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Gobiernos locales, descentralización y
participación ciudadana en Montevideo
Seminario
10 años de descentralización: un debate necesario
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Conclusiones tentativas:
La influencia del
sistema político
Por un lado, además
de las conclusiones sobre la participación que sólo
nos interesan para analizar el diseño institucional y sus
transformaciones, adelantamos algunas que intentan
explicitar los
parámentros[1]
que han influido en ese proceso de diseño institucional,
determinando la distorsión del diseño original.
Así, la distorsión del diseño original podía explicarse a
tres niveles:
- el de incidencia
del sistema político-partidario en el sistema
descentralizado
- el de las
dinámicas internas del propio sistema
- el de la influencia de
la cultura política y las prácticas políticas
1. Las
características del sistema político que
incidieron en el sistema descentralizado se pueden resumir
en las siguientes.
1.1. En
referencia a la relación entre sistema partidario y Estado
podemos decir, que en el caso uruguayo, se da:
- una matriz
"Estado-céntríca" del sistema político;
- un carácter
“partido-céntrico” del sistema político;
- y, derivada de las dos
anteriores: el carácter partidocrático del Estado
uruguayo.
1.2. En referencia a las relaciones centro-periferia del
sistema político podemos mencionar: el centralismo del sistema político (tanto del Estado como del sistema
partidario)[2]
1.3. La
larga tradición estatal uruguaya con un patrón de
Estado Benefactor, organizado sectorialmente y con una
relación paternalista con la sociedad.
1.4. Características
del sistema de partido que se transforma de
bipartidista a pluralista moderado y que se
refleja en las
relaciones interpartidarias. La aceptación por
parte del sistema de partidos de la izquierda en una
instancia gubernamental que, además, tenía como central un
proyecto que implicaba transformaciones profundas en la
relación Estado/Sociedad como el que estudiamos[3].
1.5.
Las características del partido de gobierno municipal de
Montevideo, que es una coalición de izquierda que
incorpora sectores políticos con diversas visiones sobre
los mecanismos y las instancias democráticas y concepciones de
la relación Estado/Sociedad. Estas relaciones
intrapartidarias marcaron,
a lo largo de todo el proceso, el diseño del sistema
descentralizado[4].
2. Entre las dinámicas internas del sistema
descentralizado de la Intendencia Municipal de
Montevideo que parecen haber incidido en su funcionamiento
podemos mencionar:
- la articulación entre la
lógica
vertical-sectorial y la lógica horizontal-territorial
en la organización del aparato institucional para el
diseño e implementación de políticas publicas, así como
para la prestación de servicios.
- la relación entre la lógica burocrática y
la lógica política dentro del actor
político-administrativo municipal[5].
- la relación entre la lógica militante y
la lógica ciudadana[6]que
afecta
al actor político-administrativo como a los
socio-territoriales. Lo que requirió y requiere una
resocialización de los participantes de base pero también
de los tomadores de decisiones[7].
- la articulación de las lógicas de los
actores político-administrativos y las de los
socio-territoriales[8].
-la relación
entre la lógica de gobierno y la lógica de oposición
dentro del actor político-gubernamental de influencia
central en los primeros años de gestión de la
administración de izquierda[9]
3. La cultura política de los actores
implicados en el sistema descentralizado -que fueron
tomados como paramétricos en nuestra investigación-
serían:
- la cultura centralista
de la sociedad, el Estado y los partidos
- el carácter "Estado
orientado" o "Estado-céntrico" de la sociedad uruguaya o,
dicho de otra manera, la cultura estatalista
de la sociedad uruguaya.
- la cultura
reivindicacionista o clientelista de los
actores socio-territoriales con lo que esto implica para
la integración a proyectos de cogestión o diversos
mecanismos participativos[10].
- la cultura política
partidocéntrica,
estatalista y sectorial de la izquierda uruguaya,
sobre todo de los sectores moderados.
