Ven oh Espíritu Santo
y envía una chispa de tu fuego
Ven Padre de los pobres...


 
 
 

 

Un momento muy común es esa amplia gama de personas que hemos colocado bajo el término "pobre", es el de sentirse solos.

"Estoy abandonado y solo como un perro". Ese "estar solo", se siente reforzado por el hecho de experimentarse "impotente"
. La persona se ve perdida y aislada.

"No puedo hacer nada, no estoy preparado y tampoco consigo trabajo, 
no tengo dinero para el transporte".

Estos son sentimientos depresivos y angustiantes.

   

 

 

Tremendamente sola estaba aquella mujer casada y sorprendida con otro hombre. La arrastraron al descampado para apedrearla hasta la muerte.
 Aquella gente creía que ése era un mandato de su  religión y lo cumplían con mucho gusto.
Pero en ese lugar casualmente estaba el profeta y entonces los rígidos cumplidores de la ley vieron la ocasión para completar su escenario. Le presentaron a a la mujer y le preguntaron :"Nuestra religión nos manda apedrearla, tú ¿qué dices?".

 

La soledad de la mujer era total. Nadie estaba con ella, ni su familia, ni sus amigas y tampoco Dios. Abandonada cien por cien
El profeta no discute con aquella gente sedienta de sangre. Simplemente les dice que tire la primera piedra aquél que no tenga pecado.
El público que formaba una especie de comunidad justiciera se disgrega de uno en uno. Los unidos por el sospechoso sentimiento de matar para cumplir la ley se dispersan y vuelven a sentirse solos, con el recuerdo de aquello que los hace pecadores y por lo tanto ineptos para tirar la primera piedra.

 

Por el contrario, la mujer adúltera ya  no está sola.
Sus enemigos huyeron derrotados y el profeta le dice que no se sienta ni condenada
ni separada de los demás.
Experimenta su dignidad de hija del Espíritu.
Se siente vivir y de nuevo se dibuja la alegría en su mundo interior.
Con esa vivencia se le ocurren formas
 de reconstruir su vida.
Ven oh Espíritu Santo.