron a los sobrevivientes un par de días después su «sobrinito» Bernabé en el galpón de la estancia de Bonifacio Penda llevados ya vencidos con la promesa de auxiliarlos y alimentarlos. Cerraron las puertas por fuera del galpón mientras se curaban y comían, y por las ventanas enrejadas los ejecutaron.
Además de asesinos, ¡cobardes! Tampoco olvidar su «ejemplar» entrega al servicio de los imperios de turno. El propio almirante Leblanc, comandante de la flota francesa, señala el «agradecimiento» del general Rivera al despedirse en su vuelta a Francia, solicitándole «la collage» obeso franchute de agradecimiento por los servicios prestados indispensables del imperio en la obtención de su presidencia.
¡Además, arrastrado y alcahuete! Ni olvidar, en tan variadas como abundantes anécdotas lamentables, a los masones brasileños, a los cuales se había adherido en su exilio en Brasil, para lograr mediante sus influencias que lo soltaran y le diesen dinero, cosa que logró. Para después mandarse mudar con la plata traicionándolos como era su costumbre.
Tampoco pasar por alto, la conocida carta a su amigo Julián Gregorio Espinosa el 8 de mayo (Revista Histórica XXXV) «Me hicieron cometer el error de decapitar a una infinidad de desgraciados que hablándote la verdad, a todos o su mayor parte ni los conocía» (sic).
Cuando Juan Manuel de Rosas en dos oportunidades lo vino a buscar para integrar la incipiente gloriosa cruzada libertadora de los 33 y ser el 34, responde «que no es oportuno» la primera vez. Y la segunda, que no es partidario de la independencia total, sino parcial»…
Se duda de lo que quiso decir. De lo que no hay la mínima duda, es de que Lecor y sus portugos lo tenían bien pago y adobado. Lo condecoraron, es notorio, con los títulos de «BRIGADEIRO DE IMPERIO» y «BARON DE TACUAREMBO»…
A mayor abundancia, recuérdese la carta de Lavalleja a su esposa, Ana Monterroso, publicada por Pivel en la Epopeya Nacional Tomo 7. En la misma, le relata Juan Antonio: «Cuando cayó entre mis manos me suplicó me librase su vida», y agrega: «no tiene más remedio que venir con nosotros» (los 33).
O sea, es la prueba cabal de que el «mentado» abrazo del Monzón fue puro cuento. Al decir del propio Lavalleja, aceptaba sí o sí, o caía en la famosa «refalosa»…
Fue una viveza de Juan Antonio que lo obligó a pasar sus tropas engrosando así el ejército libertador contra Lecor y sus portugos que terminaba siendo también traicionado por el Pardejón. Estuvo con los porteños, con los brasileños, con los franceses e ingleses. Con los masones norteños, con Artigas, a quien termina por pedir su cabeza a Ramírez, y culmina sus «paseos» por todos los espectros, con los orientales (que ya había traicionado) por no tener «más remedio» según Juan Antonio.
Carecía de todo principio o moral pero, para aventar argumentos en su defensa que nos puedan endilgar nuestra calidad de blancos, es interesante y muy ilustrativo recoger opiniones de los propios colorados de su época. El propio entonces coronel César Díaz, colorado y salvaje insospechado de otra cualquier tendencia, jefe posterior de los mal llamados «mártires de Quinteros» después de la batalla de arroyo Grande donde Oribe los corrió a «sablazos» obligándolo a huir en mangas de camisa a lomo de caballo y abandonando sus armas incluyendo su sable, el uniforme con jinetas incluidas y dejando sus hombres para salvar el «pellejo», textual le escribe a su esposa: «Amada mía», Francisco I le relató a su madre después de la batalla de Pavia, «todo se perdió menos el honor» había caído pero el valor sublime del honor se salvó».
Acá en cambio, Rivera temiendo más por su vida que la tremenda responsabilidad de proteger a sus soldados a su cargo, se separó de su ejército estando aún indecisa la batalla que con menos cobardía y algo de serenidad o ideas estratégicas hubiesen podido ser salvados» (César Díaz. Memorias)
¡Lo trata, incluso, de cobarde ¡el propio colorado! Siempre en el mismo trillo «colorante»,el entonces ministro de Guerra coronel Lorenzo Batlle, posterior Presidente y padre de Don Pepe, avalado por el canciller Manuel Herrera y Obes (ninguno blanco por cierto) lo desterraron a Rio de Janeiro, acusado de «traición y dolos diversos» (sic).