- la reciente incorporación del
discurso “movimientista” en la izquierda
uruguaya[11],
sobre todo sectores radicales que determinó las primeras
discusiones sobre el diseño del sistema descentralizado y
sigue vigente en la actualidad.
- la cultura
testimonialista y reivindicacionista de la izquierda
uruguaya sin ninguna experiencia de
gobierno, por lo menos al principio.
- vinculado al punto
anterior, discurso
desvalorizador de la democracia representativa
por parte de los sectores más radicales de la izquierda
uruguaya[12].
En el proceso investigativo hemos ido dando distinto peso
a este conjunto de factores explicativos concluyendo que
los fundamentales son los referidos a la incidencia del
sistema político partidario nacional en los primeros años
del gobierno de izquierda (1.4), las características de la
coalición gobernante (1.5) y el peso de la cultura
política partidocéntrica tanto de las élites como de las
bases de nuestra sociedad y del sistema político.
2. Fortalezas del proceso.
Por otro lado, podemos decir que pese a las debilidades
reseñadas del sistema descentralizado y los parámetros que
han influido en el diseño institucional podemos ver una
serie de fortalezas
características del caso de la descentralización de la
Intendencia Municipal de Montevideo.
Antes que nada debemos recordar que la “descentralización
participativa” de Montevideo no es la descentralización de
una política municipal o una forma de participación en una
política específica[13]. Es más bien la
descentralización del aparato institucional de gobierno
municipal a través del cual se descentraliza o
desconcentra diversas políticas[14]
ensayando formas de participación en el diseño e
implementación de ellas y
en el propio proceso de diseño institucional.
En primer lugar,
hemos reseñado el “aprendizaje
pluralista” que realizó la izquierda en el gobierno
municipal evolucionando de una posición voluntarista e
idealizadora de los movimientos sociales a una posición
negociadora con las otras fuerzas políticas mientras se
iba tejiendo la relación con la sociedad a nivel de las
distintas Zonas.
En segundo
término, la participación
de los actores implicados -con distintos pesos relativos- en el propio proceso
de diseño ha ocasionado las múltiples
transformaciones en el
sistema descentralizado. Esta es una característica
del caso estudiado y, más allá dar la idea de falta de
consolidación institucional, podría constituirse en una de sus
fortalezas ya que responde
a las características y prácticas de los distintos
actores implicados, no es una receta o una reforma “desde
arriba”. Sin embargo, para cambiar esa realidad
paulatinamente es necesario capitalizar lo realizado hasta
ahora y reconvertir el sistema sin abandonar la
implicación de todos los actores en ese proceso. Se trata
de una transformación socio-política y cultural de
envergadura que implica crear “círculos virtusos” entre
Estado y sociedad que supone la transformación de ambos.
Otra de las fortalezas que fue adquiriendo el sistema
descentralizado es la creación de una
“cultura de gobierno” , con todo lo que implica, en
sus cuadros gerenciales que se ha deslindado tempranamente
de la estructura política de la coalición. Como hemos
visto, si bien esto es un factor que contribuye a
consolidar una gestión municipal moderna podemos observar
que más allá de la cultura innovadora arraigada en los
tomadores de decisiones o cuadros dirigenciales de la IMM
una serie de elementos que tienen que ver con la cultura
política y las prácticas estatales características de
Uruguay. A lo interno del aparato del gobierno, una mezcla
de lógicas gubernamentales y de lógicas ideológicas
partidarias que siguen cruzando la estructura de la IMM,
estas últimas atenuadas con respecto a la etapa
fundacional del sistema[15]. Sin
embargo, debemos considerar que este es un proceso no
culminado y que el peso de las lógicas
político-partidarias hay que entenderlas en el marco de un
sistema político partido-céntrico -al que la izquierda no
es ajeno- y en el de una izquierda altamente ideologizada
como la uruguaya, donde la vinculación orgánica a cada
partido puede ya no existir pero permanece la matriz
ideológica y las redes de vínculos. Además es una
tendencia general que se presenta en las agencias
estatales uruguayas -en manos de otros partidos- donde
existe una “cultura de gobierno” que, en Uruguay, pasa por
los partidos.
Se ha avanzado en
el reconocimiento
de las Zonas por parte de la sociedad local, sobre
todo en las zonas con alto NBI y mayor cantidad de
población con bajos ingresos. Dentro de la participación
limitada (con respecto al total de la población) que estas
experiencias participativas tienden a presentar, se ha
dado un crecimiento en la participación en la elección de
los Concejos Vecinales incorporando ciudadanos de los
partidos tradicionales y a sectores de mayor nivel de
ingresos. Este
proceso de expansión debería incrementarse
independientemente de la participación efectiva en la
gestión porque, en sí, representa una legitimidad
fundamental para los consejeros vecinales que podría
equilibrar el peso relativo de los “tres polos” del
sistema zonal y comenzar un proceso de despartidización al
pluralizarse. Irían primando cada vez más la
representación de intereses, en función de las necesidades
y la capacidad de iniciativa, y diluyéndose la político-partidaria[16].
Más allá de fortalecer el vínculo con la sociedad local,
se debería incrementar el peso del polo institucional
dotándolo de recursos de diversa índole (de capacitación,
por ejemplo) para incrementar su eficiencia. Esto
facilitaría el difícil
equilibrio entre consolidación institucional e
innovación institucional fortaleciendo a los dos polos que
se presentan más débiles.
3. Posibles escenarios
Por último se
debería discutir la posibilidad que da la nueva
Constitución Nacional de constituir “autoridades
locales” que pueden ser unipersonales e, incluso,
pueden llegar a ser electivas si se reforma la Ley
Orgánica Municipal. El segundo aspecto depende de la
voluntad del sistema político pero el reemplazar las
Juntas Locales por un cargo unipersonal depende del
gobierno municipal de Montevideo. Un “alcalde local”
presentaría algunas ventajas como el convertirse en el
centro de responsabilidad gubernamental visible ante la
sociedad local y de enlace con la IMM pero presentaría el
problema de la redefinición de funciones del secretario de
la Junta Local y la creación de una instancia de consulta
político-partidario. Por
otro lado, el carácter electivo de este “alcalde
local” puede presentar desafíos muy grandes para el
sistema con el riesgo de fragmentar la idea global de
ciudad y de cohabitación política con partidos distintos
al que gobierna la IMM.
4.
Conclusiones de utilidad para otras experiencias
Pero, más allá de sus especificidades, a partir de la
experiencia de la descentralización en el Gobierno
Municipal de Montevideo podemos esbozar algunas conclusiones
tentativas de utilidad para otras experiencias de
este tipo en nuestro continente.
Por un lado, podemos decir que los procesos de
reforma institucional que priorizan la participación
como representación de intereses a través de actores
sociales, en sistemas políticos partidocéntricos,
encuentran grandes dificultades y tienen muchas
limitaciones para crear redes de enraizamiento social
suficientemente fuertes como para aumentar la
gobernabilidad local.
[1] Preferimos hablar
de “parámetros” y no de “obstáculos” porque, mientras
el primer término pretende dar cuenta de fenómenos a
considerar a la hora del análisis o la intervención
sobre la realidad, el segundo parte de una concepción
voluntarista que ve a la realidad como oponiéndose a
la acción política o al encuadre analítico.
[2] Como una de sus manifestaciones, podemos observar el carácter nacional del sistema de partidos o la ausencia total de partidos locales o regionales.
[3]
Hemos visto las
dificultades de esta relación en el análisis
diacrónico que sintetizamos en este artículo cuando
hablamos de “cohabitación” (bloqueo de los Partidos
Tradicionales a las políticas municipales y
voluntarismo de la izquierda) para definir el período
inicial de este proceso que fue absolutamente
determinante del diseño original.