Pero, si en materia administrativa y moral pública algún distraído quisiera defenderlo, baste leer el informe de la Comisión Económica Administrativa de su período presidencial realizado y firmado por los doctores José Pedro Ramírez, Antonino Costa y Ramón Artagaveytia sobre los robos y abusos de cualquier calibre y paladar al gusto de los más exigentes exégetas en la materia.
Después de todo este listado, por supuesto queda mucho más en el tintero, como frutilla en postre resta lo de solidarizarse y solicitar la ejecución de Artigas por su propia mano por ser el Prócer a su criterio: «Monstruo, déspota, anarquista y tirano, casi nada…» No obstante, en su presidencia tuvo la desfachatez increíble de mandarlo buscar al Paraguay.
El viejo y glorioso jefe Don José, con la dignidad que siempre le fue característica y lo eleva en la historia al más alto podio de los Héroes, despreció con repugnancia el «increíble» arrepentimiento de su antiguo protegido, que le enviaba por su hijo una carta con ofertas tentadoras. Cuando supo que era de Rivera hizo devolver el sobre sin abrirlo.
¡Siempre fue muy duro con razón, con los traidores!
Rivera alias ¡el pardejón!, murió sifilítico al volver al Uruguay en uno de los tantos exilios que de apuro tuvo «obligado» que tomar a su arribo en la frontera con Brasil. Se le trajo a Montevideo, «al patrón» como le llamaban sus «honorables pares colorados», dentro de un tanque de caña para evitar la descomposición del cadáver. Los «transportistas» se ignora que si por simple vicio o por remordimiento de traer semejante personaje llegaron «mamados».
Rigurosamente real y exacto.
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VER TAMBIÉN:
• José Artigas: Karai Guasú Protector de los pueblos libres
https://tinyurl.com/vecinet-Artigas
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http://www.chasque.net/vecinet/artigas.htm
• José Artigas: la soberanía particular de los pueblos
https://tinyurl.com/vecinet-noti1233-1
.....
https://www.facebook.com/share/p/1bx6AJmSCS/
.....
http://www.chasque.net/vecinet/noti1233.htm#T1
• El 13 de abril de 1813: una fecha pilar en la historia del Federalismo y de la Soberanía Particular de los Pueblos
https://tinyurl.com/vecinet-noti1223-2
.....
https://www.facebook.com/share/p/14qvg8MXk5y/
.....
http://www.chasque.net/vecinet/noti1223.htm#T2
• Reglamento de Tierras de 1815: "que los más infelices sean los más privilegiados"
https://tinyurl.com/vecinet-noti1248-2
.....
https://www.facebook.com/share/p/1U5VeQiiBe/
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http://www.chasque.net/vecinet/noti1248.htm#T2
• (1816) La Biblioteca de la Revolución y el sueño de la "pública felicidad": La Primera Biblioteca Pública
https://tinyurl.com/vecinet-noti1229-1
.....
https://www.facebook.com/share/p/1BTGd59SQb/
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http://www.chasque.net/vecinet/noti1229.htm#T1
• José Artigas: El
"simple ciudadano" ante el exilio y la memoria
• Una carta que revela "claroscuros" de Rivera
Entrevista con la historiadora Ana Ribeiro tras la difusión de una carta en la que Rivera reconoció haber querido matar a Artigas
http://historico.espectador.com/cultura/105082/una-carta-que-revela-claroscuros-de-rivera#1
• La educación, la política y la sociedad reflexionan sobre la carta del ex presidente y su intención de matar a Artigas
¿Se debe hacer un revisionismo histórico sobre la figura de Fructuoso Rivera?
• Exponen documentos que evidencian el "lazo maestro" de Rivera en la masacre de Salsipuedes
Acusan a Sanguinetti y Martha Canessa por apología del genocidio de charrúas
• La confesión de Rivera, autor del genocidio Charrúa en 1833
por Psic. José Eduardo Picerno (vecinet, 25 de enero de 2006)
https://tinyurl.com/vecinet-noti796-1
…..
http://www.chasque.net/vecinet/noti796.htm#1
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