[4] La diferencia
inicial entre distintos sectores de la coalición
gobernante ha marcado el proceso de diseño e
implementación pero, en la última etapa, se ha
combinado con otras lógicas generadas en el propio
proceso. Estas últimas lógicas tienen que ver con las
dinámicas (y los problemas) propios del ejercicio de
gobierno desde una instancia municipal y con la
intención innovadora de la gestión de izquierda.
[5] Ver Veneziano, A.(1999a). Esto
ha traído problemas en la adaptación y reciclaje del
funcionariado pero también de los tomadores de
decisiones que no tenían experiencia en la gerencia
pública.
[6] Aunque
estas lógicas gubernamentales se presentan
segmentadas por lógicas internas (por Departamentos,
Divisiones, Comisiones, etc.) siguen existiendo
problemas de implementación del sistema
descentralizado que corresponden a lógicas
múltiples, atenuando las lógicas más ideológizadas o
político-partidarias de los primeros años de
gestión.
[7] Las lógicas de los
actores político-administrativos y la de los
socio-territoriales las analizamos con más
detenimiento en el item (3) de cultura política en
este artículo.
[8]
Veneziano, Alicia. Ob.cit.
[9] Las distintas
concepciones de la descentralización y de la
implementación de las políticas municipales no sólo se
vieron reflejadas en las relaciones entre los jerarcas
municipales, sino en la Junta Departamental y en la
conflictiva relación con el sindicato de trabajadores
municipales en manos de algunos grupos de izquierda
radical.
[10] Vimos que
los actores socio-territoriales no tenían tradición de
acción territorial o se vinculaban por medio de
mecanismos clientelísticos con el gobierno municipal
(Ver González, Mariana: ¿SENCILLAMENTE VECINOS?: LAS
COMISIONES VECINALES DE MONTEVIDEO: IMPACTOS DEL
GOBIERNO MUNICIPAL SOBRE LAS FORMAS TRADICIONALES DE
ASOCIACIÓN, Tesis
de Doctorados IUPERJ, 1995. Hoy estas redes se han
desmantelado pero sigue existiendo una actitud
reivindicacionista, o adscripta a una lógica
político-partidaria, o personalista. Esta última da
lugar, entre otros factores, a la centralidad de la
figura del secretario de la Junta Local, que se
presenta como necesaria para implementar el cambio a
un sistema menos personalizado en etapas posteriores.
[11]
Discurso
que, incluso, podemos decir que aparece como
“importado” en una izquierda con una larga tradición
e importante incidencia en organizaciones sociales
tradicionales y sectoriales (sindicatos y
cooperativas) pero con ninguna práctica a nivel
territorial.
[12] Este discurso se
encuadraría en el enforque movimientista o basista que
mencionamos al principio, en el análisis sobre la
evolución de las ciencias sociales aplicadas a lo
urbano.
[13] Como es el caso
del presupuesto participativo en Porto Alegre por
ejemplo.
[14] Presupuesto, plan
de ordenamiento territorial, plan estratégico de
Montevideo, políticas sociales de diversa índole,
servicios, etc.
[15]
Aunque estas lógicas gubernamentales
se presentan segmentadas por lógicas internas (por
Departamentos, Divisiones, Comisiones, etc.) siguen
existiendo problemas de implementación del sistema
descentralizados que corresponden a lógicas
múltiples ya que las lógicas más ideológizadas o
político-partidarias se han atenuado en términos
relativos.
[16]
Si esto se logra aún queda planteada la
necesidad de fortalecer la participación en la
gestión no sólo de sectores organizados de la
sociedad sino de sectores no organizados pero que
gozan de una representatividad social importante al
representar nodos de redes que se tejen en la sociedad
local. Esto implicaría una intervención en redes que
supone un adiestramiento especial para el personal
técnico del área social.
INDICE
El sistema descentralizado: democracia, legitimidad y actores
Algunas conclusiones primarias sobre la creciente y relativa participación electoral
Conclusiones tentativas: La influencia del sistema político
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